Capítulo 3

2805 Palabras
El consultorio de la doctora Helen es más claro de lo que esperaba la verdad, paredes blancas y batas rosas. La mujer es muy buena mostrando su estilo, desde su escritorio con folders de diferentes colores hasta las hermosas cortinas en sus ventanas con ese modelo tan único. Observo la habitación con delicadeza mientras ella revisa documentos con minuciosidad pero no encuentro nada extraño más que su gusto en los tonos pasteles. ─Muy bien señorita Hughes, no tendrá problemas en embarazarse así que sugiero comenzar desde ahora para que no tarde mucho el proceso ─su mirada continúa en sus hojas mientras que yo he palidecido por completo. ¿Empezar de inmediato? Mi silencio alerta a la doctora Helen y ésta rápidamente se acerca a mí tomando mis manos con gentileza. ─Sé que puede ser aterrador pero créeme que te entusiasmarás muy pronto. El brillo en sus ojos es particular en este caso, sé que de alguna forma habla de manera personal pero no entiendo muy bien el porqué. Según Violeta ella es una mujer soltera y sin hijos así que ¿como sabría? Ella sonríe y como si leyera mi mente habla. ─Estuve embarazada hace tres años, antes de que mi esposo falleciera, tenía mucho miedo pero te digo la verdad ─explica sonriendo pero esta vez hay tristeza en su rostro─. Perdí a mi bebé y ahora es complicado claro, pero eso no te pasará a ti porque Violeta se encarga de ti personalmente. Suelta mis manos en un segundo y vuelve a sus hojas y folders. Que mujer tan extraña. A decir verdad si estoy un poco entusiasmada pero me da miedo, tendré un bebé con alguien a quién ni siquiera conozco y lo peor es que no será de la manera convencional. Carajo, me voy a embarazar y soy virgen. Aunque no quiero decir que preferiría acostarme con Maximiliano pero sería ligeramente más normal, Dios ¡estoy hablando de un pobre hombre en coma! ¡Un hermoso hombre en coma! Carajo. Una hora después me encuentro en el auto de Violeta con la cabeza llena de dudas estúpidas e imágenes del hombre en coma. Soy una terrible persona. ─Iremos a la prueba del vestido, Eddie ─ordena Violeta mirando mi agenda. ─Tendré una cena con mis padres ─comento volviendo a la realidad. ─Anótalo en tu agenda ─dice Violeta con una sonrisa colosal. ─¡Por Dios! Son mis padres, no olvidaré ir ─suelto con una expresión indignada. Violeta me ignora sonriendo pero me pasa la carpeta así que agendo la cena para poder estar en silencio y entonces Eddie se detiene. ─Llegamos. Estamos en el centro y por alguna razón esperaba que tardáramos más en llegar ¿que me pasa? Ambas bajamos del auto en un incómodo silencio, no sé que decir y ella tampoco así que caminamos hasta la entrada de una tienda enorme. Un enorme letrero se cierne en la entrada DREAM WEDDING es lo que enmarca. Vaya casualidad, mi boda soñada definitivamente no era así, no con un hombre que no amara, no con un hombre en coma. Al pasar una dependienta se acerca a nosotras con una sonrisa demasiado grande, el interés brilla en su rostro. ─Buenas tardes, mi nombre es Evelyn y me gustaría atenderlas el día de hoy ─se presenta con una inclinación. Demasiado para mi gusto y para el de Violeta al parecer por que le da una mirada que odiaría que me dedicara alguna vez a mí. ─Trae a Catalina ─ordena seria. ─Enseguida. La mujer ni siquiera pareció afectada por la actitud de Violeta así que deben conocerla, carajo. Una mujer de más edad aparece sonriendo de oreja a oreja pero a diferencia de la joven su sonrisa es familiar, amistosa. Su ropa impecable y su joyería costosa me hacen suponer que es la dueña del lugar y se confirma cuando se presenta ante mí. ─Mucho gusto, soy Catalina Kensington dueña del establecimiento y la persona que te atenderá está tarde y mañana si no te decides por nada hoy ─sonríe ofreciéndome su mano la cual acepto con una sonrisa rígida─, sin prisas. Su risa es casual, sin presiones ni interés. Cuando