CASSIAN Llevé a mi madre de regreso a casa. Venía en el carro de mi papá, así que no le quedaba de otra que volver conmigo. Mientras manejaba, llamé para que recogieran el coche de Celeste de la iglesia. Todo se sentía raro. Llegamos y ni siquiera tuve que adivinar dónde estaría mi papá. Estaba ahí, en su despacho, de espaldas, con un vaso en la mano, tomando lo que sea que haya decidido tragar hoy. —¿Cómo está? —pregunta sin girarse. Nos sentamos frente a él. —Está en coma, pero estable —dice mamá, con un suspiro. Papá se toma un trago largo y se sienta al lado de ella, dejando el vaso sobre la mesa de cristal con un golpe seco. —Cassian, no me gustó nada tu show en el hospital —espeta, con esa voz que siempre usa para imponer respeto. Me río, pero sin humor. —¿Y tu crees que me

