Capítulo trece

2337 Palabras
Le alcanzo una taza a Dylan mientras intentaba distraerlo con otros temas, ha sido una noche difícil para todos, en especial para él. Junto sus manos con las mías, acto ante el que obtengo sorpresa de su parte, bastan unos cuantos segundos para que lo sienta: era una forma de apoyarlo, no sabía cómo hacerlo sentir mejor, pero quería que supiera que no estaba solo. Finalmente, después de lo que parece una eternidad, Alex se hace presente obteniendo toda nuestra atención. Nuestro apretón de manos se vuelve más fuerte al percatarnos de su presencia.   - Su amigo ha tenido mucha suerte. Estará bien, probablemente se la pase durmiendo un buen rato, pero nada de cuidado - dice Alex ante lo cual quedamos mucho más calmados.   - Muchas gracias Alex - respondo mucho más aliviada con sus palabras. Dylan tomó dinero de la caja fuerte de Luke para pagarle, era triste, un chico con tanto dinero y oportunidades, con el mundo ante sus pies, como muchos dicen, pero se sentía tan miserable. Y es que no hay fortuna que alcance para comprar el pegamento necesario para pegar todas las piezas de tu alma quebrada.   Y es que nadie habla de lo complicado que es recoger pieza por pieza, en un desastre interno, batallar contra demonios internos que amenazan con acabar con nosotros sin que nadie más lo note. La adolescencia es una máscara que cubre todos aquellos problemas que podemos tener. Y no nos damos cuenta hasta que es muy tarde.   No es tarde para ti aún, Luke. No estás solo.   Dylan y yo nos turnamos para atenderlo, es triste que una casa tan grande y linda como la de Luke siempre esté vacía, sus tíos se la pasan viajando sin ponerse a pensar en las necesidades de su sobrino. Se está ahogando y todos lo miran en lugar de lanzarle un salvavidas.   - Anda a casa Rach - me pide Dylan mientras nos sentamos al lado de Luke, observándolo dormido - tu familia debe estar preocupada, viniste en la madrugada y ya casi está anocheciendo de nuevo, yo me quedaré con él, no creo que vaya a despertar aún.   - No te dejaré solo cuidándolo, tú también necesitas descansar, Dy - respondí negando ante su petición, acaricié con afecto su hombro, luce fatal, es increíble lo rápido que se ha desgastado, su cabello lo trae despeinado, tiene ojeras marcadas debajo de sus ojos, y ni qué decir sobre sus párpados caídos.   - No sé lo que haría sin ti Rachel, todo ha sido tan fuerte - dice cansado, le ofrezco mis brazos en uno de los abrazos más sinceros que nos hemos dado, sentí cómo sollozaba, pero decidí no intervenir, era su forma de afrontar el dolor y debía respetarlo.   - Lo sé, tranquilo, es mejor que saques todo lo que llevas guardando - digo frotando su espalda - todos trabajaremos juntos a partir de ahora, para que no vuelva a pasar algo así nunca más.   - Si algo le pasaba a Luke…   - No pienses en eso, estará bien, ahora debemos esperar a que se recupere y seguir adelante - le digo secando sus lágrimas.   - ¿Acaso estoy muerto o por qué traen esas caras? - escuchamos una tercera voz unirse a nuestra conversación, y creo que puedo hablar en nombre de Dylan también, si digo que fue la mayor alegría que pudimos recibir en ese momento, algo tan simple como escuchar su voz.   - No vuelvas a hacer algo así en la vida Luke, me hiciste llorar imbécil - le reclama Dylan aventando un cojín directo al rostro, la risa del rubio invade la habitación, era tan extraño escucharlo reír, pero mucho mejor a tenerlo en el suelo al borde de una sobredosis.   - No es mi culpa que seas un maricón, pero descuida, tendrás que soportarme por muchos más años, ¿me explicas lo que la zanahoria hace en casa? - cuestiona al percatarse de mi presencia. Acomodo mi cabello con incomodidad, ni siquiera después de estar al borde de la muerte puede dejar de comportarse como un idiota.   - No apoyaré tus bromas por más que hayas estado a punto de morir, gran idiota. Rachel es la razón por la que sigues vivo - dice Dylan serio - lo mínimo que puedes hacer es ser amable con ella.   - Tranquilo, Dy, gracias por tu apoyo, pero ya sé cómo es Luke, me alegra que estés mejor por cierto, cualquier cosa no dudes en llamarme - digo dirigiéndome a Dylan, él asiente a manera de despedida y camino hacia la salida de la habitación.   - Rachel, espera - escuché su voz - Dylan ¿puedes dejarnos a solas un momento?   Aún no tengo claro el motivo por el que acepté quedarme ese día, mientras el tiempo pasa la respuesta parece hallarse cada vez más lejos de ser encontrada, la única verdad que conozco es que Luke siempre ha sido mi debilidad, me hacía ser capaz de hacer incluso lo imposible con tal de permanecer a su lado un segundo más. Pensaba que era amor, pero era algo incluso más peligroso, más allá de un enamoramiento pasajero entre él y yo se estaba creando un vínculo mucho más fuerte.   Y por más que intentara negarlo, había caído por él. No sé en qué momento dejé de ver sus ojos como los demás, o el instante en el que su voz pasó a ser mi sonido favorito. Siempre odié mi nombre, pero cuando salía de sus labios, Dios, era simplemente perfecto. Y era precisamente eso lo peor de todo.   Éramos una eminente bomba de tiempo que prometía explotar en cualquier momento, nos necesitábamos, aunque también nos hacíamos daño. Éramos una dulce tortura, fuimos todo y a la vez nada, Luke fue mi calma, pero también mi perdición. Finalmente, fuimos amor.   No tengo palabras para explicarlo, simplemente me volví un personaje activo en la vida de Luke, y él en la mía, entonces supe que estaba jodida en el momento en que olvidé cómo respirar con tan solo verlo.   Había mucho sobre qué hablar, solo que no me correspondía a mi tener una charla acerca de sus posibles razones para decidir usar sustancias en lugar de buscar un método menos agresivo. Ahora lo que Luke necesita es apoyo, sentir que tiene una red de amigos a los cuales puede acudir, y reprendiéndolo como un niño pequeño solo lo aislará más. Debe saber que no está solo.   - ¿Qué haces aquí? - pregunta.   - Esperando a que hables - respondí con una sonrisa irónica.   - Sabes a lo que me refiero. ¿Por qué viniste? - vuelve a preguntar, esperando escuchar alguna razón de mi parte.   - Dylan llamó, estaba muy preocupado por ti y supe lo que pasaba - dije sin tomarle tanta importancia a lo sucedido, bueno, en parte no estaba mintiendo, Dylan llamó sin saber qué hacer por la actitud de Luke, y lo encontró en ese horrible escenario.   - Gracias - susurra entendiendo que no le daré más detalles al respecto - escuché parte de su conversación y estás siendo muy buena conmigo aún cuando he sido una mierda contigo.   - No pienses en eso ahora. Tus razones tendrás para poner distancia - dije simulando no estar afectada por todo, sí me dolía su indiferencia, pero sabía que no era el momento de hablar sobre ello.   - Es lo mejor - murmuró, no sé si se dirigía a mí o era una especie de mantra que se repetía a sí mismo hasta que se la crea.   - Sí, lo imagino, tu popularidad debe de haber bajado mucho desde que me conoces - bufo con sarcasmo.   - No me refiero a eso, no te hace nada bien estar tan cerca de una mierda como yo. Te estás acercando mucho al fuego, Rachel - advirtió mientras pasó la lengua por sus labios.   "Una mierda como yo" ¿eran quizá estragos de la pelea que tuvo con Matt? Quiere decir que Dylan tenía razón entonces...   Luke Hamilton aparenta ser un chico fuerte y despreocupado, cuando en verdad cada comentario por más pequeño que sea, le afecta, está al pendiente de los demás, lo suficientemente cerca como para no sentirse abandonado, pero tampoco tan cerca como para que puedan leer sus ojos.   Estaba cruzando una barrera muy grande. Y no me importaba, como un cascabel bajo el hechizo del sonido cautivador y seductor de la flauta, me dejé hipnotizar por la absurda idea de ayudarlo, quería repararlo.   - Es mentira - dije llamando su atención - lo que sea que Matt haya metido en tu cabeza no es verdad Luke.   - Tú no tienes idea de lo que hablamos - protestó - además, es de mala educación entrometerse en conversaciones ajenas, es un tema que no te compete.   - No, pero conozco a mi mejor amigo, y no fue su intención lastimarte, estoy segura que no sabía que ibas a ponerte tan mal…   - ¿En serio lo estás defendiendo en mi cara? Eres el colmo - chasqueó su lengua mientras una risa socarrona se dibujaba en su rostro, no podía creerlo.   -No, solo quise decir que Matt no es la única persona que te dirá cosas duras en la vida, no hizo bien, pero tampoco puedes dejar que te afecte tanto - continué dando mi punto de vista.   - ¿Sabes lo peor de todo? Es que es un jodido genio, y tiene razón. No me afectó la opinión que pudiese tener de mí, es obvio que Matt me detesta, sin embargo estuvo en lo cierto cuando me dijo sus motivos. Creo que entiendo por qué te gusta estar con él… Tiene un cierto encanto - se burló.   - ¿Por qué crees que tuvo razón? - le pregunté.   - Simplemente lo sé.   - ¿Y qué pasaría si fuera al revés? Tal vez yo pueda ser peligrosa para ti - dije segura de lo que decía, obteniendo una risa de como respuesta. Hombres y su estúpido ego frágil.   - Oh vamos Rachel me haces reír. Eres demasiado buena para mí, en general, eres demasiado buena para ser de este mundo, ¿algún día me contarás de qué planeta vienes? - preguntó.   - Eso es lo que tú crees, pero no soy perfecta Luke, estoy igual de rota que tú.   Cuando estaba cerca de Luke me sentía nerviosa, pero no eran los mismos nervios que cuando debía dar un examen o exponer delante de todos. Eran una clase de nervios buenos.   Me gustaban los escalofríos que recorrían mi piel cuando nuestra piel rozaba. O ese hormigueo en el estómago al verlo sonreír. Él causaba una serie de cambios en mi cuerpo que, extrañamente, me agradaban. Estar junto a él era como tener gastritis y ansiedad al mismo tiempo, excepto que era una situación de la que no quería escapar. Me gustaba lo enferma que me hacía sentir.   Sabía que no era para mí, tenía claro que rompería mi corazón en mil pedazos y no volvería a ser la misma. Luke Hamilton marcaría un antes y un después en mi vida, no obstante, no me importaba nada más que seguir acercándome.   - Los diamantes también están rotos y todos los admiran - susurra acariciando mi mejilla con las yemas de sus dedos, su tacto, era electricidad pura ante mi piel.   - Entonces seamos diamantes, Luke. Tú y yo - le propuse.   - No sabes lo que dices.   - ¿Yo? El que está hablando tonterías eres tú, es en serio. Lo que sea que Matt haya dicho no dejes que entre a tu mente. Eres mucho más que eso.   - Muy tarde - dijo esquivando la mirada.   - Tal vez no - respondo acercándome más a él, buscando nuevamente ese contacto íntimo, esa conexión intensa de miradas - puede que podamos hacer algo que te haga olvidar...   - Rachel...   - Encontraremos algo más fuerte que las drogas, nos hará sentir bien - busqué con temor su mano, la cual me permitió tomar y acariciar con cuidado.   - Es peligroso para ti - me volvió a advertir.   - Y para ti, no me subestimes, cariño ¿no quieres mandar a la mierda todo y buscar tu libertad?   Sin aviso previo mis labios buscan los suyos tomándolo por sorpresa, parece no reaccionar al principio, aunque eventualmente correspondió al beso. Besarlo no mejoraría nada, pero me hacía sentir completa, por un segundo era capaz de olvidar todo y simplemente sentir sus labios sobre los míos, era un respiro de lo agotador que era vivir. La habitación parecía estar llena de fuegos artificiales y mi pecho a punto de explotar. Jamás había sentido tanta adrenalina en mi vida.   - Mierda, Rachel - gimió Luke entre besos - ¿También lo sientes? Dime que también lo sientes, porque creo que he perdido la poca cordura que me quedaba.   - Sí - respondí en apenas un susurro - sí lo siento.   - A la mierda todo. Jamás me había sentido tan vivo en mi vida - vuelve a gemir entre mis labios - Llévame, a Saturno, Plutón o de donde vengas, pero llévame contigo, Rachel.   - A la mierda todo - respondí antes de volver a besarlo.   El beso no ayudó realmente a nada, excepto a aclarar mi mente, y creo que también la suya, fue el momento preciso en el que nos dimos cuenta que ya no estábamos solos. No pretendíamos ser la cura del otro, pero al menos poder consolarnos en nuestros momentos más oscuros.   Era una extraña sensación, no, no era extraña en sí, sino que nunca tenía la oportunidad de sentirlo: me sentía viva, como una adolescente común de dieciséis años, era libre y estaba tan feliz...   No me importaba si estaba bien o no. Porque no debía luchar contra nada por primera vez. Me había acostumbrado tanto tiempo a sentirme triste que la felicidad que me rodeaba era extraña, junto a la sensación de que pronto todo se iría al carajo.   Y así fue...
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR