Capítulo 4

2055 Palabras
Mi reflejo me asombra, todo en mí cuesta una fortuna pero nada en mí me define. La joyería hermosa actuando como cadenas y el costoso vestido como una prisión, el hombre con el que me casaré mi carcelero y los sirvientes una constante repetición de mis acciones y decisiones. Nada de esto se siente bien pero lo único que me alienta a continuar es mi familia y Violeta, quien no ha querido conversar sobre su repentino malestar. Ahora parece estar bien, delante de mí con su característica sonrisa amable en el rostro. Su mano sujetando el brazo de Eddie me hace saber que algo anda mal pero no me atrevo a preguntar por que hoy es el gran día, me casaré con su hijo. El sudor se presenta demostrando el terror que siento, mis piernas temblorosas y mi cuello con mucha comezón. Carajo. Me siento mal. Limpio mi frente con un pañuelo y respiro hondo, no me puedo derrumbar ahora. La puerta resuena con dos fuertes golpes, seguro Violeta mandó otra sirvienta para que me ayude pero harta de eso me levanto de la silla y tomo el ramo de flores. ─Estoy lista ─anuncio saliendo de la habitación. El reloj colgando en una pared al fondo me dice que faltan cinco minutos para que la boda se efectué, dado que el hombre con el que me caso no está despierto ni caminando solo vendrá un juez para casarme y luego de una firma en el documento se irá. Sencillo. Bajo las escaleras seguida por el sequito de sirvientas que Violeta envió para mí, todas las despaché, mi mirada se dirige al frente en todo momento. Me sorprendo al ver a mi familia de pie esperándome. La boda se lleva a cabo en la residencia Olson así que nos encontramos en el patio trasero, un lugar más amplio que donde Violeta y yo conversamos la primera vez. Los arbustos están recién cortados y el césped está de un extraño color verde reluciente. Nada en está casa es brillante así que el hecho de que este lugar se vea de esta forma solo me hace suponer que Violeta quiere que esto sea perfecto tal como dijo y mandó a arreglar este lugar. Los arboles se ven algo decaídos sin embargo han cortado cualquier hoja, rama o raíz que descuadre. El lugar es hermoso. Al centro una mesa con un ramo de rosas rojas y a la derecha una fila de personas mirándome atentamente. La primera mujer es joven, menor que yo quizás, su cabello es n***o y sus ojos relucen cafés como el resto de la familia Olson. Sin duda es pariente de Violeta. Su expresión no me dice nada, tiene la llamada cara de póquer. No me deja ver que piensa, no sonríe ni habla, solo mira con atención como los demás. A su lado está un hombre castaño, de tez blanca y manos cuidadas, por la distancia entre ellos diría que son muy cercanos, tal vez esposos o amantes. Violeta sonríe al lado del castaño mientras que a su derecha se encuentra toda mi familia, mis padres y mi hermana menor. Mi padre tiene su eventual mal humor y mi madre mantiene una sonrisa demasiado falsa para mi gusto. De mi hermana está de más hablar, esta mirando la casa con mucha curiosidad. Lo que de verdad me sorprende es la mujer al lado del juez, está lo suficientemente lejos para no ser visible para los demás pero yo la veo y también la recuerdo. La mujer que entró a mi habitación y me habló de una forma muy grosera. Nadia se llama, su cabello está más desarreglado que de costumbre y al ver que Eddie muestra la misma apariencia descuidada supongo que ellos tuvieron una pelea con un gato antes de venir o tienen una relación. Creo que es la segunda. El juez me anima a acercarme así que lo hago fingiendo mi mejor sonrisa, Nadia me lanza una mirada asesina que no logro comprender pero la ignoro fijando mi atención al hombre frente a mí. ─Buenos días, está mañana tan hermosa nos reunimos para unir en matrimonio a una joven pareja... ─comienza el juez. Escucho todo pero de repente no soy consciente de el momento en que todo se calla, un zumbido se oye en mi cabeza. Siento una gota escurrir por mi frente y maldigo mentalmente, estoy muy nerviosa pero no es hasta que el juez toca sutilmente mi brazo que me doy cuenta del lugar donde estoy y la pregunta que me están haciendo. ─Billie Hughes, ¿acepta a Maximiliano Olson como su futuro esposo para amarlo y respetarlo en la salud y en la enfermedad hasta que la muerte los separe? ─pregunta de nuevo. Miro a todos lados nerviosa, Nadia me observa como si esperara un error de mi parte para actuar mientras mis padres sostienen sus manos como apoyo entre ellos. Mi hermana está impaciente mirándome y Violeta sonríe confiando por completo en mí. Los dos que no conozco solo mantienen su rostro igual esperando el momento deseado pero mis manos no dejan de sudar. El juez guarda silencio pero no sirve, igual estoy demasiado nerviosa. Pienso en lo mucho que mi familia me necesita y en el cariño que le he tomado a Violeta y entonces me armo de valor suficiente para hablar. ─Acepto ─susurro rezando que nadie escuche. Todos sonríen, el juez incluido. ─Dado que el señor Olson no puede firmar la señora Olson será la que firmará el acta con el nombre del hombre. Violeta asiente feliz. Se acerca pero antes de que firme el juez me da el bolígrafo a mí. ─Firma aquí y será oficial. Miro el papel con terror, después de firmar todo se hará más real que antes. Cuando firme tendré que vivir en esta casa, tendré que dejar toda mi vida y mis sueños en el olvido. Dejaré todo por lo que he vivido para estar al lado de un hombre en coma. Violeta me anima con una sonrisa así que finjo una y tomo el boli, pongo mi nombre en la hoja. Todos aplauden detrás de mí pero no quiero mirar así que solo miro a Violeta quién ya está firmando con el nombre de su hijo. Y así me hice la esposa de Maximiliano Olson. . . . Después de la ceremonia nos dirigimos al comedor, todos se encuentran en un completo silencio disfrutando de los alimentos. Mis padres hablan entre sí de vez en cuando y mi hermana se muere por terminar para explorar la casa. ─Bueno, ahora somos familia señor Hughes ─dice Violeta rompiendo el silencio. ─Dígame Javier, por favor. Vaya, si que quiere que esto funcione. ─Javier ─sonríe Violeta amable─, ¿como va el negocio? ─Ahora mismo es un momento difícil ya que uno de nuestros inversionistas se ha retirado pero tengo fe en que esto pasará ─confiesa mi padre tenso. ─Oh, me encantará invertir contigo ─Violeta toma mi mano sobre la mesa así que sonrío. ─Claro pero tenemos que ver los datos primero, no queremos gastar en vano ─escucho a la mujer de cabello n***o hablar por primera vez. ─Kristen por dios ─Violeta sonríe incómoda, la está reprendiendo. ─¿Así que estás enamorada de mi hermano? ─me pregunta Kristen con una clara burla. ─Bueno a decir verdad... ─Billie, cariño no tienes que responder ─susurra mi suegra a mi lado. ─No te preocupes ─respondo apretando su mano─. A decir verdad no pero espero que un día despierte y pueda llegar a conocerlo. ─¡Vaya! ─su carcajada llena el salón de tensión─. Pues buena suerte con eso y no hablo de que despierte. ─¿A qué te refieres? ─pregunto mirándola fijamente. Violeta se levanta de golpe llamando la atención de todos los presentes. ─Kristen es suficiente. ─Mamá, ¿no le dijiste a Billie como es mi hermanito? No sé ni que preguntar primero, ¿hermana? ¿cómo es su hermano? ─Sal de aquí antes de que digas algo de lo que te arrepientas ─espeta Violeta con tono firme, no acepta un no como respuesta y Kristen lo sabe así que se levanta y sale. Me levanto ignorando los llamados de Violeta, salgo en busca de Kristen y tal como pensé la encuentro sentada en la silla donde Maximiliano tiene aquella foto. ─Maximiliano tiene una fotografía ahí donde estás sentada ─sonrío sentándome a su lado. Ella me mira con enojo pero puedo ver la tristeza en el fondo. ─Lo sé, yo se la tomé. ─¿Eran cercanos? ─mi pregunta la toma desprevenida pero vuelve a su expresión seria, esa que no me deja saber nada de ella. ─Lo éramos. ─Tu madre me buscó hace un tiempo por que quieren desconectar a Maximiliano ─comienzo a hablar, ella me pone atención pero sigue molesta─. Accedí a casarme con él y no desconectarlo, solo tengo una duda ¿porque necesitarme si tu puedes tener un hijo y continuar con el legado como lo llama tu madre? ─Es complicado ─su cuerpo se tensa así que tomo su mano que descansa sobre la mesa, sonrío ligeramente intentando darle apoyo a lo que ella responde suspirando─, no puedo tener hijos así que lo único que queda de la familia Olson somos mi hermano y yo. Aprieto mis labios, la miro comprensiva pero ella se aleja. ─No me veas con lastima. ─No es lastima Kristen, es comprensión ─digo sonriendo, me levanto y camino hacia la piscina─. Siempre creí que me enamoraría de alguien locamente y me casaría con él... ─Tu sueño se rompió ─espeta siguiéndome. ─No es así, quizás no me case por amor pero no me cierro a la idea ─sonrío intentando mantener la calma─. Espero que un día despierte y pueda conocer a ese hombre. ─Billie, ¿mi madre no te habló de Maxi? ─No lo hizo ─la miro y veo cierta preocupación. ─Billie, mi hermano es una persona difícil de comprender ─evita mis ojos mientras me cuenta un poco─. Él se volvió una persona muy fría cuando su hijo falleció, él estaba casado y ellos se amaban mucho pero cuando ella se embarazó los doctores dijeron que era riesgoso... ─¿Qué pasó? ─Se rehusó a darse por vencida así que siguió pero cuando cumplió cinco meses... ─suspira y me mira─. Ella comenzó a sangrar, para cuando llegaron al hospital ya había perdido al bebé. Siento la tristeza con la que me cuenta lo que dice, seguro era cercana con esa mujer. ─Después de eso mi hermano jamás volvió a ser igual, peleaba con ella todo el tiempo pero sé que aún se amaban así que lo intentaron. El día de la gala anual de los viñedos nevó mucho y ellos decidieron irse temprano por que su mujer estaba muy molesta con él así que se despidieron y se fueron. Un sollozo la hace callar pero cuando intento interrumpirla me detiene. ─No, espera. La miro tomar aire un par de veces y entonces habla. ─La carretera estaba mojada y ellos iban discutiendo así que perdió el control del auto, si le hubiera dicho que se quedara... ─Por Dios... ─Si los hubiera detenido ellos estarían... Sus ojos se cierran y lágrimas resbalan por sus mejillas. No tengo idea de porqué me contó todo pero asiento con los ojos vidriosos, me acerco a ella y la rodeo con mis brazos derramando algunas lágrimas también. No conozco a nadie de esta familia pero todos aquí están sufriendo mucho y eso hace que mi corazón duela. ─Perdón ─susurro abrazándola─, no debí decir nada. Kristen no dice nada, llora en silencio ante el recuerdo de su hermano mayor. ─Amber murió por mi culpa ─jadea llorando. ─Kristen, cariño no fue tu culpa ─murmuro entristecida ante la culpa que la ata. ─Tenía dieciocho años... ─Cariño ─tomo su rostro con amabilidad y la miro a los ojos rebosantes de sentimientos guardados─, no fue tu culpa, tu no sabías que eso pasaría. ─No supe del accidente hasta el otro día, no pude ver a mi hermano después de ese día... Dios. La atraigo a mí dejándola soltar todo eso con lo que ha cargado todos estos años, no puedo creerlo. Ella era una niña cuando comenzó a pensar que era su culpa la muerte de esa mujer y su hermano nunca estuvo aquí para decirle que no lo fue. Kristen no debió pasar por esto. Nadie debería.
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