Nicole 5 años atrás Justo como cuando tenía 16 años y creía fervientemente en el amor perfecto, en que los galanes de mis libros de romance saldrían de las historias y que todos tendríamos ese felices por siempre; así de ilusionada y sonrojada, me recuesto tras la puerta de entrada al apartamento y me deslizo, dejándome caer al suelo entre suspiros. Mis mejillas se acaloran con tan solo recordar el cálido beso en la comisura de mis labios. Lo suave de su tacto. Las caricias delicadas en mi cuello, su respiración agitada y sus susurros en mi oído. Todo tan diferente a como me imaginé que terminaría nuestra cita. Con la referencia de esas videollamadas calientes y los mensajes sin censuras, idealicé una cena rápida y ligera para luego terminar la velada con un postre candente y chorreante

