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1747 Palabras

Calvin me metió hacia las duchas del gimnasio, y cuando por fin me soltó comencé a darle golpes juguetones sin dejar de reír. — ¡Eres un imbécil! —Grité— ¿me andas siguiendo o qué? Joder, no debía sentirme tan feliz, pero lo estaba. —Teníamos reunión del equipo y casualmente te vi. No podía parar de reírme, verlo me alegró por completo, lucía una ropa casual y se reía de la misma manera que yo mientras comenzaba a lanzarme las toallas de los estantes, sus hoyuelos ahuecándose en sus mejillas y su mirada divertida me hizo volver en el tiempo a donde solo éramos unas almas infantiles expuestos a los sentimientos del momento. Comencé a lanzarle también las toallas, luego los potes de crema, champú, Calvin agarró un envase de talco corporal y me apuntó. — ¡No te atrevas! —grité justo cua

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