-¿Y cómo te encuentras? -me preguntó Gaël ya en nuestra cama. Yo lo miré adormilada y apoyada sobre su pecho. Lo habíamos hecho en el coche y también en la cama. Me sentía agotada y contenta. Contenta porque lo habíamos practicado en un sitio nuevo y morboso. Al final Gaël había hecho cambiar mis pensamientos respecto a hacerlo de aquella manera tan ruda. Todo dependía de con quien lo hicieras no del sitio. Había resultado ser fascinante y con un alto nivel de peligro. Ya que podíamos estar al acecho de ojos fisgones. Viendo como Gaël y yo nos entregábamos el uno al otro. -Agotada -le respondí en un susurro. Había sido un día de los más largo y excitante a la vez. -Entiendo. ¿Quieres dormir? -Sí, pero no dejo de darle vueltas a como voy a hacer mañana en el trabajo. Digo, ¿con que car

