El Secreto de OZ.

1786 Palabras
Era ya muy tarde esa noche cuando Camila se dirigía a hurtadillas por los pasillos de OZ Corporation. Quería averiguar para qué querían el señor Abernathy y Rex Jon utilizar su reciente invento de memoria RAM que almacena sonido. Y además, ¿haberlo utilizado en Prometeo?, ¿para qué? O ¿por qué?, ya que es claro que si el artefacto se maneja mal, el resultado podría afectar no solo a Prometeo sino también al mismo Rex Jon. Todo el mundo sabe que los dos súper humanos más famosos del país, Rex Jon y Prometeo, no son los “mejores amigos” y que tienen una cierta “rivalidad” desde hace 2 años cuando ocurrió su pelea, pero aun así sería muy arriesgado para cualquiera de los dos atacar al otro, por qué ahora todo se trata de números, promoción, vistosidad y cuál de ellos le brinde más ganancias y fama a su empresa, o al menos en eso se ha basado su “competencia” desde hace 2 años. Incluso Prometeo con todo su altruismo y buenas intenciones tiene sus propios planes y objetivos. Y aunque quizás haya algunos bobos que se crean el cuento de “lo pasado, pisado”, pero su rivalidad aún sigue vigente. ¡Dios, aún hay personas que hablan sobre lo que pasó hace dos años como si hubiese sido hace dos días! ¡Rex no sería tan idiota como para empezar una segunda batalla contra Prometeo!... ¿oh, sí? Mientras pensaba en las miles de razones por las que Rex no “debería” iniciar una segunda “batalla” contra Prometeo y las muchas posibilidades de que SÍ se atreva a declararle la guerra otra vez, se dio cuenta de que ya había llegado al elevador y empezado a bajar en éste hasta el sótano, lugar al que NADIE en OZ Corporation debía bajar a menos que tuviese una tarjeta de acceso. Una vez que se abrieron las puertas del elevador frente a ella, pudo divisar un largo corredor de concreto rodeado por dos muros del mismo material. Fue entonces cuando Camila comenzó a dudar: ¿debería avanzar o esperar a que se cerraran las puertas para presionar el botón “Planta baja” y salir del edificio? Estaba decidiendo eso cuando las puertas del elevador comenzaron a cerrarse decidiendo por ella, “quizás será otro día” se dijo a sí misma antes de que una mano detuviera las puertas y ella lograra divisar a un joven con uniforme militar mirándola con extrañeza. – ¿No vas a salir? –preguntó el joven militar. – Ah… ¿qué? –preguntó ella sin saber realmente qué responder. – Eres la nueva científica que Abernathy envió, ¿no? –preguntó el joven con el ceño fruncido. – Yo… –Cam lo pensó por un momento hasta que reaccionó– ¡sí!, yo soy la nueva científica que fue enviada por el señor Abernathy… aquí. – Sí, eso pensé –dijo el muchacho empezando a irritarse y le preguntó– ¿vas a salir o te quedarás ahí esperando a que las puertas se cierren otra vez? “Esa es una buena pregunta” pensó Cam. Finalmente optó por salir del ascensor y avanzar en el pasillo dejando que el chico militar (a quién nunca le preguntó su nombre) entrara finalmente al ascensor. Una vez que las puertas del elevador se cerraron, Camila miró al frente y comenzó avanzar, pero enseguida se arrepintió pues mientras más Camila se iba adentrando por el pasillo, más sombrío y tétrico le parecía todo. Por un momento toda la escena le recordó a un video juego de terror que su sobrino suele jugar: el pasillo, la poca iluminación, el silencio… todo le recordaba a aquel video juego basado en los experimentos que les hacían a los presos de guerra en La Segunda Guerra Mundial. Sí, así de tétrico se veía todo y así de asustada estaba. Por suerte (buena o mala) dejó de estar sola en cuanto dos individuos salieron de un cuarto, cuya puerta daba hacia el pasillo dónde Camila se encontraba. Los dos jóvenes de la misma edad y casi la misma estatura del chico anterior, e incluso con el mismo uniforme militar, salieron de aquel cuarto sonriendo y charlando hasta encontrar sus miradas con la de Cam, quien se paralizó en su lugar al verlos. – Hola –saludó uno de ellos, el que había salido primero. – Hola –respondió Cam lista para correr en cuanto dijeran que ella no podía estar allí. – ¿Tú…? –el mismo que le habló iba a preguntarle algo, pero ella respondió rápidamente. – Yo trabajo aquí –dijo Cam luciendo lo más segura que sus nervios le permitían– soy la nueva científica que el señor Abernathy envió. – Lo supusimos –habló el segundo muchacho– te están esperando adentro –dijo y junto a su amigo salieron al pasillo haciendo espacio para que Cam pudiera pasar. Camila estaba temerosa y dudosa de sí entrar o no a dónde los dos chicos le decían, y mientras ella decidía entre ser valiente o cobarde, el segundo chico se dio la vuelta