Pov Peter Thatcher Escucho que termina la llamada. —Maldición— digo tirando todo lo que esta en la mesa del comedor de la casa que compartimos. Llegue a buscarla pero no estaba, no puedo creer que me dejo plantado. Busco un vaso de coñac, necesito algo fuerte para bajar el trago amargo que me esta haciendo vivir. La Sirena se ha convertido en todo para mi en todo lo que necesito en mi vida. Me he enamorado de ella como un chico de su edad. Es que es tan caliente, tan divina. De solo pensarla me pongo duro. He tratado de encontrarle sustituta, pero no encuentro ninguna como ella. Su boca en mi polla se ve tan hermosa. El teléfono suena —¿Qué? —Señor, la señora pregunta por usted. —escucho a la enfermera de mi esposa. —Dile que voy de camino —termino la llamada. Me tocara llegar a

