NARRA ELIZABETH Cuando salí de la ducha, el vaho cubría el espejo y mi reflejo era solo una sombra borrosa. Me miré, aunque apenas podía distinguirme, y me pregunté, por un momento, si aquella mujer que me devolvía la mirada seguía siendo yo. Apreté la toalla contra mi pecho y sentí ese vacío que a veces se abre dentro, como un pozo profundo que no se llena nunca. Me tumbé sobre la cama, aún con el cabello húmedo, mientras escuchaba el murmullo lejano del tráfico tras la ventana. Había vuelto a bajarme el periodo. Otra vez. No era solo decepción; era un miedo que se me metía bajo la piel, me arañaba desde dentro y me hacía preguntarme una y otra vez si algo en mí estaba roto. ¿Y si nunca consigo quedarme embarazada? ¿Y si nunca puedo darle un hijo a Dimitri? No quería pensar en eso.