dirige su mirada a Violeta se abalanza sobre ella con cariño y las risas amistosas continúan. ─Violeta cariño, ¿como estás? ─Catalina no nos hemos visto desde tu boda con Kensington mejor dime ¿como estás tú? ─comenta Violeta y, aunque lo intenta esconder, sobresale su tensión al hablar. ─Bueno, Sam está bien si es lo que preguntas ─responde Catalina totalmente relajada─, pero mejor dime ¿que modelos quieres que les muestre? La tensión de Violeta aumenta pero como una buena mujer adinerada sonríe. ─Mejor pregúntale a Billie, ella es la que se casará ─dice pasándose detrás de mí. Catalina asiente con su actitud imperturbable. ─Mira te llevaré a la sección exclusiva pero guardarás mi secreto ─susurra riendo por lo bajo. ─Claro ─devuelvo su gesto pero con un poco de tensión. Estoy segura de que Violeta me trajo aquí por que ella es la mejor pero también sé que ellas dos tienen una historia así que no pretenderé que ella me cae bien solo por una primera impresión. Pasamos por largos corredores llenos de vestidos blancos y algunos en color pastel, zapatillas e incluso un par de vitrinas con joyería hasta llegar al frente de un espejo. Miro mi reflejo sin comprender, Catalina levanta las comisuras de sus labios al verme confusa y entonces pasa su mano izquierda por un lado y presiona un botón oculto haciendo que el espejo se deslice hacia la derecha dejando ante mí un enorme cuarto brillante repleto de vestidos que son simplemente perfectos. Cada prenda exhibida en un maniquí mostrando que cada pieza aquí es única y merece ser mostrada. No hay tubos con más de veinte prendas, solo maniquís con vestidos espléndidos y una vitrina con pocas joyas que, al acercarme mas, son de colección. Joyería muy costosa y vestidos de diseñador, es demasiado para un matrimonio concertado. Giro para irme de aquí pero como siempre Violeta me mira con ternura desde la puerta ya cerrada. ─Querida, déjame consentirte ─murmura con cariño─. Nunca tuve hijas y ahora te casarás con mi hijo así que... ─Violeta es demasiado... ─Catalina muéstrale las opciones que te mostré. Catalina me anima a seguirla y sin más opciones voy tras ella. Un vestido de sirena se cierne ante mí, una perfecta combinación de elegancia y sofisticación. La prenda se ajusta desde el busto hasta las rodillas resaltando las curvas en el cuerpo terminando con un elegante vuelo, sin duda es hermoso. El escote palabra de honor hacen la prenda demasiado formal, no me gusta. Es muy bonito pero no es para mí. ─Es demasiado ─susurro mirando el vestido fijamente. Catalina asiente como si ya supiera que descartaría la idea por completo. El siguiente es un vestido blanco demasiado grande, voluminoso a la vista y hostigante a decir verdad, el material luce algo bizarro y el modelo es demasiado infantil. Parece un vestido de quinceañeras no es algo para casarme por lo que ni siquiera hablo, niego con fuerza a lo que Catalina responde riendo y pasando a la ultima opción. Un hermoso vestido de novia clásico, elegante pero lindo. Un perfecto escote de corazón, satén y encaje creando un aspecto opulento y pedrería dándole brillo a la prenda aunque por sí sola resalte. Mangas largas transparentes adornadas con bordados delgados, según lo que mi madre me ha contado algunos diseñadores usan hilos de oro o plata para estos diseños exclusivos. No sé si este es el caso pero estoy segura de que si tengo que elegir este es el vestido seleccionado. ─Este me gusta ─digo admirada. ─No había tres opciones, querida ─menciona Violeta a mi espalda orgullosa de mi elección. Catalina se dirige a la puerta y sale dejándome a solas con Violeta. Sin poder resistirme me acerco con sigilo y hablo en voz baja. ─¿Que pasó entre ustedes? ─Nada ─miente Violeta nerviosa. ─Vamos, dime... ─Bien. en la casa ─acepta mirando a la puerta. Asiento sin querer molestarla pero es que la tensión entre ellas dos es muy evidente, ella