NARRA LEYLA HAWTHORNE —Un poco más inclinado —indicó con voz calma, en tanto me miraba a través del reflejo del espejo que había frente a ambos—. Y no ejerzas presión... deja que se deslice contra la piel. —¿No te da miedo que te corte el cuello? —¿Lo harías? —Su ceja se alzó y me detuve, por miedo a hacerlo mal y terminar cortando su piel. —No por que quiera —repliqué. —Bueno, yo confío en ti —sonrió. Tomé aire y alejé mi mirada del espejo, para regresar a su mentón. Volví a posar la filosa navaja sobre sobre su piel y la deslicé hacia arriba, tal y como él me lo había enseñado. El filo de la cuchilla raspó la espuma y el espeso y grueso vello, pero no arrancó piel. Suspiré aliviada. —¿No sería más fácil con una rasuradora eléctrica? —cuestioné, volviendo a bajar la filosa navaja,

