NARRA LEYLA HAWTHORNE Faltaban cuatro meses para que los tres años que debía pasar en prisión se cumpliesen y, hasta entonces, Braden no se apareció, ni intentó comunicarse de alguna forma conmigo. Eso me tenía bastante confundida, ya que no entendía por qué había querido permanecer casado conmigo, si no tenía ninguna intención de venir para que pudiéramos hablar. Era como si estuviera haciendo de cuenta que yo no existía o que sí se había divorciado de mí. En fin, decidí tratar de ignorar lo que pasaba con Braden y las enormes ganas que tenía de verlo, manteniendo mi mente ocupada y enfocada en otros asuntos. La prisión ofrecía varios programas de rehabilitación, reeducación y reinserción en la sociedad para las reclusas. Me había inscrito en varios. Algunos ya los había culminado, como

