No la tocó mientras subían en el ascensor hasta la suite y, por un momento, Esther temió que su pasión se enfriase. Pero una vez que las puertas se cerraron tras ellos descubrió que apenas podía respirar y cuando volvieron a abrirse dejó escapar un suspiro de alivio que Renzo debió de notar. No la tocó mientras se dirigían a la puerta de la suite, ni mientras la abría con una tarjeta magnética, pero, cuando le puso la palma de la mano en la espalda para empujarla suavemente hacia el interior, el contacto la quemó a través del vestido. Y, cuando la puerta se cerró tras ellos, fue Esther quien se acercó. Fue ella quien lo besó, porque no quería cambiar de opinión. No quería perder la locura que se había apoderado de ella y lo besó con desesperación. Pero, cuando le

