Pensé que al quedarme aquí toda la noche despertaría con algún tipo de epifanía pero cuando mis ojos se abrieron seguía con la misma duda del día anterior porque sin importar donde durmiera seguía estando comprometida con un hombre en cama a punto de ser desconectado y no podía evitar pensar en que yo no era mejor que una cazafortunas porque la única razón por la que estaba aquí era por mi familia es decir, el dinero.
La vista desde la ventana es hermosa sin lugar a dudas pero no es mi casa, no es a donde pertenezco y aún así aquí estoy.
Carajo.
Los jardines afuera son majestuosos, las flores que adornan la mansión son espectaculares. Nunca había visto un lugar donde las flores negras crecieran tan bellas, nunca había visto flores negras.
Las ventanas de cristal dejan ver todo hacia afuera pero nada hacia dentro, las sábanas seguro de algodón egipcio, las paredes impecables. Dios, estoy viviendo una vida que no debería ser mía.
Todo oscuro pero hermoso.
Las carpetas sobre una mesa al lado de la cama, Violeta me dijo que el trabajo esperaría a que estuviera lista pero no puedo evitar que mis dedos piquen queriendo saber que hay en la otra carpeta.
Las fotos.
No sé si quiero ver una foto del viejo con el que me casaré.
Carajo.
Pienso en irme y averiguar su aspecto con su madre presente pero la idea queda descartada cuando recuerdo lo amable que es la mujer, no le romperé el corazón así. Decido abrir la carpeta sentándome la borde de la cama, me mentalizo y entonces la abro.
Cierro los ojos sin querer pero pienso en lo estúpido que es esto así que miro, ¿tanto para esto? Es una foto de un bebé. La puerta suena y la carpeta en mis manos cae.
─Pase ─digo recogiendo la carpeta.
Una chica entra a la habitación, cabello n***o, delgada, buen aspecto.
─Pensé que ya te habrías ido, disculpa ─dice con fingida amabilidad.
─Estaba viendo unas fotos ─explico sin saber por qué, mi rostro se vuelve serio en cuanto noto la hostilidad en su andar, en su tono, en ella.
─¿La señora Olson sabe que sigues aquí? ─pregunta mientras recoge mi ropa sucia.
─Puedes dejar eso ─digo tomando mi ropa de sus manos─, me la llevaré.
─¡Nadia! ─Violeta aparece en la puerta, mi mano aún sostiene la prenda que la tal Nadia se rehúsa a soltar─, ¿que crees que haces?
─Disculpe señora ─agacha la cabeza y suelta la prenda al instante─, pensé que la visita se habría ido.
─No es visita, es la futura señora Olson así que respétala.
No puedo creerlo pero en este momento sí que estoy orgullosa de ser la futura señora Olson si así podré quitar esa engreída expresión de su cara. Sé que esa mujer me odia pero no entiendo por qué, seguro tiene la misma edad que yo, quizás un par de años más pero ni si quiera la conozco.
─Violeta, ¿vamos al jardín? ─pregunto mientras me acerco a ella.
─Claro, ven querida ─toma mi brazo con cariño saliendo de la habitación.
Tomo las dos carpetas rápidamente desconfiando de la mujer pelinegra y entonces salgo con Violeta a mi lado.
─Violeta, justamente estaba viendo las fotos de Maximiliano cuando esa chica entró a mi habitación...
─Oh, ¿te parece si las vemos juntas? ─pregunta con una sonrisa muy tierna, imposible decirle que no.
─Claro.
Abre la carpeta ella misma, la foto del bebé aparece primero y ella sonríe nostálgica.
─Está foto la tomó su padre cuando Maxi nació ─el cariño con el que habla de su hijo me hace sentir esperanzada, quizás no es tan malo esto─. Era un niño adorable...
Continuamos mirando fotos, cada una tiene una historia y Violeta no duda a la hora de contármelas mientras que yo estoy fascinada con todas, sin excepción. Seguimos mirando y cuando llegamos a una donde está Maximiliano con su padre ella solamente guarda silencio y suspira.
─Maxi había hecho un drama por un helado así que su padre lo llevó al parque y le compró una docena de helados, al día siguiente se enfermó y yo no podía molestarme con ninguno ─ríe ante el recuerdo pero puedo ver la tristeza muy arraigada en ella.
─Tu esposo era muy guapo ─suelto mirando la foto.
Violeta me mira y yo me río.
