Capítulo 7: Pruebas
【Aurora】
Justo hoy cumplo una semana de haber regresado del hospital, mi madre solo eso me dijo que los golpes fueron muy fuertes y me abrí un poco la frente donde me pusieron algunos puntos, con la caída se me fracturó la tibia, fue una fractura más severas que requirió una cirugía donde me colocaron una placa y tornillos, una varilla o un fijador externo, más el doctor me dijo que tuviera permanente descanso.
No me causa satisfacción saber que voy a estar un mes o más, depende como me sane o como quede, si necesito fisioterapia o no, sin ver a mi amiga o sin ir a las clases de tenis que al fin de cuentas les agarre cariño. Me había empezado a gustar salir de mi casa, ya que últimamente en mi hogar se siente muy incómodo.
De vez en cuando, estoy durmiendo siento que me observan y la intensidad de aquella mirada que me ronda por las noches es lo que me despierta. Lo primero que hago es ver qué hora es, siempre es lo mismo a las 2 o 3 de la mañana.
He empezado a leer sobre eso y según internet dice que son las horas de aprendizaje, donde es la mejor hora para meditar o hacer cualquier actividad que te conecte con los espíritus que te cuidan desde el más allá.
Aunque según mi abuela que murió hace cuatro meses, decía que esa era la hora del Diablo, eso siempre de pequeña me causó pavor, casi todas las veces que me despertaba a esa hora cerraba los ojos y me ocultaba bajo las sabanas.
Sin embargo con el tiempo se me olvidaba así lo fui superando, hasta encontrar con estos aprietos después de años.
—Cariño, ¿Necesitas algo?. — Doy un respingón cuando mi madre se asoma por el marco de mi puerta para preguntar, suspiro aliviada al ver su sonrisa cálida. «Sé que está pasando por mucho, pero ver su sonrisa es como volver a casa para mí».
—Eh… (Tanteo un poco mis sabanas para ver si requiero de algo)… Sí mamá tengo hambre además ya me leí el quinto libro de Harry Potter, ¿Me consigues por favor la sexta edición? Por favor… Disculpa…— Me corta antes de que termine de ser cortes con su persona.
—Si vas a decir “Disculpa la molestia”, no eres ninguna molestia para mí lo eres todo, así que no te disculpes, además tu amiga Paula es muy insistente por eso la invite a pasar antes de que siguiera tocando el timbre. — Me avisa, mi madre es muy condescendiente conmigo, acepto que me haya corregido, pero por mi mente nunca pasó que viniera Paula para acá.
—Buenas, permiso… (Alza la mirada ya que la tenía abajo)… ¡Aurora, qué te pasó!. — Tira su mochila, se abalanza sobre mi cama y me abraza sin ningún cuidado.
—Vi que ya tenías una semana desaparecida y decidí venir a ver como estabas y todas esas corazonadas eran ciertas. — Me asegura con lágrimas que caen de sus ojos y me humedecen el cuello.
—Paula también es una buena sorpresa tenerte aquí, pero me estás apretando y me duele mucho. — Me quejo ya que está apoyando su torso sobre el mío y su pierna me roza justo donde tengo la herida. Como si la hubieran electrificado, se separa de mí de golpe y casi se cae de la cama, no obstante logra sostenerse.
—Disculpa, disculpa no era mi intensión. — Se disculpa y le hago un ademán con la mano para decirle que se detenga. Que todo está bien.
—Entonces, ¿Me puedes decir que pasó contigo?. — Inquiere mientras que se levanta y busca su mochila y se vuelve a sentar en un lado de mi cama.
—Bueno me caí de las escaleras eso es todo. — Me excuso, le digo media verdad, no es como mentir es solo ocultar la otra mitad de la verdad. No le quiero confesar toda la verdad ya que no creo que me tome en serio si le digo lo que sentí.
—No te creo para tener esa actitud corporal, no es toda la verdad te conozco desde muy niña y sé que me ocultas algo, solo dilo no te juzgaré. — Se coloca una mano en el pecho y la otra la tiene en el aire demostrándome que no tiene ningún dedo cruzado. Siempre he contado con ella, nunca ha divulgado nada, por lo que yo sé, ella es como yo introvertida así que no sé a quién le podría decir, sin embargo no la quiero subestimar.
—No sé si me vayas a creer, pero bajando las escaleras sentí que alguien me empujo, rodé y cuando ya estaba en el suelo al final de la escalera, sentí y me susurraban que me entregará y que todo sería mejor si yo me entregaba. — Le doy un breve resumen de la experiencia paranormal, que a decir verdad no se lo quiero decir directamente.
