El Interrogatorio del Pantera

1161 Palabras

La tarde caía sobre el rancho, tiñendo de dorado las paredes y filtrándose por la ventana de la habitación donde Serafín estaba sentada con los papeles sobre las rodillas. Llevaba horas repasándolos, con la disciplina de quien entiende que de aquellas hojas dependía su futuro. Nikolai entró en silencio. No llevaba su habitual gesto de dureza, sino algo distinto, una calma tensa. Cerró la puerta tras de sí, se acomodó el saco sobre los hombros y, sin previo aviso, dijo: —Levántate. Serafín lo obedeció, aunque con cierta confusión. Él tomó una silla, la giró y se sentó frente a ella, apoyando un codo sobre el respaldo. En su otra mano sostenía un cigarrillo que apenas comenzaba a humear. —Siéntate —ordenó, señalando la silla opuesta. Ella obedeció, acomodando sus manos sobre el regazo.

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