Tommy caminaba por los lustrados pasillos de VP siguiendo a su guardia de seguridad hasta su oficina privada, a la cual solo él, su hermano y el personal autorizado podían entrar. Una vez en ésta pudo ver a su ex esposa sentada frente a su escritorio con un hermoso vestido rojo hasta la rodilla y ajustado a su figura, eso sumado a que es una mujer de ascendencia árabe muy hermosa, con largo cabello n***o, piel morena clara y ojos color café avellana, la hacían lucir incluso más hermosa.
Su nombre es Amira Ayad, hija de un importante empresario árabe y una dama de buena cuna en Arabia Saudí. Sin embargo, aun con todo el dinero e influencias de su padre en el mundo empresarial, Amira decidió hacerse paso ella sola en dicho mundo, lo cual le valió conocer a su futuro ex esposo, Tommy, y tener a la hija de ambos, Briana Hatcher Ayad. En cuanto Amira vio a Tommy entrar a la oficina giró su silla hacia la puerta permitiéndole a su ex esposo ver mejor su hermoso vestido rojo y sus labios a juego, los cuales traían una linda sonrisa como saludo.
Quizás Tommy se estaba volviendo loco o paranoico, y en verdad esperaba que fuera así, pero no podía evitar notar los nuevos conjuntos que su ex traía recientemente cuando iba a visitarlos a él y a Briana, incluso podría jurar que su ex esposa –quién había dejado bien en claro que “después del divorcio no quería volver a verlo, a menos que se tratara de la hija que tienen en común”– estaba intentando reconquistarlo.
En verdad esperaba que fuera solo su imaginación o un pensamiento paranoico suyo, y no porqué “odiara” a su ex esposa como tal, –de hecho le gustaba creer que había quedado, al menos, un respeto mutuo entre los dos– solo qué él pensaba que el divorcio era la mejor opción cuando el amor acababa, y en verdad supuso que Amira pensaba igual, ya que fue ella quien lo solicitó. Pero si no era paranoia, si resultaba ser cierto, solo Dios sabrá porqué Amira Ayad querría volver con él.
– Hola, Tom –saludó Amira con una encantadora sonrisa mientras seguía a Tommy con la mirada hasta su escritorio.
– Hola –devolvió Tommy el saludo con más cansancio que otra cosa en cuanto se sentó en su silla.
– Vine a ver a Bri, ¿cómo está ella? –preguntó Amira colocando sus manos entrelazadas sobre la mesa.
– Las jorobas no han vuelto a crecer en estos días –dijo Tommy y se pasó una mano por el cabello– Según mis propios análisis son los huesos de la columna que se están… –dijo tratando de explicarlo con sus manos– “realineando” en otra forma.
– ¿Crees que esa sea su habilidad?, ¿cambiar de forma? –preguntó Amira con mirada inquisitiva.
– No lo sé, podría ser eso o… –dijo Tommy frotándose la cara y los ojos, cosa que suele hacer cuando está estresado.
– ¿El estrés del trabajo? –preguntó Amira inclinándose un poco más hacia el escritorio haciendo que recargara también sus codos en él.
– El estrés de que mi hija esté enferma y yo tenga que sacar una cura de mi manga a su enfermedad –dijo y respirando profundo mientras se frotaba las manos miró a Amira para decirle– tú eres una congresista, trabajas para el gobierno. Tal vez tus superiores te den el material que necesito si les dices que es para la cura de A-JAX –dijo Tommy dejando que medio gramo de esperanza se albergara en la boca de su estómago.
– No necesito pedirle nada a mis superiores –dijo y se levantó de su asiento para pararse detrás de la silla de Tommy– tú tienes tu empresa y yo tengo la mía. Dime qué necesitas.
Tommy empezó a darle una lista de todo lo que necesitaría para seguir con la investigación y la búsqueda de la cura, mientras sentía cómo las aún suaves manos de su ex esposa se deslizaban por la suave tela de su traje dándole un masaje a sus hombros.
Tal vez no esté siendo tan paranoico, después de todo aún recuerda con amor las veces que Amira le daba masajes en los hombros por el estrés de su recién inaugurada empresa. El toque de sus manos siempre lo relajaba en su oficina y en la intimidad de su hogar, los labios de su esposa danzaban por su mejilla hasta llegar a su oído y dejar un camino de besos hasta su cuello.
Si fuera soltero, cómo todo el mundo creía, se dejaría llevar por un último momento de debilidad con ella, la madre de su hija… pero recordó que ya no es tan “soltero”.
–Tommy tomó las manos de Amira y la guió hasta quedar frente a sí mismo otra vez, entonces le preguntó– ¿qué es lo que quieres, Amira?
