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1831 Palabras

Nuestras miradas se encontraron, su mueca cambio pero no borro su sonrisa. Vi cuando apretó sus manos y supe que nada estaría bien. —¿Estas bien? —pregunta Pax sacándome de mis pensamientos. Asiento con la sonrisa más falsa que pude interpretar. Nada estaba bien, nada estaría bien nunca. —¡Oh, discúlpenme! —miro la copa rota en el suelo— Soy una tonta, no sé como pudo caérse esta copa, muero de la vergüenza —me bajo a recoger los pedazos de vidrios. —No, amor, de eso se encarga la servidumbre, te puedes cortar. —Pax me toma de la mano. Siento la mirada de Peter sobre mi. Pax, me toma de la cintura. —No te preocupes, ya mando a que lo limpien. —asiento apenada con la mujer. Que vergüenza, no puedo aguantar mi dolor. Siento que me ahogo, el aire se vuelve pesado. —Papá, ella es Gaia

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