Maya Henry abrió el pequeño cajón de debajo del lavamanos y de ahí sacó una pequeña caja blanca con una cruz roja situada en medio. La abrió y de ahí sacó una cosa blanca parecida al algodón y me la puso en el labio. — Es una gasa esterilizada, es para cortar la hemorragia — me informa y se arrodilla delante mío para después acomodar la gasa en el labio inferior. Me la deja ahí unos segundos mientras yo me remuevo del dolor. — ¿Te duele mucho? — cuestiona preocupado, separándose un poco de mi para poder verme mejor a los ojos. — Sí, la verdad — respondo y me encojo de hombros. — Vaya — añade y suspira. Se levanta de nuevo y me da la espalda. Debe estar cogiendo otra cosa — Ahora te tengo que limpiar la herida con agua, no vaya a ser que se infecte — formula y asiento. Cogió otro pañ

