21. Sorpresas

1404 Palabras
NARRADOR OMNISCIENTE Iason lo supo de inmediato , estaba en la terraza de su departamento, descalzo, café en mano y el viento de Atenas golpeándole el pecho desnudo cuando la atrajo con el pensamiento, un mensaje de Theo llegó -“Hoy vuelo a Milan, estaré trabajando, no huyendo, nos vemos a mi regreso”- el solo cerró los ojos, Theo se iba y el claramente iba a extrañarla y aunque le dolía, Iason no podía evitar admirarla. Volvió a entrar, tomó una ducha helada y se preparó para el día. Ese era el trato que se había hecho a sí mismo, averiguar todo de una vez y la ausencia de Theo, le ayudaría un poco a concentrarse.. Milán la abrazó como si ya la conociera, Theodora Laskaris llegó imponiendo, los italianos la miraban con fascinación, no solo por su belleza, sino por la seguridad con la que hablaba, por cómo respondía preguntas complicadas sin pestañear, por cómo manejaba una sala llena de tiburones con la calma de quien ya estuvo nadando entre ellos. Cada noche era una cena de negocios, cada día una oportunidad más que ella convertía en éxito. Pero en su soledad, cuando la habitación de hotel quedaba en silencio, solo había un nombre que golpeaba su mente, Iason. Mientras tanto en Atenas, Nikolas Petros estaba confundido.. otra vez. Estaba en su oficina, rodeado de papeles, tratando de leer un informe, pero no podía concentrarse, la imagen de Elani, su cuerpo, su voz jadeante, su desesperación por hacerlo sentir deseado… se colaba entre las letras, pero no era amor, no podía serlo porque su mente, su corazón y su jodida conciencia no dejaban de pensar en Theo, con su mirada desafiante, con sus labios que decían la verdad sin pedir permiso. Theo, que ni siquiera lo miraba como a un hombre, sino como a un estorbo más en su camino y aún así, ahí estaba, preguntándose por qué demonios extrañaba a Elani, si cada vez que cerraba los ojos… era Theo la que veía. -Estoy jodido- murmuró, y volvió a dejar el informe a un lado Mientras tanto, en la entrada del edificio Laskaris, dos mujeres estaban por cruzarse por primera vez, Sofía, fiel amiga de Iason, llegó con su andar seguro, celular en mano, instrucciones claras “averiguá cuándo vuelve Theo, pero que no parezca que lo estás haciendo por mí” Claro, porque Iason, aunque no lo admitiera, necesitaba saber, ya había pasado un mes y no quería preguntarle el mismo a Theo.. Al entrar, Sofía chocó literalmente con Kira, que venía saliendo del ascensor con una carpeta en la mano y cara de pocos amigos -¿puedes mirar por dónde vas?- dijo Kira, fulminándola con los ojos. -¿Perdón? ¿Eres nueva o siempre eres así de maleducada?- respondió Sofia -¿ y tu siempre eres así de entrometida?- Se miraron, con rabia, con desdén y sin embargo, hubo una chispa, pequeña, un temblor en el estómago de ambas que ninguna entendió, Kira se giró primero, sin decir una palabra más Sofía la siguió con la mirada, frunciendo el ceño -Qué mujer más insoportable- susurró Y así, sin quererlo, las piezas seguían moviéndose.. Theo brillaba lejos, Iason la extrañaba sin quejarse, Nikolas se rompía en silencio y Sofía y Kira, sin saberlo aún, acababan de escribir la primera línea de una historia que todavía no sabían que existía. TRES MESES DESPUES Theodora Laskaris llegó a Milán como una promesa, y ahora era una tormenta imparable, era portada de revistas, oradora principal en foros, invitada especial en cenas privadas con empresarios de apellido largo y billetera infinita, pero ni todo el lujo, ni los contratos, ni los aplausos servían para silenciar el eco de su corazón, ese que se tensaba cada vez que el celular no vibraba y que se encogía cada vez que escuchaba un nombre parecido a “Iason”. Las llamadas eran escasas, los mensajes esporádicos, las responsabilidades, las agendas, la presión, el orgullo… todo se interponía y aún así, no había noche en que no se pensaran, pero esa mañana fue distinta. Theo salió de la ducha sintiendo un