Al día siguiente: Reino de Lunaria – Mansión de los Lumithar Ajeno a las atrocidades que habían sucedido en lo más recóndito de la Casa Lumithar la noche anterior, en esa mañana, Gideón despertó con los primeros rayos del sol acariciando su rostro a través de las cortinas de algodón entreabierta. El aire fresco de la mañana, impregnado con el aroma de las flores de esa pradera, llenaba sus pulmones. El clima en ese reino era simplemente perfecto, pensaba Gideón, sus ojos brillando con deseo al imaginar la conquista de Lunaria una vez que solucionara sus problemas más urgentes: el inminente encuentro con los reinos de Avalonia y Arkenia. Y como siempre ocurría al pensar en esos reinos, la imagen de su hermana Atalia se formaba nítida en su mente. Su pecho se agitaba ligeramente con una me