– Quería ver a mi familia –respondió ella.
– No necesitas mi permiso para ver a Brin. Los guardias te conocen, igual que los doctores –le dijo Tommy.
– ¿Sabes? –dijo Amira mirando hacia abajo al mismo tiempo que se sentaba en el escritorio frente a Tommy– creo que nos apresuramos con el divorcio –soltó sin más con voz segura. Su ex marido solo pudo lanzar un suspiro de frustración mientras volvía a pasarse una mano por la cara– hablo en serio. Tom, todas las parejas pelean.
– Fui yo quién te dijo eso hace un año y fuiste tú quién tramitó el divorcio aun así –no, definitivamente el universo no quería ayudar a Tommy a mantener su paciencia.
– Y me equivoqué –insistió ella– exageré, lo admito. Pero tú también debes admitir que Briana nos necesita a ambos, ahora. Hasta donde ella sabe su mamá y su papá siguen estando juntos, ¿no sería bueno que ella siguiera creyendo eso hasta que mejoré?
No le dio tiempo a Tommy ni de pensar en su respuesta aquella pregunta cuando su guardia de seguridad ya le estaba tocando la puerta por segunda vez.
– ¡Pasa, Jerry! –contestó Tommy mientras Amira se levantaba del escritorio y se posaba a un lado de él.
–El jefe de guardias de seguridad, Jerry, enseguida abrió la puerta para anunciarle a Tommy de su otra visita a su oficina– señor, “Metal Lili” está aquí.
– Dile que espere, yo… –decía el presidente de VP cuando fue interrumpido por el guardia.
– Me refiero a que está aquí –dijo y apuntó hacia el pasillo– aquí en el pasillo –sin esperar nada más, una mujer esbelta en sus 30, de cabello n***o y claros ojos azules, vistiendo un traje de camiseta blanca con un pantalón de cuero y una chaqueta estilo piloto de avión hecha del mismo material entró en la oficina. Nadie pensaría que ella es una súper humana de no ser por las enormes alas de metal plateado que sobresalían de su espalda.
Una presentación divina, gloriosa y sexy que siempre dejaba a Tommy Hatcher casi babeando.
– Lily… –dijo Tommy a punto de hablar cuando Amira lo interrumpió.
– Tu jefe te dijo que esperaras afuera –dijo la mujer árabe pegándose un poco más hacia su ex esposo.
– Lo escuché, pero él me citó aquí exactamente a esta hora –dijo la alada mirando a su jefe y “compañero de tragos/amante” durante los últimos dos meses.
– Sí, lo hice –dijo Tommy levantándose de su silla– gracias Jerry. Cierra la puerta –dijo y su guardia cerró las puertas de la oficina.
– Creo que nuestra cita tendrá que esperar, Lily –dijo Tommy acercándose un poco a ella– cómo ves recibí… una visita inesperada –dijo apuntando detrás de sí a Amira.
– No sabía que aún recibías aquí a tu ‘ex’ esposa –dijo Lily resaltando el “ex”.
– 'Su' esposa –corrigió Amira desde su posición.
– ¡Ex esposa! –exclamó Tommy girando hacia Amira.
– Dos meses para que sea legal –dijo la mujer morena con tono “dulce” devolviéndole la mirada a Tommy– aún soy tu esposa.
– ¡Pues el plazo de tiempo te importó un comino cuando me sacaste de la casa!, ¡eres mi ‘ex’ esposa! –exclamó Tommy alzando un poco el tono de voz, por lo que luego tuvo que pasarse ambas manos por la cara y obligarse a guardar la calma.
– Lily, te lo suplico, piedad –dijo Tommy rogándole con sus manos y empleando un tono auténticamente cansado a la chica alada para que abandonara la oficina y le diera tiempo a él de deshacerse de su ex esposa– ya me dio migraña.
La súper humana pelinegra se dio media vuelta para regresar a la puerta y salir por donde había entrado, dejando así a Tommy y su ex mujer nuevamente a solas.
– Déjame adivinar, es ella con quién planeas reemplazarme –dijo Amira alzando una ceja inquisitiva pero con cierta calma.
– No voy a reemplazar a nadie con nadie –dijo Tommy regresando su atención a Amira.
– Briana nunca la aceptará –aun así Amira insistía.
– A ver –dijo Tommy extendiendo las palmas de sus manos al frente para tratar de explicarle a Amira– Lily y yo solo tomamos tragos luego del trabajo y nos “divertimos” de vez en cuando pero… –hasta que reaccionó– ¿por qué te estoy dando explicaciones?, según entiendo en dos meses dejaremos de ser pareja.
