Emilio Estaba apunto de volverme loco, todo llegó a mi cómo una maldita ráfaga de aire, no pude ser tan estúpido y no darme cuenta. La volví a mirar, y aún seguía en silencio, se que me ama, lo se, todo su cuerpo me lo dice, sus besos, sus caricias, absolutamente todo. —Antonella, no me digas que no, se que tú y yo volveremos a estar juntos —dije, y dejé un beso en sus mejillas. —Es mejor que no volvamos a hablar de esto, creo que es mucho mejor —dijo, dejándome solo, ví como subió las escaleras, y yo solo me dedique a contemplarla. En fin, moví mi cabeza, tomé mi ropa y fui directo a la habitación de Ana, antes de ir a mi habitación debo hablar con ella. Toque suavemente, hasta que escuché su voz que indicaba que podía pasar. —¡Joven Emilio! —dijo, sin ni siquiera mirarme a los oj

