Voy caminando hasta la salida envuelta en mis pensamientos. Ya no puedo, ni quiero pensar en lo que tiene planeado ese loco. Me propuse siempre tener en mis pensamientos a Pax. Que sea a él a quién me entregue cada noche. Se que no es sano, pero de solo imaginar que es Peter quien me va a tocar me provoca asco de mi misma. Es una sensación que no puedo controlar. Me odio al recordar todas las veces que me he acostado con ese hombre. Él no tiene idea de cuanto lo odio. —¡Disculpa! —La voz de Richard me devuelve al momento que estoy viviendo. —Ri… Richard —lo miro intranquila. —¿Estas bien, Gaia? —niego bajando la mirada. —Para nada, ese hombre… —Shh, no lo menciones, sé de que es capaz Peter. —me regala un cálido abrazo. —No quiero seguir, debe haber una manera. —me sonríe triste.