– Deberías pensarlo bien, Tom –dijo Amira acercándose peligrosamente a él– tener sexo con una esbelta mujer alada o tener a tu familia unida otra vez.
–Tommy pareció enfurecer ante esas dos “opciones”, ya que fue él quien pensó en ello hace un año antes del divorcio y no ella– te recuerdo que no fui yo quién tomó esa decisión por los dos hace un año.
– Y lo siento. Tú dijiste que me arrepentiría y tenías razón. Me arrepiento –dijo Amira mirándolo con tristeza en sus ojos– en verdad quiero esto, Tom. Quiero a mi familia de vuelta.
– Debiste pensar eso antes de abofetearme y lanzarme el anillo de compromiso junto con el de matrimonio a la cabeza –dijo y se dirigió a la puerta de la oficina rápidamente para abrirla y hacerle una seña de que se fuera– necesito salir. Tú puedes ir a ver a Brin o a dónde quieras, pero en mi oficina no te quedarás.
Amira tomó su chaqueta cárdigan marrón un poco de mala gana de la silla blanca dónde estaba sentada y salió de la oficina seguida de Tommy, quién cerró las puertas rodando sus ojos.
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Ya había llegado la noche en la ciudad de Seattle, Washington cuando Prometeo sobrevolaba la ciudad de regresa a Victory Prime para tomar ese relajante baño caliente que se ganó luego de un productivo y agitado día, cuando de repente su súper oído captó algo que llamó su atención.
Prometeo se posó sobre la azotea de un edificio no tan alto mientras veía hacia una van con unos tipos sospechosos a su alrededor, dos de los cuales arrastraban a una chica –con apariencia drogada– de un club nocturno.
La subieron a la parte trasera de la minivan y arrancaron, pero de seguro no contaban con que Prometeo les estuviera pisando los talones. El plan del súper humano era ver que tan lejos llegaban esos tipos, y si lograban llevarlo a una especie de “nido” de secuestradores mejor.
Luego de casi dos horas de camino, el auto n***o se detuvo en una fábrica abandonada y allí bajaron a todas las chicas que traían en la minivan para luego encerrarlas dentro del lugar. Prometeo usó su vista mejorada para encontrar una entrada lateral al edificio y así poder colarse. Gracias a algún milagro logró encontrar una ventana abierta y escurriéndose por esta, sigilosamente buscó un lugar en dónde esconderse y así poder ver y escuchar mejor lo que sucediera, listo para intervenir en cualquier momento.
– ¿Как много? (¿Cuantas son?) –preguntó el líder de la red de tráfico.
– Oколо 20 (Unas 20) –contestó su secuaz.
– Правильно (Bien) –dijo el líder y colocándose frente a su hombre le dio la orden– но сначала избавьтесь от “жучка” на потолке (pero primero deshazte del “insecto” en el techo).
El secuaz se movió hacia un lado del lugar que Prometeo ya no pudo ver. El súper comenzó a ponerse nervioso y en alerta, era muy posible que ya lo hubiesen descubierto. Estaba a punto de salir y atacar cuando el secuaz regresó con algo entre las manos, quitó la manta que lo cubría y pudo ver que era un artefacto algo extraño.
Prometeo asomó un poco más la cabeza fuera de su escondite para poder ver mejor el artefacto, pero en cuanto el hombre lo encendió, un sonido casi imperceptible para el oído humano empezó a manifestarse, pero para el oído del súper era cómo un taladro que se clavaba en su cabeza.
Prometeo se llevó ambas manos a la cabeza mientras alaridos salían de su boca. Era como si el sonido fuese capaz de lastimarlo y suprimir todos sus sentidos. Perdió el control sobre sus habilidades y el sonido impactó contra una parte de su cerebro muy importante: su conexión psíquica con su hermano gemelo.
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Tommy se encontraba en su oficina en una reunión con su asistente, Donny, y uno de sus súper empleados, “Ironhead”, discutiendo la siguiente misión de éste, cuando de la nada un horrible sonido agudo taladró en la cabeza del jefe de Victory Prime haciendo que se levantara de su silla de inmediato mientras se sujetaba la cabeza.
Donny e Ironhead corrieron a tratar de ayudarlo, pero ni siquiera Tommy sabía qué le estaba sucediendo.
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Prometeo cayó de rodillas en el suelo sintiendo que su cabeza iba a explotar. Empezó a entrar en pánico tratando de escapar del sonido pero simplemente no podía.
– ¡принеси это! (¡Tráiganlo!) –ordenó el líder de la red de tráfico a sus hombres, los cuales corrieron escaleras arriba con la intención de atrapar a Prometeo, cometido que pudieron haber logrado de no ser por otro súper hombre que llegó a salvar la noche: Rex Jon.