Ese día salimos juntas. Primero fuimos a la universidad para presentar la excusa de que estaríamos ausentes unos días. Obviamente, la excusa era monetaria guiño, guiño. Después, nos fuimos directo al centro comercial. Lucero estaba emocionada buscando las botas de nieve perfectas que, por supuesto, tenían que ser “lindas y a la moda”, porque “una no deja de ser diva ni en la montaña”. Compramos algunas otras cosas más, hasta que yo me detuve frente a una tienda de lencería y la tomé del brazo. —Ven —le dije con una sonrisa traviesa. —Cora, cuéntame qué tienes en mente —dijo Lucero, levantando una ceja con sospecha. —Mejor ayúdame a elegir dos baby dolls bien sexys —le respondí, caminando hacia los estantes con seguridad. Lucero se me puso delante, mirándome como si intentara leerme la

