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2425 Palabras

Me hallaba tendida en la mesa donde esa mañana había servido el desayuno Gaël. Me penetraba con calma. Decía que quería sentirme, que quería ir despacio. Sin embargo, yo me retorcía y luchaba porque fuera más rápido, más deprisa, le necesitaba y no tenia, ni quería tener la paciencia para ir al ritmo que él establecía. -Despacio, así... ¡No, petit! -se quejó Gaël. -¡No puedo más! -no podía más, era cierto. Gaël sonrió. Una de esas sonrisas arrebatadoras que me dejaban sin aliento. -Lo estás haciendo aposta -le reclamé yo. Él se inclinó hacia mi, apoyando su cuerpo contra el mio. -Quiero sentirte. Ya te lo he dicho antes -se defendió. Su m*****o seguía entrando en mi, enloqueciendome más de lo que ya estaba. Lo que era muchísimo. Arremetí con la cadera y me la paralizó mientras su m

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