Salgo de prisa hacia el camerino para asearme y salir hacia el hospital, no he deseado otra cosa más que ver a mi hija, es una desesperación por tenerla en mis brazos y perderme en su carita bonita, Esther me ha enviado fotos de ella, pero no, no es lo mismo, tan solo ayer la vi llegar al mundo y siento que sin ella mi vida no tiene rumbo. —¿A donde vas? Me pregunta el entrenador. —Voy al hospital, ya sabes, quiero ver a mi hija. —Que bendición Josafat, es increíble como cambia la vida, imagínate, hace más de un año estábamos iniciando campeonato y te lesionaste, ahora estás por casarte y tienes un hija, el sol brilla mejor después de una gran tormenta. —En eso tienes mucha tazón, pensé haberlo perdido todo y ahora tengo más de lo que puedo imaginar, mi vida no podría ser mejor, me al