y volvió a hablar. – ¿Tienes tarjeta de acceso? –le preguntó. – ¿Qué? –preguntó ella saliendo de su ensimismamiento para prestar atención a quién le hablaba. – ¿Te pregunto si tienes esto? –preguntó el chico mientras sacaba la tarjeta de acceso de su bolsillo y se la enseñaba a Camila– ¿ya tienes tarjeta de acceso? – No –respondió Cam por primera vez con la verdad. – Ten –le dijo el chico entregándole su propia tarjeta– úsala por esta vez. Pide una adentro y devuelve esa mañana –y sin más que añadir él y su compañero se fueron. Camila se vio nuevamente sola y con la duda en su cabeza de si entrar o no. Miró vacilante hacia la puerta abierta frente a ella, cuya perilla reposaba en su mano, y pensó: “ya llegué hasta aquí y seguiré hasta que me detenga”. Y con ese pensamiento, tan racional como irracional, decidió aventurarse a lo desconocido y entrar en el “cuarto secreto” a dónde se supone que “nadie” debe entrar. Y una vez que estuvo dentro de éste, no pudo creer lo que encontró… . Al día siguiente, de vuelta en Victory Prime, el CEO de la empresa se levantó y alistó para comenzar su día igual que todos los demás: yendo a visitar a su hija, Briana. Bajó dos pisos debajo de su apartamento y al salir del elevador recorrió un pasillo dorado flanqueado con paredes llenas de vitrinas con recuerdos y adornadas con conmemoraciones hasta llegar al final de dicho pasillo y encontrarse de frente con una enorme puerta hecha de madera de caoba. Al abrir la puerta lo primero que lo recibió fue el color rosa pastel de las paredes difuminado con beige que casi llegaba al suelo, con un lindo diseño de enormes mariposas color rosa y amarillo que revoloteaban por las paredes de la habitación. Al girar su rostro hacia la derecha pudo divisar un pequeño armario de madera con un diseño igual al de las paredes, una puerta blanca que daba hacia el baño privado y en todo el centro estaba la gran y cómoda cama de su hija con un velo beige estilo princesa cayendo desde el techo. Y en dicha cama se encuentra la joven Briana Hatcher Ayad, la princesa de 15 años de Victory Prime, acostada sobre su lado izquierdo debido a las dos enormes protuberancias en su espalda que no hacen más que crecer casi cada día. Tommy se acercó a su pequeña y le hizo una seña a la enfermera personal de su hija, que viene todas las mañanas a revisarla y alistarla, para que los dejara a solas un momento. – ¿Cómo estás, “Mariposa”? –saludó Tommy arrodillándose junto a su hija para que ella no tuviera que mover el cuello. – Hoy no me duele tanto la espalda –contestó Briana sonriéndole a su padre– gracias por preguntar, “Osito”. – Si tú eres una mariposa, ¿por qué yo tengo que ser un oso? –preguntó Tommy con tono jocoso. – Porqué duermes como uno –respondió Briana– tienen que empezar a despertarte a las 5am para que te levantes a las 6am. – ¿Quién te dijo esa mentira? –preguntó Tommy. – El tío Bill –contestó ella cómo sí nada. – Lo suponía –contestó Tommy– no creas todo lo que dice el engreído de tu tío. Su ego a veces no lo deja pensar bien. – Le diré que lo llamaste “engreído” – Adelante –dijo Tommy restándole importancia– lo he llamado de peores formas antes. – ¿Cómo cuáles? – Creo que una vez lo llamé “perra” –contestó Tommy haciendo reír un poco a su hija, quién enseguida cambió su expresión alegre por una adolorida. – ¿Te duele? –le preguntó. – Solo cuando me muevo mucho– contestó ella– los remedios que Assa me trae ayudan. – Sí, apuesto a que sí –dijo Tommy sabiendo que ella se refería a los analgésicos– si tienes algún problema tienes que decírselo a Assa para que ella me lo diga a mí, ¿bien? – Papá, vienes todas las mañanas y me dices lo mismo antes de irte –le dijo Briana– lo sé. – Solo no quiero que se te olvide –le dijo Tommy en un tono jocoso que ocultaba su preocupación– te amo –le dijo y besó la frente de la joven. – Y yo a ti, papi –respondió Briana dándole una última sonrisa tierna a su padre antes de que Donny, su asistente, irrumpiera en la habitación. – Lo siento, jefe –dijo el joven de carácter nervioso al entrar casi de golpe en la habitación– tenemos una… “situación”. – ¿“Situación”? –preguntó Tommy frunciendo su ceño mientras miraba a Donny. – El CEO de OZ Corporation está aquí, señor –respondió Donny disfrazándose de falso valor. – Okey –respondió Tommy y volteó hacia su hija– debo irme, “mariposa” – Está bien… “oso” –dijo ella estirando su brazo lo suficiente para tocar la nariz de su padre. – No frente a Donny –dijo él entre dientes antes de darle un último beso en la cabeza y levantarse para recibir al señor Abernathy…
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