Mis ojos al parecer siempre me traicionaban, era un libro abierto ante mis pensamientos solo cuando él me veía, lo deseaba, no podía aclarar mis ideas ni tener pensamientos coherentes cuando estaba así de cerca. —Eso es mentira —susurré en un hilo de voz. Calvin chocó sus labios contra los míos y ahogué un gemido de la impresión, cerré los ojos y mi cuerpo reaccionó de tal manera que me levanté y me dejé guiar por él cuando me alzó de las caderas y me sentó sobre el escritorio, envolví mis piernas al alrededor de sus caderas mientras sus manos me comenzaban a subir la falda. Pasó sus manos por encima de mis bragas haciéndome ahogar un grito de la impresión. —Dime que dejarás a Denver —susurró—, solo dímelo... eres mía. ¿Denver? ¿Quién es Denver? Denver, novio... maldición. Tomé a Ca