Por lo mismo no sé si vaya a decir que soy una loca o sí que la caída que causó el golpe en la cabeza me arruino el cerebro. Así muchas burlas crearon toda la inseguridad por ser víctima de Bullying en la escuela cuando tenía unos ocho o nueve años.
Por esa misma razón estuve tanto tiempo recibiendo educación desde casa hasta que mi padre dijo que era suficiente, nuevamente a los quince años volví ahora a la secundaria, nadie se acercaba a mí por ser “rara”, yo nada más me quedaba en compañía de Paula.
A mis padres no les gusta perder tiempo y menos si respecta a sus hijos, por lo que ya he estado yendo a la Universidad, sin embargo apenas estoy comenzando el primer semestre, no he recibido muchas clases, solo las suficientes para tomarle cariño. Las veo como un break de mi hogar.
—Entonces, quieres decir que alguien te empujo, ¿Y no viste quién fue? — Su interrogativa me dice que no entendió nada, eso me da la oportunidad de repensar las cosas de manera tal que quizás no tenga la necesidad de decir que fue un asunto paranormal.
—Ah, es que te susurraban, entonces…— Le corto, no quiero que termine.
—Si paranormal, ya lo dije. — Me sorprendo a mí misma contándole la verdad, me tapo la boca con las dos manos, ella se queda seria y asiente lentamente de arriba abajo sin quitarme la mirada de encima.
—Ya veo, casualmente para no aburrirnos te iba a proponer un juego…—Abre su mochila y saca un tablero que tiene marcado todo el abecedario y los números del cero al nueve, saca como una “Guía” que en el medio de esta tiene un cristal.
No me está gustado para nada esto al ponerlo sobre la cama, la colócala más cerca de mí, pone sus dedos en ella esperando a que yo haga lo mismo.
—No Paula, no quiero jugar a eso. — Me rehúso, me cruzo de brazos, mirándola seriamente. Ella pone unos ojos tristes, fruncido un poco el ceño y realzando un poco su labio inferior. Pero, más yo ladeo la cabeza.
—Por favor es solo una partida, te lo ruego. —Niego con la cabeza de nuevo, me niego a participar en ese juego he visto varios videos en You tube, esas personas que juegan eso tiene muy malos resultados, jamás le desearía eso para mí.
—Vamos y así veremos que te atacó. — Me sigue insistiendo, yo antes sus insistencias accedo, sin embargo en mi mente le ruego a la energía que me acompañó aquel día que no quería volver a casa. Que haga acto de presencia y que me cuide y me rodee de ese olor tan exquisito que tiene.
Cuando lo huelo me siento segura, quizás sea mi abuelita muerta, espero que me cuide. «Por favor cuídame y rodéame de tu hermoso olor ».
Ponemos los dedos sobre la guía, no sé qué recita, porque estoy muy nerviosa, sentimos que la guía se mueve por sí sola, cierro los ojos no quiero ver que palabra está formando la ouija.
—Ah… ah… Aurora, dice que está aquí y que solo tú puedes preguntarle cosas. — Me informa, abro los ojos y ella tiene toda la cara pálida, pienso algo rápido y lo digo en voz alta.
—¿Por qué me atacaste?. — Pregunto y de inmediato la guía se mueve y atenta cada letra formamos una oración.
—Por…que… quiero…tu…cuerpo…—Responde el ente trago grueso, nada más me quiero ir de aquí. No quiero seguir, ya quiero que termine porque siento como mis pies se ponen fríos. «Como aquella vez».
—¿Puedo salir del juego?. — Pregunto, otra vez se mueve esto, de manera lenta y concisa.
—No…puedes…apenas…comienza…el…juego…— Se cierra la puerta de golpe, Paula sale volando hacia la pared, estrellándose contra esta, veo que cae al piso.
—No le hagas eso, ¡Por favor!, ¡Aparece suave aroma!. — Le ruego al suave aroma que me proteja, veo que el tablero vuela de mis manos, me quitan las sabanas de encima, pero con lo que no cuenta es que antes en una de las noches cuando me despertaba en la madrugada, me puse una cadenita de oro que tiene como dije un medallón pequeño de oro el cual tiene al niño Jesús en él.
Siento que me toman el cuello con fuerza, hasta que me sueltan, me dejo caer en las almohadas que tengo detrás de mí. Porque se quemó con la imagen sagrada.
Veo frente de mi un ente maligno todo su ser es de color oscuro como en una cueva de noche, se acerca más y más a mí. Pongo mis manos en mi pecho sosteniendo mi dije con fuerza.
—Por favor… Aléjate. — Le ruego con los ojos llenos de lágrimas, siento como me toman las manos y me las jalan y accidentalmente por la fuerza yo misma, me quito involuntariamente la cadenita que colgaba de mi cuello.
—Ahora…si serás…mía…— Es lo último que me susurran.