Cuando todos salieron a almorzar, Marjorie respiró hondo, agradecida de haberse quedado sola. La mañana fue complicada para ella, muy dolorosa. De todos modos, tuvo que ir a trabajar. No se sentía bien, y la soledad momentánea le brindaba un respiro. Escuchó unos pasos acercarse y su corazón latió con prisa al saber que era Henry. Cuando levantó el rostro, allí estaba el pelirrojo, con su habitual sonrisa. —Jorie —dijo Henry, tomando asiento a su lado y acercándose para besarla. —Lo siento —dijo Marjorie, ladeando su rostro para evadir el beso—. Pensé que no llegaría, no me sentía cómoda con el lugar, a pesar de haberte dicho de vernos allí. Pero sí llegué —dijo Marjorie, viendo cómo Henry se tensaba al saber que ella sí estuvo en el club—. Te vi... —dijo en voz baja, con dolor en

