La vida de Dante transcurre rápidamente, mientras queda estático observando a una mujer; nunca antes lo había hecho, a pesar de que ha compartido la cama con varias mujeres, ninguna de ellas había logrado llamar la atención de él.
—Señor Dante. —Él se da vuelta quedando frente a cinco hombres—. Stefano nos ha enviado, estamos a su servicio para lo que usted ordene —Dante los saluda con una venia.
Luego gira su cuerpo para ver nuevamente aquella mujer, pero desafortunadamente ella ya no se encuentra; él lleva su mirada de un lugar a otro tratando de buscarla, pero no la encuentra.
—Vengan conmigo mientras que como los pondré al tanto de lo que deseo —Dante continúa con su camino al restaurante.
Al llegar allí toma asiento y pide el plato más fino del lugar; mientras disfruta de la comida sufre en silencio el hecho de no poder darle sepultura a su padre; esta vez todo será diferente.
Dante a diferencia de su padre sabe que no puede dejar a nadie por fuera del juego, el hecho de ignorar que aún acabando con el hombre que acribilló a su papá, quedaría una mujer llena de odio y que hará hasta lo imposible por acabar con su vida.
Mientras tanto en Italia Lorenzo se encuentra desesperado y actuando con sevicia buscando a Dante por doquier; los fuertes enfrentamientos entre su gente y los hombres que ha contratado Stefano son continuos día tras día.
A pesar de que ha sido muy pocas las propiedades de sus padres que ha logrado recuperar, no va a descansar hasta recuperarlas todas.
Aquella guerra sin control es llevada muy cerca por Carolina y su equipo antidrogas, los operativos no cesan en Italia, pero lo poco que encuentra no le da las pruebas necesarias como para acusar a alguien de manera contundente.
Enzo siempre fue un hombre muy astuto; las propiedades y sus negocios turbios los sabía manejar a la perfección, así que por más que lo investigaran nunca iban a conseguir que lo pudieran acusar directamente.
Al salir Dante del restaurante se dirige al hotel acompañado por sus escoltas, camina lento y seguro llevando su mirada a su alrededor ocultada tras unos lentes oscuros, sintiendo fuertes ansias por regresar lo más antes posible a Italia y tomar las riendas de todos los negocios.
No sentía temor alguno ante nadie, lo único que quería era tener una vida tranquila, y para ello necesitaba descargar su arma en el corazón de el hombre que quería tomar el imperio de su padre.
Los días pasan, la frustración que siente Dante por no encontrar a aquella persona es bastante fuerte, no es un hombre que tiene paciencia, siempre ha estado acostumbrado a ordenar lo que desea, y por supuesto ser atendido de inmediato.
A pesar de que aquellos hombres son los mejores rastreando no han podido conseguir ni la más mínima pista, ellos le dan de excusa que muy seguramente aquella mujer nuevamente se había cambiado de ciudad, país al igual que de nombre.
Estando Dante bebiendo una copa con whisky dándose por vencido en que no podrá encontrar aquella persona, que lo mejor que puede hacer es ir a Italia y estallar aquella guerra y no detenerse hasta tener el cuerpo sin vida postrado ante sus pies de su enemigo.
Su teléfono móvil suena, lleva la mano hasta su bolsillo fijando la mirada en la pantalla, al ver que se trata de eso amigo de inmediato responde.
—Hola. —La ansiedad por dar con el paradero de aquella mujer es bastante, y sabe que él tiene demasiados contactos.
—Escúchame muy bien —habla apresurado mientras que en el fondo se escuchan varios disparos—. Me han informado del lugar exacto donde ella se está quedando, si quieres actuar debes hacerlo de una buena vez, ya que me dijeron que en ocasiones ella no pasa la noche allí.
—¿Qué sucede Stefano?, ¿Dónde te encuentras y por qué se escuchan tantos disparos? —pregunta Dante mientras se pone en pie.
—Son los hombres de Lorenzo, no ha sido nada fácil defender todas las propiedades que su padre había tomado de ellos, son bastantes hombres y estoy seguro que no se tendrán hasta recuperar todas las propiedades que un día fueron de la familia Tabares —habla agitado mientras se debate en aquella balacera.
—Soporta, confío en que harás lo necesario para que no perdamos esta guerra, envíame la dirección así más pronto podré regresar a Italia y hacerme cargo de aquel asunto. Envíame el avión al aeropuerto, estoy seguro que saldremos hoy mismo —Stefano termina la llamada y de inmediato le envía por mensaje la dirección del lugar exacto.
—¡Vamos, vamos...!, vayamos bien preparados porque no sabemos con que nos vamos a encontrar —ordenadamente bastante buscado y ansioso por dar con el paradero de aquella mujer.
El lugar queda un poco retirado del hotel, así que caminan rápidamente siendo prevenidos de no alertar a las autoridades, la frialdad que siente Dante es bastante y no duda en que pronto tendrá aquella mujer inclinada ante sus pies.
El lugar que indica la dirección que brindó Stefano es una torre de apartamentos bastante antigua, Dante maldice el hecho de sentir que está equivocado en cuanto al lugar.
Aún así decidí ingresar junto a los hombres que lo acompañan, las puertas se encuentran bastante deterioradas, deja bastante claro de que solo estaban jugando con Stefano; en la cabeza de Dante no podía caber la mínima idea que la hija de un mafioso pudiera llegar a vivir en un lugar así.
