Solté una bocanada de aire que no sabía que estaba conteniendo, mis nervios estaban de punta.
Me quedé estética en mi lugar cuando un hombre de no más de unos veinte años se posó en el umbral de la puerta, ni si quiera se inmuto al verme sólo siguió hasta el lugar en el escritorio.
Me atrevía a detallarlo, toda su aura tenía estampada “Te largas o te abstienes”
Llevaba puesto un traje hecho a medida, que se ajustaba a su cuerpo a la perfección, parecía ser un hombre de negocios, un líder.
Se sentó en su silla cruzando sus brazos en el escritorio, me sentí como un pequeño niño en la sala de algún director de alguna primaria.
Elevó una de sus pobladas cejas con tedio.
Esperaba que hablara.
— ¿Quién eres tú? —Pregunté frotando mis brazos para calmar el frío en ellos.
—Me llamó Dael—Dijo sin inmutarse, parecía relajado.
Rodé mis ojos eso no me importaba sólo quería saber quién era en algún ámbito, ¿algún político, militar, o sólo una persona con mucho dinero, que me rapto para sacar mi órganos y venderlos?
Su rostro se volvió aún más serio.
—Debo irme—Informé.
—No—Dijo con simpleza.
— ¿Qué?
—Es simple Venus—Me exalté al escuchar mi nombre, ¿cómo lo sabía? —Aquí es dónde perteneces, y no puedes irte.
—Debo irme con mi familia…—Fui interrumpida.
— ¿La familia que te abandonó e intentó asesinarte? —Dijo elevando de nuevo una de sus cejas.
¿Cómo este tipo, sabía estas cosas sobre mí? Otra vez volvieron las dudas a mí cabeza y mis suposiciones.
— ¿Cómo sabes tantas cosas sobre mí? —Indague desconfiada.
— ¿Por qué no debería saberlo?
—No estoy para rodeos—Dije ya más confundida y molesta—¿Qué es todo este lugar?
Su respuesta sólo pudo confundirme aún más.
—Tu hogar.
Sólo pude bufar—Estas loco—Dije mi nerviosismo aumento aún más cada minuto— ¿Qué es esto alguna clase de red de prostitución o alguna clase de secta?
En su rostro vi un fugaz gesto de confusión que me pareció haberlo imaginado.
Se irguió de su asiento y realmente era muy alto.
—No puedes irte, eso es todo—Dijo con firmeza.
Se acercó lentamente a mi dirección y yo sólo pude retroceder unos cuanto pasos, de esta forma pude ver la oscuridad en sus ojos que me resultaron familiares, su andar tan enigmático como si pensara cada movimiento, y el cabello oscuro que caía un poco más arriba de sus hombros dándole un aspecto salvaje, se posó cerca del escritorio apoyándose en él.
Algo en el me resultaba familiar ¿Pero qué?
—Estás mal de la cabeza si crees que me quedaré aquí.
Suspiró con cansancio y me observó, como escrutándome, de pronto recordé la poca vestimenta que apenas arropaba la mitad de mis muslos.
Sus ojos me recorrieron con algo que no podría descifrar.
—Debes obedecer a tu Alfa—Exclamó, como si eso explicara todo.
¿Alfa? Otra vez esa palabra. ¿Serían alguna clase de pandilla?
—Lo que debo hacer es salir de este lugar—Dije dándome media vuelta para echar a correr.
—No hay forma de que escapes—Dijo lentamente, me giré sólo un poco, para notarlo aún apoyado en el escritorio con las piernas cruzadas—Te dispararían al cráneo si tan sólo lo intentas.
Eso me dejó fría e inmóvil.
—Sólo obedece—Terminó.
Me giré por completo para enfrentarlo.
—No obedeceré ni unas de tus ordenes—Dije altiva—Me iré.
Dije para darme la vuelta.
Justo cuando mi mano tocó la perilla una mano fuerte me sostuvo mi antebrazo, para girarme con un solo movimiento.
—No vuelvas a retarme—Dijo este Hombre llamado Dael, colérico, sus ojos negros me observaban iracundos.
Iba a lanzarle una de mis blasfemias a su cara cuando una tercera voz me interrumpió.
—Dael, hijo—Llamó desde afuera.
Este sólo suspiró en fastidio y me movió de su camino con un movimiento de su mano.
Y Abrió la puerta con fuerza.
Un grito fue ahogado cuando noté a una señora muy elegante en el umbral con las manos en su boca, me observaban de pies a cabeza como si yo contuviera alguna clase de enfermedad contagiosa.
— ¿Es ella? —Preguntó a Dael.
Este sólo permaneció en silencio.
No entendía lo que estaba sucediendo.
Intento dar un paso dentro de la habitación, pero este se lo impidió.
—Luego, Madre—Dijo ¿Era su madre?
—No empieces con tu instintito territorial, soy tu madre y me debes respeto—Dijo estaba regañando a su hijo, este sólo la observó con fastidio total en su rostro.
Otra chica que reconocí como la chica que intentó inyectarme con algo apareció de nuevo, era algo parecida a la señora ¿eran una familia?
—Dael, debe descansar—Dijo refiriéndose a mí, sólo pude quedarme parada donde estaba observando todo—Estar ahora con ella, sólo te causará más estrés.
Este pareció aún más tenso y molesto pero ¿Por qué?
—No pueden pasar sobre mi autoridad—Pareció reprenderlas— Y es mi Luna—Sentenció dirigiéndoles una mirada severa a cada una.
¿Qué carajos estaban hablando estás personas, a caso hablaban en clave?
—Eso lo sabemos, y no pretendemos sobre pasar tu autoridad—Explicó la chica con un tono más serio—Pero es su salud lo que me preocupa.
¿Mi salud?
Miré a Dael y pareció dudar sólo un momento, pero pareció ceder pues se apartó para darle paso a la chica.
—Ven, Venus—Ofreció con una sonrisa afable.
Dudé aún más y di un paso atrás
Y Dael sólo bufó—Es inútil.
La chica le dirigió una mirada de advertencia.
—No pienso hacerte daño, sólo debo curar tu heridas—Explicó—Soy enfermera—dijo.
Miré a las tres personas frente a mí, me molestaba inmensamente no entender lo que estaba sucediendo, pero de las tres personas la más gentil parecía ser esta chica, quizás podría lograr que me explicara algo de lo que estaba sucediendo, y no parecía querer asesinarme.
O al menos eso creía.
Era mala para describir personas, pero quizás sólo quizás no me estaba equivocando.
Y realmente mi cuerpo dolía como mil infiernos y vi las cortadas en mis brazos y piernas que aún necesitaban atención.
Me acerqué a la chica sin tomar su mano y me guió entre pasillo nuevamente.