NARRA BRADEN HAWTHORNE Decenas de cabezas se giraron en mi dirección cuando entré a las instalaciones del Parlamento escocés. Mantuve mi frente en alto y me mostré sereno, a pesar de que por dentro me sentía furioso por el hecho de que a toda esta gente les interesase mi vida privada, cuando a mí nunca me había importado un carajo lo que ellos hacían afuera de ese edificio. Aunque trataban de disimular, me siguieron con sus miradas en cada paso que di y estuve muy seguro de que cuando desaparecí de su campo de visión, cuchichearon los nuevos chismes que rondaban mi apellido. Como una bomba atómica, mi fracaso matrimonial estalló en la sociedad y, en poco tiempo, todos en el ámbito en el que yo me manejaba sabían cada uno de los pormenores de mis problemas privados y maritales. Tal parec