─Lo era ─responde sonriendo.
Las fotos continúan así que intento animarla pero cuanto más avanzamos mi pulso se acelera. Cada vez son más recientes y el hombre era muy guapo, demasiado diría yo.
─Era muy guapo ─susurro mirando una donde está sentado en un jardín.
Miro con cuidado la foto y noto que la piscina que está frente a mí es la misma que la de la foto y la silla donde está es en la que estoy sentada, en un momento me siento mal y no tengo idea de porqué.
─Querida, esta foto no le hace justicia a mi hijo ─suelta Violeta sin saber mis pensamientos─. Esta foto fue de unos meses antes del accidente...
Haciendo cuentas Maximiliano no es un viejo, ¿entonces...?
─Violeta, ¿cuántos años tiene tu hijo? ─pregunto con miedo.
─Treinta y cuatro ─sonríe con tristeza.
Su hijo tuvo un accidente demasiado joven y ahora lo desconectarán por que han perdido la fe, no es justo.
─Violeta, me casaré con tu hijo pero no lo desconectaremos ─suelto sorprendiéndola.
─¿Porque...?
─Solo prométemelo ─pido tomando sus manos arrugadas pero suaves, esta viejita se gana mi corazón muy rápido.
─Está bien ─responde y entonces ya no puede más.
Se suelta a llorar pero a diferencia de antes ya no está sola y Eddie me mira sonriendo cuando la abrazo, una lágrima rebelde resbala por mi mejilla pero no me importa por que ahora la única que quiero ver feliz es a Violeta, es tan maravillosa y risueña que escuchar su llanto es lo peor del mundo, quisiera poder traer a su esposo de vuelta pero no puedo.
En cuanto a su hijo, investigaré que puedo hacer pero él despertará de eso estoy segura.
Al cabo de un rato Violeta pide algo para comer y nosotras pasamos horas conversando sobre el matrimonio hasta que llega un momento en que su entusiasmo me contagia y ya estoy tan feliz como ella, me muestra algunas cosas que tiene preparadas y entonces llega la hora.
─¿Te parece si vamos de una vez? ─pregunta amable.
Asiento nerviosa y la sigo.
Caminamos por largos corredores oscuros, solo iluminados por candelabros sobre las paredes. Ventanales enormes y puertas de cristal lujosas. Subimos las escaleras que vi ayer cuando llegamos y entonces me muestra la habitación.
La puerta no es de cristal como las demás, ésta es negra por completo.
Violeta toma la perilla con su mano y guarda el aliento, igual que yo. Abre la puerta dejándome ver al hombre en la cama, su aspecto es impecable. Su barba incipiente, sus ojos cerrados pero sus pestañas perfectamente risadas, sus labios alrededor de un tubo que seguro le ayuda a respirar, sus manos aferradas a las sábanas, su cuerpo está inmóvil.
─Él es Maximiliano.
El rostro de Violeta es de tristeza absoluta.
Intento no pensar en ello y me acerco al hombre en cama, miro su cuerpo en excelente estado y pienso en lo injusto que es esto. Seguro el hombre tenía a muchas mujeres tras de él pero cuando le pasó esto nadie se quedó, cinco años después y estas dos personas están solas.
─Me casaré ─susurro quitando la mano del hombre de las sábanas.
Tomo sus dedos con delicadeza y los acaricio notando cierta rigidez en ellos.
─¿Que le pasa a sus dedos? ─cuestiono sin poder callar.
─Querida, lleva cinco años así...
─¡Eddie! ─llamo al hombre y éste llega de inmediato─. ¿Por que están así sus dedos?
El hombre mira a Violeta a lo que ella asiente dando un paso atrás.
─El doctor Hill es el más capaz para contestar esa pregunta.
─Bien, tráelo ─ordeno al instante, no puedo dejar que el hombre se quede tieso.
Violeta estaría devastada.
─Voy.
Violeta me mira con una sonrisa casi imperceptible así que me levanto y camino a ella.
─¿Que pasa, Violeta? ─tomo sus delicadas manos con cariño.
─Apenas nos conocemos pero ya te preocupas por mi hijo...
─Violeta, estaremos juntas mucho tiempo.
─Sabía que eras la indicada ─susurra dejando un beso en mi mejilla.
Sonrío al tiempo que la puerta se abre dejándome ver al famoso doctor Hill.
─Señorita Hughes, me informan que quiere detalles sobre el caso del señor Olson.
