22. Un golpe al corazón

1535 Palabras
NARRADOR OMNISCIENTE El frío del concreto impregnaba la sala de visitas de la prisión como si absorbiera el aliento de cualquiera que se atreviera a hablar… Calliopi llevaba días sin recibir visitas, Mihalis fue al principio y solo a reclamar por haber ensuciado el apellido, nadie la buscaba, nadie preguntaba por ella, nadie… excepto Melina, que apareció puntual, vestida como si el infierno no la tocara, saco entallado, gafas oscuras y tacones firmes. Entró como si el lugar fuera suyo -Estás más flaca- dijo, sentándose frente a Calliopi sin siquiera mirarla a los ojos -La comida de prisión no te sienta bien- Calliopi no respondió, sólo cruzó los brazos, mirándola con el desprecio acumulado de años, sabía que no venía a consolarla, Melina no era capaz de eso. -Te traigo una salida- Melina continuó, con voz suave y calculadora -Pero depende de ti- Calliopi soltó una carcajada áspera -¿Y por qué harías algo por mí, después de tirarme como a un perro?- Melina se acercó un poco, bajando el tono -Porque quiero acabar con Theo Laskaris… y tú vas a ayudarme.. hay formas legales de ensuciarla… una confesión tuya.. decir que ella tenía planes para robarle la empresa a Daphne, que tú sólo eras la intermediaria y no sabias nada… ¡no se! Lo que se te ocurra- -No- Calliopi fue tajante -No me vas a usar más, Melina- Melina se rió -¿Te acuerdas de tu hermana y como terminó? No creo a Mihalis le que le caiga bien enterarse que tú tenías negocios turbios con una familia como los Drakos. Podrías perder el apoyo de lo único que te queda y también sabes cómo son los informes internos del sistema penitenciario.. una celda equivocada, una compañera inestable… -¡Hija de puta!- escupió Calliopi, apretando los puños. -Ah, querida.. yo no amenazo yo cumplo y si tú hablas, yo también puedo hablar- Y ahí, sin cambiar el tono, Calliopi sonrió, por primera vez en meses. -Entonces hablemos las dos, ¿quieres? Porque si tú abres la boca… yo cuento que Iason no es hijo de Alexandros- Melina la miró como si le hubieran arrancado el alma, por un segundo, su rostro de porcelana se resquebrajó, no dijo nada, pero sus labios temblaron -No te hagas la sorprendida yo estaba ahí cuando lo conociste, ¿recuerdas? El italiano. El inversionista del extranjero, el que te mandaba flores negras y te decía “principessa”- Calliopi se inclinó hacia adelante -Tú ya estabas embarazada cuando volviste con la cola entre las patas a decirle a Alexandros que era suyo- Silencio, denso y asfixiante.. Melina intentó recomponerse, pero no pudo, su máscara se agrietaba más con cada segundo. -¿Sabes qué es lo mejor?- dijo Calliopi, saboreando cada palabra -Que tu gran plan para controlar la familia Drakos se sostiene en una mentira y si alguien se entera, no solo lo perderás todo… te va a odiar... Iason te va a odiar- Melina se levantó, sin decir palabra, se giró hacia la puerta, los nudillos blancos de tanto apretar el bolso, Calliopi se reclinó contra la silla, sonriendo como quien por fin ve caer a su verdugo -Si me tocas un pelo, le haré llegar la información a los medios y tú sabes que nadie va a dudar de mí… porque lo que yo sé, no lo leí en un diario, lo viví contigo- Y entonces, justo cuando el guardia abría la puerta para que Melina se fuera, Calliopi gritó sin mirar atrás -¡Al final, tus peores errores no te van a matar Melina! ¡Va a hacerlo el hijo que nunca fue un Drakos!- Melina no respondió. Pero mientras caminaba por el pasillo gris hacia la salida, todos los colores se le habían escapado del rostro y por primera vez en años… no tenía un plan POV THEO Llevaba casi cuatro meses fuera… ciento trece días para ser exacta, lo contaba como si eso hiciera más fácil el silencio que llevaba dentro, de un corazón latiendo en mi vientre, de un secreto que aún no me atrevía a revelar.. Me bajé del auto con el abrigo envolviéndome hasta el cuello, como si pudiera protegerme de lo que estaba por venir, Kira me abrió la puerta con su sonrisa de siempre, esa que mezcla descaro, elegancia y complicidad, ha estado viviendo conmigo desde que volvió y aunque decía que era por negocios, ambas sabíamos que no me dejaba sola por algo más. -¿Segura de que no quieres un trago?