Me hallaba tendida en la mesa donde esa mañana había servido el desayuno Gaël. Me penetraba con calma. Decía que quería sentirme, que quería ir despacio. Sin embargo, yo me retorcía y luchaba porque fuera más rápido, más deprisa, le necesitaba y no tenia, ni quería tener la paciencia para ir al ritmo que él establecía. -Despacio, así... ¡No, petit! -se quejó Gaël. -¡No puedo más! -no podía más, era cierto. Gaël sonrió. Una de esas sonrisas arrebatadoras que me dejaban sin aliento. -Lo estás haciendo aposta -le reclamé yo. Él se inclinó hacia mi, apoyando su cuerpo contra el mio. -Quiero sentirte. Ya te lo he dicho antes -se defendió. Su m*****o seguía entrando en mi, enloqueciendome más de lo que ya estaba. Lo que era muchísimo. Arremetí con la cadera y me la paralizó mientras su m