no le tiene tanto aprecio a Catalina como supuse cuando las vi. Debió pasar algo con el tal Sam porque fue después de su mención que Violeta se puso aún peor que cuando la vio. Catalina entra con la chica de antes, quien continúa con su enorme sonrisa interesada. A su lado la acompaña otra joven, sonriente pero más disimulada. Ambas se dedican a quitar el vestido del maniquí con sumo cuidado mientras que nosotras esperamos pacientemente a un lado, pienso en ayudar pero Violeta me mataría así que desisto incluso antes de dar un paso. Las chicas terminan y Catalina me invita a seguirla a lo que pienso será un probador para ponerme el vestido. Al ver a dos jóvenes más entrar a la sala me entra el pánico, será más tardado de lo que pensé. Las mujeres empujan un carrito con zapatillas hermosas y según Violeta me tengo que medir todo al igual que los montones de joyería en las manos de Catalina. ─Todo tiene que ser perfecto, querida ─dice Violeta animándome a continuar. Carajo. · · · ─¡Todo quedó hermoso! ─exclaman a mi lado. Catalina sonríe con Violeta y conversan sobre mi boda y lo perfecta que será. Guardo silencio y camino lentamente con la cabeza en otro lado, no sé qué haré ni cómo será mi vida de ahora en adelante pero a partir de que dije que sí en mi hogar estuve segura de que ya nada sería igual pero ahora todo parece tan real que el terror me está atormentando. Violeta nota mi silencio pero no dice nada sino que se despide de Catalina y yo la imito queriendo salir de aquí lo antes posible, esto tardó más de lo que pensé. Para cuando salimos de la tienda la noche ha caído y la luna se asoma en el cielo hermosa. Mantengo mi mirada en el cielo por un momento hasta que siento a Violeta tomando mi brazo, la miro y noto que ella también esta viendo el cielo. ─Es hermoso, ¿no? ─pregunta serena. ─Lo es. ─Cuando era joven y tenía miedo solía ir a los viñedos y caminar por los largos senderos solo con la naturaleza a mi lado ─cuenta con añoro─. Era tan tranquilizador que cuando volvía a casa nada me arruinaba mi día. ─Vamos ─animo señalando la camioneta. Violeta sonríe pero de un momento a otro su gesto cambia, decae de una manera impresionante. Toca su pecho con dolor, respira un par de veces y antes de que pueda hacer algo Eddie se acerca a nosotras y se lleva a Violeta de la mano. La sube a la camioneta y yo la sigo preocupada por su estado. ─¿Que pasa, Eddie? ─pregunto al lado de Violeta pero me ignora cerrando la puerta. Violeta respira una y otra vez. Al cabo de unos minutos se estabiliza y habla. ─Lleva a Billie a su casa, tiene una cena con sus padres ─ordena con la voz quebrada. Carajo, la cena de mis padres. ─Lo había olvidado ─susurro tocando su brazo con cariño y preocupación. ─Te dije que vieras tu agenda siempre ─suelta sonriendo, apenas. ─Me quedaré contigo ─digo firme pero ella niega con su típica sonrisa de que nada malo pasa. ─Nada de eso querida, irás con tus padres. Eddie gira el volante directo a mi casa como si ya supiera lo que Violeta diría y antes de que pueda pedir otra cosa ya estamos delante de mi hogar. Carajo, no me quiero ir. ─Violeta... ─Querida, mañana te espero a las 9 de la mañana para ir con el padre ─dice la mujer testaruda─. No olvides tus papeles por favor. Sonrío intentando mantener la calma pero sin poder estar tranquila anoto mi número en el celular de Violeta sin embargo ya se encuentra ahí. ─¿Creerás que no tengo el número de mi nuera? ─bromea. ─Llámame si necesitas cualquier cosa, por favor. Asiente y Eddie me abre la puerta claramente corriéndome del auto. Niego sin gustarme para nada la idea de dejarla sola pero bajo, la miro una última vez pero ella solo sonríe. ─He estado sola por cinco años, no te preocupes por favor. El hecho de que lo diga me hace sentir peor, desearía poder haberla conocido antes pero sin más que hacer me doy la vuelta caminando hacia la casa de mis padres. El