- me preguntó esa noche por tercera vez mientras me observaba con curiosidad. -No, gracias, de verdad estoy molida- le dije sin mirarla, por que claramente estaba mintiendo, subí a mi habitación con el corazón apretado, la casa estaba en silencio, y ese silencio era el único lugar donde me atrevía a llorar, no tenia idea de que hacer o como proseguir, solo quería que amaneciera para or a buscarlo, apoyé la mano en mi abdomen, aún apenas visible, pero presente…Presente en todo, en cada decisión, en cada insomnio, en cada palabra que no me animaba a decir. Nadia había estado más encima de mí que nunca desde que llegué, me cocinaba, me iba a acompañar a la oficina, se sentó a mi lado a tomar té sin decir mucho, como si algo supiera, como si presintiera. Como si estuviera esperando el momento exacto para interrogarme. -Hay algo que necesito contarte, Theodora- dijo mientras cerraba la puerta de mi habitación con cuidado de no hacer ruido, el uso de mi nombre completo ya era una advertencia. -¿Qué pasa?- quise saber, me miró con los ojos húmedos, pero la voz firme. -Es sobre… tu padre biológico- Tuve que sentarme, sentí que el piso se me iba, como si mi cuerpo supiera antes que yo lo que estaba por escuchar. -¿De qué estás hablando Nadia?- -Es Alexandros Drakos- dijo finalmente. El mundo se detuvo, podría jurar que escuché mi respiración cortarse, que todo a mi alrededor se volvió eco, vértigo, un vacío enorme dentro de mi.. -¿Qué… qué estás diciendo?- susurré ¡Dime que esto es una mald¡ta broma! ¡dímelo Nadia! -No fue tu culpa, Daphne tenía razones para callarlo… ella quería protegerte.. quería protegerlos a los dos- intentó explicarme, pero mi corazón se quebró en mil partes, mis oídos pillaban y mis manos sudaban mientras temblaban al mismo tiempo… Iason, que había sido mi todo, mi amor, mi guerra, mi refugio… Iason, que ahora, con esta verdad, se convertía en un imposible. -¿Iason es mi… hermano?- pregunté con voz temblorosa. -No lo sabemos con certeza.. yo solo te digo lo que Daphne me confesó antes de… antes de que todo pasara, pero necesitas procesarlo- dijo, acercándose a mí, queriendo abrazarme, pero no podía permitirlo, no podía respirar siquiera -Lárgate- le pedí en un susurro audible -Pe.. pero Theo, yo..- quiso hablar -¡Que te largues! ¡lárgate! ¡No quiero verte!- perdí el control.. -Sabias que podría ser mu hermano y no dijiste nada aun cuando también sabias que había algo entre los dos! ¡¿por que Nadia?! ¡¿POR QUÉ?!- la saqué de la habitación y cerre la puerta con cerrojo, corrí al baño, vomité, lloré, me miré al espejo con una rabia que nunca había sentido, quería gritar, golpear algo o simplemente desaparecer… este hijo que crecía en mi vientre… ¿era fruto de un amor prohibido? ¿De una tragedia? Esa noche no dormí, caminé por la casa descalza, en silencio, acariciando mi vientre sin saber qué hacer, pensé en todo, en interrumpir el embarazo, en irme de nuevo, en decirle la verdad a Iason, en huir, en quedarme o en no decir nada… tenia la cabeza y el corazón hechos un verdadero lío, pero no dije nada, ni a Kira, que me esperaba con su café al amanecer, como siempre, ni a Nadia, que fingía no haberme destrozado con su confesión. Me encerré en mi habitación, quería morir, pero entonces me tocaba el vientre y el corazón me dolía, porque ese bebé… ya era mío y estaba aquí y no tenía la culpa de nada, empecé a ir a la oficina, aprendí a llorar en silencio, a sonreír en las juntas, a evitar todo lo que pudiera recordarme a Iason, a bloquear sus mensajes sin leerlos, a guardar su foto en una carpeta escondida, a no responderle a Nikolas cuando preguntaba por mí, a mirar a Kira sin contarle nada, pero sobretodo a evitarlo, Iason intentó de mil maneras acercarse, incluso mando a Sofia, pero no, no había manera en que yo me dejara ver de nuevo por el, me volví experta en fingir. Ese bebé… era mío y aunque el mundo se cayera, aunque no el supiera quién era su padre, aunque nadie entendiera nada… yo iba a protegerlo, por eso, no iba a decir nada, no todavía, no hasta que supiera con certeza qué iba a hacer y si eso significaba alejarme de Iason, esconderme del mundo, construir una historia falsa… lo haría, por él, por mí, por lo que no se dice, pero pesa más que todo lo dicho.
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