Las flores cayeron de las manos de Marjorie cuando los labios de Henry se unieron a los suyos. Sus pies retrocedieron y su cuerpo se pegó contra la puerta, las manos del pelirrojo bajaron de sus hombros hacia las caderas de ella cuando ella respondió al beso. Era la cuarta cita, tres semanas habían pasado desde la primera cita. Iban a un buen ritmo, sin prisa. No quería arruinar las cosas, ni en lo laboral, ni en lo personal, por eso cada paso era el apropiado para saber cuándo las cosas no iban bien y descubrirlo antes de arruinarlo. Los labios de Henry la hacían suspirar, y ella también se acercaba a él. Hicieron una pausa para tomar aire, pero cuando las manos de Henry tocaron sus senos, Marjorie se detuvo. —Lo siento, Jorie —dijo Henry, mirando el rostro de Marjorie. Ella tenía

