Había salido escopetada de casa de Gaël, al enterarme de que tenia un hijo, y que posiblemente estaba casado. Llegué a mi piso con lágrimas en los ojos, y todavía sin comprender porque me había marchado de allí de aquella manera. ¿Tal vez fuera por rabia o coraje porque no me hubiera contado la verdad desde un principio? ¿O por qué tuviera un hijo de otra sin saber siquiera si seguía con ella? Tal vez fuera por ambas cosas. El piso estaba vacío, era uno de esos días en los que Rocky se había escapado como hacia a menudo y no volvía hasta que le parecía. Decidí entonces darme una ducha, mi cuerpo olía a sexo, -un sexo delicioso el que había tenido antes de venir- y a su perfume incrustado en mi piel y en mi ropa. Un olor embriagante. Me metí bajo el chorro de agua caliente y me sostuve

