Capítulo 3
Había evitado durante todos estos días ir a la panadería, no quería volverme a topar con esa chica, no sabía que era lo que había pasado conmigo en ese momento cuando nos encontramos, pero no podía sacarla de mi cabeza, simplemente pensaba en ella casi todo el día, y era una completa locura dado que solo la había visto una vez, pero parece que no basto mucho, pues se había metido en mí, como ninguna otra.
Dean se convirtió en un excelente guía turístico, aunque sentía que su cometido era otro conmigo, no le tome importancia, me deje llevar por la hermosura de los lugares a los cuales me llevaba a conocer y disfrutaba a la misma vez de su compañía, era un chico amable y culto.
–Oye, chica nueva, ¿vamos por algo de comer? – me preguntó, al salir del edificio.
–Me parece genial, la verdad muero de hambre.
Otra de las cosas que no mencione sobre Dean, era lo mucho que me agradaba pasear con él en su motocicleta, me parecía una de las cosas más divertidas y podía disfrutar aún más de la hermosa vista de la ciudad, siempre le dábamos la vuelta a la torre Eiffel y yo me imaginaba algún día hacer una especie de camping con el amor de mi vida, aunque me habían dicho que en el lugar habitaban muchas ratas y era algo sucio, seguramente ya que, la ciudad no era tan limpia como llegue a creer.
Había estado tan asumida en mis pensamientos que, no pude darme cuenta en el lugar que Dean se había detenido, que, si me lo hubiera dicho antes, seguramente le hubiese rogado ir a otro sitio, pero para mí mala suerte ya se había aparcado frente a él, estábamos en panadería de Camille, me quite el casco con una expresión de molestia en mi rostro, lo único que me animaba era que iba a comer esa delicia francesa, y deseando a su vez, que Camille no estuviera en el lugar, lo más seguro era que, si la veía, mis nervios me tomarían por completo.
–Hacen los mejores croissants de toda Paris, son increíbles sé que te van a gustar.
Su vago intento por emocionarme, no estaba dando resultado, solo podía pensar en que seguramente me la encontraría, no estaba prestando ni la más mínima atención de lo que Dean me decía, yo miraba a todos lados como una psicópata, buscando rastro de ella, pero parecía que no estaba en el lugar, para mi buena suerte.
Extrañamente esa tarde el lugar estaba un poco vacío por lo cual había mesas disponibles, tomamos asiento mientras nos traían nuestra orden, dos croissants de chocolate, un café frió con extra de caramelo y una cerveza artesanal, obviamente el café era para mí y la cerveza para Dean, no entendía como podía acompañar esa delicia con una cerveza, era extraño, pero no le tome mucha importancia.
–El sábado una amiga dará una fiesta, ¿quisieras venir conmigo?
La idea de una fiesta no era algo que me desagradara, al contrario, me encantaban, pero estaba el pequeño detalle de que no vivía en mi casa, no era como en mi país que podía llegar a la hora que se me diera la gana, claro, sin contar con que al otro día recibía el regaño de mis padres, pero seguía estando en mi casa, ahora vivía en la de mi prima y era una completa falta de respeto que saliera de fiestas y llegara a media noche, no me parecía absolutamente correcto.
–Me encantaría, a decir verdad, pero estoy viviendo en la casa de mi prima y de Calvin, no me parece correcto que salga de noche y llegue tarde – le explique, encogiéndome de hombros.
–Calvin y yo somos amigos, puedo hacerle el comentario sin que se vea que te estoy sacando el permiso, le diré que tu negaste mi invitación y sé que como él es tan guay, me dirá que hablara con su mujer y luego contigo, para que te animes a ir sin ningún problema.
Bueno, a decir verdad, no estaba tan mal ese plan y podía resultar bien, hice una mueca con mi boca y le sonreí encogiéndome de hombros, esperaba que eso diera un resultado positivo, ya me moría de ganas por saber cómo eran las fiestas parisinas.
–Automáticamente cuando tomo una cerveza, siempre me dan ganas de ir al baño, ya vuelto – me dijo Dean, levantándose rápidamente de la mesa y caminando hacia el baño.
Ese café estaba realmente bueno, el caramelo le daba un toque aún más dulce que hacia perder la razón, vaya que en esa panadería todo era bueno, estuve pensando mientras la estocada a mi paz mental se acercaba a mi mesa, con una sonrisa en el rostro, y yo como tonta analizando el sabor del caramelo.
–Vania – me saludo.
Alcé mi rostro y no pude evitar sentir que me ahogaba con el café, la impresión de verla ahí me hizo una mala jugada, lo cual me hizo toser con fuerza, ella me miro con miedo y se acercó a la barra, pidió un vaso de agua y me lo entrego, tuve que tomarlo y beber de el para poder sentir mi respiración normal nuevamente.
–¿Estas mejor ahora? – me preguntó, con preocupación.
–Sí, muchas gracias por el agua – le dije, recomponiéndome, pero sintiendo mi garganta arder.
–Qué bueno, te vi desde que entraste, pero como estabas acompañada no quise molestar, me alegra que hayas vuelto.
Trata de no mirarla directamente a la cara, esa chica tenía una sonrisa que me debilitaba el alma, era algo increíble, pues nunca me había pasado igual.
–Sí, bueno, mi amigo me trajo acá, yo he estado ocupada en el trabajo – le explique, tratando de que mis nervios no me condenaran otra vez, y me hicieran pasar una escena ridícula como la de la tos y el café.
Note como Dean salía del baño y se topaba con un conocido, se dieron la mano y comenzaron a charlar un poco.
–Ya viene tu amigo, te dejo mi tarjeta, me gustaría conversar más contigo y tomar algo, puede ser aquí o donde quieras, se ve que eres una chica agradable, solo si quieres, siempre es bueno tener nuevos amigos cuando se llega a un lugar.
Me coloco la tarjeta en la mesa y me miro con una sonrisa, una sonrisa que me hizo erizar la piel, guarde la tarjeta rápidamente en el bolsillo de mi suéter, ya no me importaba si tenía novia, me había invitado a salir y no debería desperdiciar esa oportunidad, no sabía si tal vez estaba en planes de rompimiento con la chica o si ya habían terminado y por eso me invitaba, daba igual, quería verla nuevamente y poder tener el placer de su compañía.
–Una cerveza más y nos vamos – anuncio Dean, tomando asiento en la mesa y levantando la mano para que viniera el mesonero.
Yo tiré la vista hacia la barra y ella me miraba recostada de la puerta, yo no pude evitar sonrojarme y parecía que se había dado cuenta de eso, pues en su cara se formó una expresión de picardía, bajo la mirada y luego me volvió a mirar, esta vez con sus mejillas con un leve color carmesí, supe en ese momento que no le era indiferente a esa chica, y ella por supuesto que a mí tampoco.