NARRA BRADEN HAWTHORNE —Ante Dios, ante esta sala y estos testigos, juro decir todo lo que sé, con veracidad... —Con mi mano puesta sobre una enorme biblia negra con letras doradas, realizaba mi juramento. Cuando terminé de hacerlo, el juez me pidió que tomara asiento y así lo hice. Me sentí pequeño en aquella silla. Tenía una enorme opresión sobre mi espalda, como si todo el peso del mundo me hubiera caído encima. Mi corazón estaba desacelerado y por un momento dejé de ser un hombre hecho y derecho de más de cuarenta y pasé a ser un niño perdido. —¿Señor Hawthorne, cuando y dónde conoció a la señora Leyla Hawthorne? —preguntó el juez directamente. —La conocí en el orfanato Foundling —respondí, viendo a nadie en particular. De hecho, rehuía mi mirada de todos y prefería ver hacia la p