sonido de las llantas sobre el asfalto me hacen saber que se ha ido y una lágrima resbala por mi mejilla, últimamente no sé que me pasa y llorar ahora me lo confirma. Ni siquiera conocía a esta mujer hace veinticuatro horas pero aquí estoy llorando por dejarla sola cuando se siente mal. Entro a la casa donde crecí con el humor por los suelos pero el sonido de unos piesitos corriendo me hacen sonreír, apenas. Maggie aparece frente a mí sonriendo radiante aunque hay cierto dolor en ella. ─¡Te fuiste mucho tiempo! ─acusa cruzando sus pequeños brazos. ─Solo fue un día ─contraataco cruzando los míos. ─¡Es mucho tiempo! ─No lo es. ─Si lo es. ─Ya estoy aquí así que mejor ven a abrazarme ─pido rindiéndome. Maggie se abalanza sobre mí como de costumbre y no dudo en atraparla y besarla dándome cuenta de lo mucho que la echaba de menos. Tiene razón, fue mucho tiempo. Mis padres entran a la habitación, ambos en pijamas. ─Es muy tarde Billie ─dice mi padre de malas. ─Lo siento ─dejo a Maggie en el suelo─. Tenía cosas que hacer. ─¿Que pasó? ─pregunta mi madre nerviosa. ─Necesito hablar con ustedes en privado. Ambos asienten, mi madre toma a Maggie de la mano diciendo que van a dormir mientras mi padre y yo subimos hasta su estudio. Es la primera vez que nosotros tendremos una conversación real sobre un asunto serio y eso me da miedo. La puerta se abre y mi padre enciende las luces dejándome ver el desastre que hay dentro. ─¿Que pasó aquí? ─cuestiono al ver todos los papeles regados y los vidrios en el suelo. ─Digamos que tuve una visita de mi cuñado y otra del banco. ─Carajo ─susurro al ver el desastre. Mi padre me mira mal pero finalmente se tumba en un sofá de cuero y toma un vaso con whisky que aún sobrevive en medio de la tormenta. Mi madre entra a la habitación mirando la habitación de la misma forma que yo pero ella decide guardar silencio, en su lugar se acerca a mí y me abraza fuertemente. ─Mi niña, ¿cómo estás? ─Supongo que bien. ─La señora Olson ¿te trata bien? ─Violeta es una mujer maravillosa ─digo separándome de ella. Mi madre me mira confusa. ─He hablado con ella y la verdad es que es una persona que ha pasado por mucho... ─Lo sabemos ─espeta mi padre seco. ─Me casaré con su hijo. Mis padres me miran cuidadosamente, la esperanza brilla en sus ojos pero antes de que me pidan algo me adelanto. ─Aún no sé nada sobre el dinero así que no se emocionen por eso, no tengo idea de que va a pasar cuando me case ─confieso mientras me sirvo un trago yo misma. Sus miradas se concentran en mí, nunca había tomado alcohol frente a ellos y ahora que lo hago no saben si decirme algo estaría bien y la verdad no me interesa. Me sirvo un poco de whisky maldiciendo mentalmente porque no hay hielos aquí. Tomo del líquido disfrutando del sabor al instante pero mi madre no se aguanta y se acerca a mí arrebatándome el vaso de las manos. ─No tomes ─ordena. ─En el momento en que esté casada con ese hombre empezarán los intentos de que me embarace así que déjame tomar un vaso de whisky en paz, ¿si? ─suelto de mala manera. Mi madre me mira comprensiva pero su reacción llega tarde, le quito el vaso de las manos y tomo todo el contenido de una sola. Ambos me miran terrible pero no me importa. ─¿Quieren algo más? Tengo que ir a hacer maletas. ─Te amamos... Miro a mi padre pero no dice nada sino que baja la cabeza avergonzado, genial. Salgo de la habitación y subo las escaleras directo a mi antigua habitación notando que ya no habrá días escondiéndome de mi padre o tardes mirando a mi hermanita mientras corre por la casa. Nada de Maggie corriendo o riendo en voz alta, nada de mi madre tejiendo en su habitación. Nada de mi padre gritándome. Se acabó. A partir de que acepté este acuerdo soy una mujer comprometida, una mujer que se casará con un hombre que no conoce y que si no despierta jamás conocerá.
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