La ambulancia se estacionó en el hospital y bajaron a Esther y a la bebé con gran prisa, dejo el coche en algún estacionamiento al cual no le puse mucha atención y bajo corriendo para ver que es lo que está sucediendo con ambas, pero para mi maldita suerte el guarda no me deja entrar con ellas apesar que le estoy diciendo que mi hija y mi prometida están ahí adentro y me necesitan. —¡Josafat! Grita el enfermero. —Soy yo muchacho, le estoy diciendo la verdad. —No es mi problema, de aquí usted no entrar si no lo vienen a buscar. Estoy desesperado y angustiado, le hago señas a los paramedicos para que miren donde me encuentro y hagan algo al respecto. Ellos hablan con un doctor y este viene hacia mí. —¿Josafat? —Soy yo doctor. —Acompáñame. El guarda me hace malas caras, pero lo meno