─Así es ─me acerco y ofrezco mi mano la cual no duda en tomar con una sonrisa amable─, dígame, ¿porque la rigidez en sus manos?
─Después de estar por tantos años en coma es cuestión de tiempo para que el cerebro deje de funcionar, hace dos meses que los espasmos han cesado, los parpados ya no tienen movimientos es por ello que se le aconsejó a la señora Olson desconectarlo...
─No lo desconectaremos ─informo de una vez por todas.
─Oh, tenía entendido que...
─No importa, he dicho que no se desconectará.
─De acuerdo ─el doctor baja la cabeza.
Toco con cuidado al hombre en cama, la mayor parte de su cuerpo es normal pero los dedos de los pies y manos están rígidos. Sus rodillas comienzan a mostrar dureza, necesitan arreglar esto rápido.
─Me encargaré de esto después ahora quiero estar a solas con la señora Olson, ¿puede salir?
El doctor sale sin más y Violeta me mira mal.
─No pides permiso, ordenas.
Cubro mis labios ocultando una sonrisa pero ella no disimula a la hora de reír frente a mí, luego de un rato poso mis ojos en el hombre en cama.
Dios, me estoy metiendo en esto realmente.
─Billie, hay algo más...
─Dímelo.
─A Maximiliano nunca le gustó la monogamia y siempre estaba metido en sus asuntos así que no hay ningún heredero, no hay legado ─susurra y puedo ver un poco de vergüenza en su rostro─. Me gustaría que le dieras un hijo a Maxi para que nuestra familia continúe aún con nuestras muertes...
Ya sabía que eso pasaría pero el que Violeta lo dignifique con palabras es peor de lo que imaginé no obstante ya había acordado esto con mi padre desde antes así que solo me queda asentir.
─Lo sé.
─Oh querida, que bueno es maravilloso ─la alegría no cabe en ella mientras yo estoy muerta de miedo.
Violeta se levanta y me insta a seguirla así que eso hago, caminamos por los pasillos hasta salir a los jardines, ahora pienso que son su lugar favorito.
─La boda se hará en dos días y la visita al doctor se realizará mañana para que los resultados estén listos a tiempo ─informa mirando al cielo.
¿Dos días?
─Ni siquiera he elegido nada para la boda ─reclamo deteniéndome en seco.
─Querida ─se gira y toma mi brazo─, ya está todo preparado desde hace semanas.
Carajo.
─Bien.
─Mañana irás a la cita con el doctor y allí dejarás que te examinen bien. Tienen que determinar que puedas tener bebés, entre otras cosas.
─Violeta yo quiero decirte algo...
Bajo la cabeza avergonzada pero ella niega rápidamente tomándome del mentón.
─No, nada de eso. No importa si no eres virgen querida...
─¿Que? ¡No! Es lo contrario ─suelto asustada─, es que soy virgen...
Violeta me mira con adoración y me abraza más emocionada que antes.
─Eres perfecta querida.
Carajo, no sé si debí decirle o no pero ahora ya está hecho y yo tengo que ir a una cita con una doctora mañana para que me embaracen siendo virgen.
─Le diré a Eddie que te dé tu agenda ─dice Violeta mientras pasa por mi lado.
─¿Mi agenda?
─Necesitarás una ahora que tienes tantas cosas que hacer, puedes llevarte a quién más te guste para que te acompañe y sea tu Eddie ─bromea tomando el brazo de Eddie.
Me río despacio y, cuando desaparece, suelto un suspiro como si hubiera estado conteniendo la respiración por mucho tiempo. Me hice amiga de mi suegra y resulta que ahora me trata como una empleada y eso me causa muchos problemas. Es horrible por que no la quiero decepcionar pero tampoco quiero tener un hijo tan joven, quiero estudiar.
Carajo.
Eddie deja una de sus famosas carpetas en una mesa y me sonríe con amabilidad antes de desaparecer, miro la carpeta verde notando lo ajetreado que será mi día de mañana.
A primera hora tengo que ir a ver a la doctora Helen, luego tengo que ir a la prueba del vestido y finalmente preparar mi mudanza y despedirme de mi familia.
Siempre pensé que cuando me casara estaría perdidamente enamorada pero ahora solo puedo ver la mejor parte de esto y es que el hombre en cama no tiene la culpa de nada así que me casaré y seré la mejor esposa de un hombre en coma que pueda haber.
Me casaré y seré inmensamente feliz.