Mientras que él y sus hombres suben a través de las escaleras, Dante se encuentra con la misma mujer con la que tuvo aquel encuentro que llamó toda su atención con su belleza.
A pesar de que Dante no teme hablarle a una mujer tan solo se hace a un lado permitiéndole que ella baje; la conexión de sus miradas es bastante profunda; por más que quiso decirle una sola palabra no fue capaz de hacerlo.
Continúan subiendo hasta llegar al último piso, van directo a la habitación que Stefano le indico. Dante saca la pistola dando instrucciones a los hombres para que estén muy atentos.
Uno de los hombres levanta su pierna y golpea la puerta, la cual queda abierta completamente; con pistola en mano entran siendo sigilosos. Revisan muy detalladamente aquel pequeño apartamento y no encuentran a nadie.
Dante se siente estúpido al haber ingresado a este lugar, era ilógico que aquí pudiera estar ella. Recuesta su cuerpo sobre la pared mientras que los hombres que lo acompañan hacen pedazos el lugar buscando alguna pista.
—Señor, tiene que ver esto —le dice uno de los hombres.
—¿Qué sucede? —habla mostrando su cara de insatisfacción.
Dentro de un pequeño cofre había unas fotos, Dante queda perplejo con lo que está viendo.
—Ya, ya... afuera todos; la mujer que estamos buscando es aquella que nos cruzamos en la escalera —aseguró Dante mientras corrían nuevamente en dirección de la escalera.
Dante está completamente seguro que podrá llegar a Lorenzo a través de su hermana, y así podrá vengar todo lo que le han hecho pasar.
Ellos corren como unos desesperados, repartiéndose para poder rastrear mejor el perímetro, pero no logran dar con su paradero; Dante completamente furioso con pistola en mano no siente temor de ser visto por las autoridades.
Al cabo de unas cuantas horas en su búsqueda no logran encontrarla. Dante se regresa hasta aquel mugroso lugar donde ella se estaba quedando, estaba seguro que ahí iba a obtener una pista.
Habían posibilidades de que ella simplemente vendría a pasar la noche; al entrar nuevamente en aquel apartamento se dirigió directo hasta la habitación.
Se sienta en el borde y comienza a analizar todo minuciosamente, estiró su mano Y nuevamente tomó aquel álbum ya que quería mirarla fijamente a los ojos de cerca.
A pesar de que habían tantas fotos, ni siquiera había una sola dónde se encontrará la familia Tabares junto a ella; al buscar entre la mesa de noche encuentra una carta que le hicieron en su cumpleaños.
Lo primero que nota Dante es que aquella carta va dirigida a otro nombre diferente al que Stefano le brindó; no quedaba duda en que era ella, al revisar su ropero encuentra solo ropa de una mujer mayor.
Se pregunta ¿por qué una mujer tan hermosa viste de tal manera?; luego de unos cuantos minutos sus esbirros regresaron, obviamente sin el más mínimo rastro de aquella mujer.
—Lamentamos mucho que no hayamos podido encontrar a esa mujer, por lo visto es bastante astuta y estoy muy seguro de que siente que la estamos buscando —Dante niega con su cabeza al instante.
—No es así, nosotros hemos sido los estúpidos que no nos dimos cuenta a dónde se fue, quizá dimos tantas vueltas en el mismo lugar que simplemente pasamos por alto alguna pista. —Ellos aprietan la boca y guardan silencio, saben que Dante es más cruel que su padre y no acepta que le cuestionen sus órdenes.
Dante al llegar sale de la habitación y se dirige hasta la sala, allí se dio cuenta que se encontraba muy bien decorada con unos muy bellos cuadros, algo incoherente para un mugroso lugar como ese.
—¿Podemos hacer algo más señor? —Dante lleva su mano hasta la barbilla, entre cerrando sus ojos y analizando en torno.
—¿En todos lo que recorrieron de casualidad encontraron algún salón de arte? —ellos se miran, por qué no entiende a qué se refiere Dante—. ¿Si o no? —pregunta mientras los mira fijamente.
—Sí señor, yo sí, en el momento en el que venía de regreso hacia acá, me di cuenta que había un salón de artes a tan solo un par de puertas de la entrada principal de este edificio. —Dante los mira y sale apresuradamente.
Dante ingresa al salón junto con aquellos cinco hombres que hacen lo que él le ordena; allí todos quedan sorprendidos al ver la manera abrupta en la que ingresan.
—Tu, tu y tu vamos a rastrear; ay de ustedes dos donde la dejen salir —Dante mostrando su imponente y a simple vista demasiado peligroso comienza a revisar cubículo tras cubículo sin detenerse.
Las personas que se encuentran allí dentro tan solo observan temerosamente sin decir una sola palabra, el caos se apodera del lugar, al ver que todo se encuentran armados la encargada del salón se acerca Dante con los pelos de punta.
—En que le puedo ayudar, somos personas que no le hacemos ningún daño a nadie, por favor no nos vaya a lastimar —Dante se da vuelta fijando su mirada furiosa y penetrante en ella.
—¿Dónde está ella? —le pregunta mientras que levanta su mano enseñándole la fotografía de aquella mujer.
Aquella mujer respira rápidamente, duda por unos cuantos segundos en responder y luego levanta su mano izquierda señalando con su índice el último cubículo del rincón.
Dante indica a sus hombres que actúen lo más antes posible; los cuatro caen sobre aquel cubículo, ella queda bastante sorprendida al ver la manera en que ellos la observan; especialmente por sus armas.