mareo leve, una presión extraña en el estómago, lo atribuyó al café en ayunas o al jet lag de su último viaje relámpago a Mónaco.. pero algo no cuadraba, las nauseas habían apetecido hace ya unas semanas.. una hora más tarde, sola en su habitación de hotel, con un test positivo en la mano y las manos temblando… lo entendió todo… estaba embarazada y Theo, que no se doblaba ni ante los hombres más poderosos de Europa, sintió que el suelo le temblaba bajo los pies. -Mi¡erda…- susurró, dejando caer el test sobre la cama, mientras su otra mano se aferraba al vientre aún plano -¿Qué voy a hacer ahora? ¡¿como fui tan descuidada?! ¡Ni que fuera una adolescente para no saber que esto podía pasar! Ay mamá, como me gustaría que estuvieras aquí, tu sí sabrías que hacer..- decía mientras caminaba en círculos … En Atenas, Melina Drakos lanzó el vaso de vino contra la chimenea, el cristal se rompió como su paciencia. Theo no se iba aunque estuviera lejos, no se destruía y no se desmoronaba como ella había planeado… y para colmo, Calliopi, su aliada más fiel, había sido atrapada por estup¡da y confiada y sin Calliopi, los documentos que Melina necesitaba para apoderarse del legado de Daphne estaban ahora fuera de su alcance, no podia pensar en Mihalis por que ese era más inútil aun que Calliopi -¡Maldita sea!- gritó, sola en su casa, furiosa y maquillada de odio, no podía seguir esperando, tenia que actuar, tenía que acabar con Theodora de una vez por todas, antes de que todo lo que había construido a base de manipulación y mentiras se le cayera como un castillo de arena y aparte, si ella no iba a disfrutar de la fortuna de Daphne….Theodora tampoco… Alekos Drakos bajó del auto sin escolta, el cielo nublado, el abrigo largo, el rostro pétreo, no iba solo, pero como siempre cuando viajaba allá, sus hombres sabían que el entraba sin compañía, nunca llevaba equipaje, no podia quedarse, no si queria seguir manteniendo su secreto, solo llevaba un sobre sellado en el interior del saco y un par de flores que nunca parecía dejar de traer. Ya en el interior de ese lugar sin nombre, caminó hasta la habitación. Y al verla… se detuvo, sus dedos temblaron un segundo, pero no por frío, sobre la cama, el cuerpo inmóvil de Daphne seguía igual, salvo por un leve, muy leve movimiento en sus párpados, la misma enfermera entró, con ojos discretos y voz suave -Hoy… reaccionó a la luz- dijo, con un hilo de esperanza, Alekos no respondió, solo miró, pero sus ojos, por primera vez en mucho tiempo, se llenaron de lagrimas, la enfermera se fue y él se sentó a su lado, tomó su mano y en silencio, como había hecho tantas veces, se quedó ahí, porque a veces, lo que se dice sin decir… pesa más que un grito, cuando logró tranquilizarse, empezó a hablar con ella.. -Sigo sin entender cómo carajos logras que me siente a hablarle a alguien que no responde- murmuró con una media sonrisa cansada, mientras le acomodaba un mechón de cabello detrás de la oreja -Ni siquiera hablaba tanto cuando estabas despierta, pero acá estoy… como un pendejo con traje caro y el corazón en la mano- Se quedó un segundo en silencio, observándola. -Theo está creciendo, y fuerte… como tú, tiene esa mald¡ta mirada que me desarma y que odio admitir que extraño… Y mi muchacho, Iason… lo sé, no tengo que decirlo.. lo notas, aunque estés así, sé que ves todo- Suspiró -No sé qué pensar si se siguen acercando, no sé si lo permitiste tú… o si el universo está jugando otra de sus bromas de mal gusto- Alekos apoyó los codos en las rodillas, girando el rostro hacia ella con cansancio -Podrías despertarte ya, sería mucho más fácil si me miraras y me dijeras que deje de hacerme el duro.. como siempre hacías- beso su mano y se acurrucó junto a ella.. cuando sintió que ella apretó su mano.. Y en Milan, Theodora Laskaris aún no lo sabía, pero estaba a punto de iniciar la batalla más importante de su vida.
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