—Al fin te encontré —soltó con una voz, ignorando por completo la figura imponente de Bruno a mi lado. —Y estás embarazada. No estaba entendiendo que estaba pasando, no sabía qué decir, Bruno, cuya paciencia ya era ya de por sí un desastre, dio un paso al frente, acortando la distancia con el desconocido. Su mandíbula estaba tan apretada que temí que sus dientes se quebraran. —¿Quién es él? —preguntó Bruno, con una advertencia que el extraño pareció no registrar. El hombre no se amedrentó. Extendió una mano con una confianza exasperante. —Mi nombre es Tom —dijo, manteniendo la vista fija en mí, como si yo fuera el único faro en medio de una tormenta. Me obligué a recuperar la voz, aunque el corazón quería salirse por mi boca. Di un paso tembloroso hacia adelante, tratando de busc

