-Dios, Gaël. ¿Me quieres matar? -Muerta por orgasmo, mmm... Es una muerte dulce -murmuró y me apartó los mechones de pelos sueltos de la cara. Se hallaba sobre mi y se le veía contento y satisfecho, tanto como yo también lo estaba. Pero quería que tratáramos algunas cosas que debíamos de aclarar. -Ahora pongámonos serios ¿vale? -le dije, al tiempo que le acariciaba la mejilla con los dedos. -Oh, no, Rebeca -se quejó. -Oh, sí, Bessette -hice que se incorporara en el sofá, y luego me senté ahorcajadas sobre él- ¿Esa es la razón por la que vuelas tanto a París? ¿Tu hijo? -No quiero que hablemos de esto ahora que estamos bien -echó la cabeza hacia atrás apoyándola sobre el respaldo del sofá. -Y yo no quiero que me excluyas y tampoco quiero dejar caso sin resolver, así que dime. -Sí - co

