¿Quién se cree?

1064 Palabras
Emilio Algo debo pasar en ese maldito baño, o de lo contrario Mila no hubiera llegado de esa manera, aunque no es la manera. —Mima es mejor que vuelvas a tu silla, este no es momento —dije lo más sereno posible, ella más que nada sabía que está no era una cena normal y así accedió a venir conmigo, si hubiera sabido que se iba a comportar como una niña caprichosa mejor me busco una dama de compañía. Vi cómo todo su cuerpo se tensó y ante mi mirada fría, camino sin decir absolutamente nada hasta sentarse nuevamente a mi lado, claro está sin quitarle la mirada de encima a Antonella, que por alguna extraña razón se veía que lo estaba disfrutando. La cena siguió transcurriendo sin mayor contratiempo, aunque mi padre no perdía oportunidad para dejarme a un lado con mis ideas, por supuesto que no me deje, y dejé en claro que pienso tomar las riendas de las empresas de mi madre, después de todo el tiene sus propias empresas, de las cuales siempre me ha dejado en claro que yo no puedo opinar y decidir absolutamente nada. —Señor Lennox, fue un gusto hacer trato con ustedes. Señora Lennox definitivamente usted es la más hermosa de este lugar —dijo uno de los empresarios, que en toda la maldita noche no le quitó la mirada de encima a Antonella, y me jode que mi padre no diga absolutamente nada, es como se sintiera orgulloso de tenerla a su lado, es como si Antonella fuera un adorno para él. Acto seguido decidí colocarme de pie, despedirme de mi padre y salir de ahí, la verdad sentía que el aire me estába haciendo falta, ya no soportaba más este teatrito, y mucho menos verla a ella, que hoy más que nunca estaba hermosa, ese vestido rojo la hacia ver más sexi que nunca. Estoy más que seguro que si no la odiara de seguro le hubiera arrancando ese vestido y la hubiera echo mía. —¡Te sucede algo bomboncito!. —Salí de mis pensamientos y giré a ver a Mila, quien me miraba con curiosidad. —Si, me sucede que te pedí un simple favor, y por poco lo echas a la basura —dije algo ofuscado. —¡Emilio no me digas eso, que hieres mis sentimientos, créeme que hice lo que pude, pero tú madrastra no colabora mucho —dijo, frene el auto en seco. —¿Se puede saber qué sucedió con Antonella, maldita sea?. —Detuve el auto y la mire fijamente a los ojos, por supuesto que sé que algo sucedió en el maldito baño, no falta ser adivino, pero me encabrona que precisamente ella sea así, cuando se muy bien que en la universidad se la pasaba fastidiado a Antonella. —¡Bomboncito! Antonella me dijo que si ella te quería tener en la cama lo iba hacer, y que te arrancaría de mis manos, además de que ya tenía a tu padre y a ti por supuesto. —Doble mis nudillos, como se atreve a decir que me puede tener a mi. —Mila aún así, no entiendo tu manera de actuar, tu y yo no tenemos nada, solo te pedí un favor, y por poco lo echas a la basura —dije, tampoco puedo darle alas a Mila, ahora no quiero nada con absolutamente nadie. —Yo se que aún no tenemos nada, pero se que lo podemos tener, tu y yo tenemos buenas química, además somos de la misma posición social —dijo ella enredando sus dedos en mi saco. —Creo que lo hablaremos más tarde, ahora es mejor llevarte a tu casa, no quiero que tú padre me mate —dije, ella sonrió como si le hubiera dado una paleta a un niño pequeño, y canto durante todo el maldito canto, en verdad si no llegaba la iba a tirar lejos del auto antes que rompiera mis tímpanos., Deje a Mila en su casa, ahora lo único importante es llegar a casa, quiero dejarle las cosas claras a Antonella, quien se cree ella para decir o hacer cosas referentes a mi, es una insolente. Baje de mi auto, y vi que las luces de la habitación de mi padre aún estaban encendidas, no pude evitar maldecir, deben estar haciendo el amor como dos locos desenfrenados. Volví al auto, ahora no tengo ánimos de escuchar sus intimidades, la verdad no tengo a dónde ir, así que un club en este momento es la mejor idea que he tenido en las últimas horas. Llegué a un club, pedí una botella del mejor whisky, por supuesto, siempre me ha gustado lo mejor. —¡Así que mi amigo el cascarrabias ahora solo y sin mi!. —Me giré al escuchar la voz de Eduardo. —¿Qué diablos haces aquí? Te advierto si me estás siguiendo no vas a tener pruebas de absolutamente nada —dije, dejando salir una sonrisa. Eduardo ha sido mi amigo, desde que estábamos pequeños siempre fuimos unidos, se puede decir que él ha sido como mi paño de lágrimas, y de borracheras. —Jaja, no te sigo, solo vine a divertirte, ya sabes, cuando me aburro acudo a este club para levantarme una buena mujer —dijo llevando un sorbo a su boca de mi costoso whisky. —¡Hey compra el tuyo!. ¿Y desde cuándo terminaste con Camila?, creí que ella era tu alma gemela —dije mientras alzaba mi manos para que el mesero trajera otra copa. —No quiero hablar de ella, mejor pide otra botella, está no va durar mucho —dijo en medio de risas. Se que algo sucedió entre él y Camila, se suponía que ellos se amaban, claro está al igual que Antonella y yo. Creo que bebí hasta el agua del florero, hace mucho que no bebía tanto, pero debo admitir que pase la mejor noche. Eduardo insistió en traerme a casa, según él estoy más ebrio que él, en fin, preferí tomar un taxi. Introduje la llave, bueno casi en el quinto intento, pero al final pude ingresar, en fin, solo caminé por inercia hacia mi habitación. —¡Emilio!, ¿Qué haces ahí parado?. —Moví mi cabeza de lado a lado e intenté abrir mis ojos, ¿Dónde diablos me metí?, ¿Y mi padre?...
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