03.- Princesa....
— Amo como se miran -dijo la pelirroja sentada a mi lado-
— Investigue un poco -murmure y ella me miró- la mujer está enferma de gravedad... sus días están contados
— No -susurro con dolor mirando a la pareja- el se va a romper cuando ella tenga que irse... podemos hacer algo y
— Mary -la frene y ella me miró con sus ojos llenos de lágrimas- así son las cosas y sabes que no tenemos permitido hacer nada a menos que de quien hablamos sea nuestro destinado y lo sabes muy bien
— No quiero verlo sufrir Dani, no quiero ver cómo se rompe -la abrace acurrucandola en mis brazos sintiendo su dolor- no quiero verlo llorar cuando ella se vaya
— Linda tú estarás ahí para el, se que con los humanos es más difícil lograr tener una relación pero inténtalo -murmure acomodando su cabello- el es tuyo desde que nació
— Si, yo lo intentaré -suspiro limpiando sus mejillas- vámonos tenemos que entrenar
Poniéndonos de pie caminamos de regreso al inframundo, necesitábamos estar lo suficientemente entrenados para lo que está por avecinarse.
Y conforme pasaban las horas y los días pasaron los meses, los entrenamientos se hicieron más intensivos pero sin exageración. La posible pelea se había logrado evadir por un tiempo pero eso no nos garantiza que en algún momento no se retome y tengamos que luchar. Elizabeth había hablado con su madre y por fin había conseguido que los celestiales dé alas blancas por fin hicieran algo al respecto, sobre su gemela o melliza Elena, su madre dijo que la detendría si volvía a hacer algo contra ella.
Mary se ha estado sobre cargando en los entrenamientos, de vez en cuando sale al exterior a ver al humano. La esposa del hombre está grave así que no dudo que pronto ya no respire más, los entrenamientos se han vuelto intensivos y las armas están terminando de fabricarse. Suspirando hice que mi katana se llenara de llamas y me lance hacia el frente para seguir mi lucha con mi compañero.
El sonido del metal chocando entre sí, las respiraciones pesadas, los leves gruñidos y el viento chocando en nuestros cuerpos era lo único que se escuchaba en la habitación donde entrenábamos. A nuestro alrededor estaban algunos de nuestros compañeros quienes descansaban y miraban la lucha, algunos cansados, otros aburridos y otros mas emocionados.
Dándole un golpe con mi pierna en su costado izquierdo salió volando y la lucha terminó, a lo lejos un el sonido de unas alas se hizo presente llamando la atención de todos.
Saliendo de la sala de entrenamiento mirando como Elizabet entraba a la casa junto a Abraham. La mire un momento antes de salir de el lugar rumbo a la pequeña casa donde vivía lejos de los demás cazadores.
[...]
Trote mirando el bosque a mi alrededor hasta detenerme al ver a un niño rubio de ojos obscuros mirarme con un arco y flecha en sus manos. Reí al ver como me apuntaba y restándole importancia seguí mi camino escuchando el pequeño asombro del rubio cuando la flecha que me lanzó se deshizo en el aire.
—Hola! -gritó corriendo tras de mi- oiga!
Lo mire sobre mi hombro sin dejar de correr y sonreí levemente al verlo casi cerca de mi, me detuve haciendo que chocara contra mi espalda.
—Au! -se quejó sobando su nariz- avisé
— Se te ofrece algo niño? -el asintió y sonrió- que?
—Como hizo para que la flecha que le lance se convirtiera en polvo así de rápido? -alce una de mis cejas y suspiré-
— No te importa ahora vuelve a tu hogar -y dicho eso volví a correr en dirección al mar-
—Oiga! -gritó antes de dejar de sentir su presencia cerca de mi-
Estaba en territorio de elfos así que me convenía estar alejado de ese pequeño, con un poco de esfuerzo logré subir a un árbol y comencé a saltar de rama en rama, de árbol en árbol.
El llanto de un pequeño ser llamo mi atención haciéndome detenerme en seco, busque el origen de el sonido y vi un arrollo profundo. Baje del árbol y camine con cautela hacia el filo de el acantilado, de una raíz colgaba una pequeña de cabello castaño y ojos azules.
— Oh linda ven -me acoste pecho tierra estirando mi mano para tomar con delicadeza su mano- dame tu mano
La pequeña entre llantos hizo el esfuerzo de estirarse y tomar mi mano, en cuanto la tome con firmeza la subí viendo su cuerpo rasguñado. Había sangre en uno de sus brazos, lo revisé con cautela y la tome en mis brazos para llevarla a su hogar.
— Como te llamas pequeña? -en un sollozo la pequeña me miró y susurró su nombre-
—Indis -su voz se quebró un momento y me tensé-
— Mi nombre es Danilo Princesa, un gusto conocerla -la castaña me miró un momento aferrándose a mi camisa-
Con las indicaciones que me daba llegue a la entrada de lo que parecía ser el pueblo de los elfos, algunos guardias se alteraron al verme con la pequeña en mis brazos.
— Solo la traigo de regreso, tiene su brazo herido estaba colgando de un acantilado -uno de los guardias la tomó y estaba dispuesto a correr cuando la pequeña lo detuvo-
— Gracias por salvarme caballero -dijo de manera educada mientras limpiaba sus mejillas-
—Un placer ayudarla princesa -puse una de mis manos en mi pecho y la otra en mi espalda inclinando un poco mi cabeza-
La pequeña sonrió agradecida y mirando al guardia partir dentro del pueblo comencé a caminar lejos de ese lugar corriendo do entre los árboles. Al llegar al mar me lance viendo cómo un portal al inframundo se abría de golpe haciéndome asustar, caí sobre el jardín lleno de flores nocturnas aplastándolas en el proceso de cierto reino del inframundo.
— La puta madre Eliza! -grite enojado levantando mi rostro para toparme con la pelinegra riéndose a carcajadas-
— Perdóname gatito -corrio y me ayudo a levantarme- destruiste mi jardín! -comenzó a quejarse y me golpeó con poca fuerza mi costado derecho-
— Ay -me queje sintiendo el aire abandonar mis pulmones- maldita -murmure y la empuje con suavidad- tu tienes la culpa por que me abres el portal de esa manera idiota!
— Pues te estaba buscando y me pareció buena idea traerte así pero no pensé que cayeras -dijo con una risa nerviosa jugando con la corona en sus manos-
—Un telegrama funcionaria sabes? -dije con sarcasmos y ella bufó mirándome mal-
— Si claro viejo de mierda -dijo en broma y la mire fingiendo estar ofendido-
—Oye no para viejas tú y tú puta madre, zorra -ella me miró divertida y me empujó-
Dejó su corona en la meza de té y comenzamos a "pelear", la empuje haciendo que saliera volando lejos de el lugar en el que nos encontrábamos. Pasados unos minutos después de unos cuantos empujones y golpes suaves nos detuvimos entre risas.