ELEONOR Pese a las protestas de mi padre, había decidido que era tiempo de tratar de recuperar mi vida; no podía pasar toda mi vida encerrada en mi casa, con la esperanza de que Aurelio no me quitara la vida. Eso sería recluirme y no aceptar mi destino. Sabía que iba a morir, en algún momento me llegaría el momento como a todos en el mundo. La muerte me alcanzaría, por más que tratara de evitarlo. Ese era el destino del ser humano, después de todo: dormir en los brazos de Aurelio. Camino hacia la ventana de mi amplia habitación y me detengo frente a ella, permitiéndome sentir el fresco aire de la madrugada. Las nubes aún se encontraban teñidas de n***o, dándole la batalla a los rayos del sol que trataban de hacerse presentes con el avance de los minutos que nos acercaban al amanecer. E

