Capítulo 6: Respuestas.

1646 Palabras
Capítulo 6: Respuestas. 【Keigo】 Me he quedado toda la noche y todo el día y toda la noche vigilándola con paciencia y cautela. He observado que su madre se ha quedado aquí. Pasando el mismo tiempo que yo en esperar cuando se despierte. Todos los Ángeles en entrenamiento tiene un collar con el dije de una piedra Ámbar, por allí nos comunicamos. Cuando brilla es que se requiere tu presencia en el monasterio y cuando su luz se apaga es porque no te necesitan en un lugar en específico. Cuando titila es algo urgente y cuando brilla y no para de hacer por un periodo largo de tiempo es porque estás en severos problemas. Y la mía solo está brillando, se apaga, pero no titila, nada más se requiere mi presencia en el monasterio, pero deben de entender que estoy ejerciendo mi misión y más si se me ha conferido más temprano que a los otros Ángeles. —Doctor, ¿No sabe cuándo va a despertar?. — Inquiere la madre de Aurora al doctor, él sonríe de medio lado e inclina un poco la cabeza. —Ya han pasado dos noches y un día, ya debió haber despertado, como vio ya revisamos su estado y está estable, todo anda bien con ella nada más queda esperar. — El doctor le pone su mano en su hombro en forma de consuelo y la deja en la habitación. Ella se tumba desconsoladamente al lado de la cama de Aurora, le toma la mano. Llorando la mira. —Hija… (Solloza)… Por favor despierta, te lo pido. —Al decirlo último se le va la voz. Yo en verdad quisiera decirle que todo va a estar bien, lo sé porque su alma está en su cuerpo, pero no ha despertado porque se está recuperando de toda la energía que le gastó el ataque del demonio. —Brother, te están llamando en el monasterio y creo que te van a armar una bronca. — Me advierte Alan, sé que acaba de venir olio su olor de rosas, no volteo tengo la vista fija en Aurora. —No puedo irme de su lado, mira lo que le sucedió… (Levanto la mano para señalarla)… Mientras que no estuve con ella. — Por mi mente pasan las escenas de cuando estuve con el Arcángel Miguel, no quiero que esto vuelva a suceder y menos si no sé la fuente de lo que le causa. —Tranquilo puedes ir, el Arcángel Rafael estará aquí pronto. — Me informa, ambos sabemos que está aquí, porque sentimos el aire recorrer nuestros cuerpos de manera brusca, los dos miramos hacia el Arcángel Rafael, nos saluda con la mano. Él es el más simpático de todos los Arcángeles, aparte de Gabriel, todos los demás son muy serios, distantes y frío, nada más de la corte son siete, pero son muy fuertes. —Bien ya se pueden ir la cuidaré. — Nos menciona con su famosa sonrisa carismática, dicen que cuando le sonríe a las rosas del Edén ellas bailan y abren sus pétalos para él. —Gracias. — Le devolvemos la sonrisa y con nuestras alas nos impulsamos, atravesamos los pisos y el techo del hospital, no voy a mentir volar se siente genial, es como liberar una presión que obviamente te reprimía, eso pasa cuando no vuelas por mucho tiempo. Por lo menos en los Ángeles de nuestro rango se sienten tristes y cohibidos, si no utilizamos nuestras alas por mucho tiempo. Como siempre llegamos hasta lo más alto del cielo, esperamos a que las nubes estén listas para hacer el cambio, lo hacemos de forma inmediata cuando están listas, en verdad uno de mis secretos es que no me gusta ver cómo hacemos el cambio por el portal. Esa es la razón por la que cierro los ojos, justo es como si estuviéramos pasando por en medio de una tormenta, puedes ver como se forman los rayos y eso me causa angustia, más no lo demuestro. Otra vez siento como si estuviera en la gravedad cero, levitamos así no más, no tardo en abrir los ojos, tomo el control de mi cuerpo de nuevo y vuelo hacia la puerta del monasterio. Atravesamos la puerta de madera y usamos los pies, caminamos hacia el santuario que allí es donde habitualmente está el rector, sé que tengo que hablar con él, porque mi dije está titilando y no es muy bueno que digamos. Estamos frente a las puertas, camino unos cuantos pasos y me percato de que Alan se queda atrás volteo, sus ojos miran a los míos despidiéndose, le pelo los ojos obligándolo que me acompañe, pero el tarado arquea una ceja y se encoge de hombros, a lo que yo ruedo los ojos y abro la puerta para acabar con la angustia. —Buenos días rector Scott ha solicitado mi presencia. — Me arrodillo de una sola rodilla apoyando mi brazo en mi pierna y bajo un poco la cabeza de notando respeto. No importa sí él está de espaldas meditando, los Ángeles de mi rango lo tenemos que hacer porque eso fue lo que nos inculcaron. —Si señorito Keigo pasé y siéntese en el piso. — Me indica y lo hago tal cual, avanzo unos pasos y me acomodo en el piso frío que me hace suspirar, porque tal vez esté aquí un buen rato. —Bien, como era de esperarse no cumplió con el entrenamiento…— Le corto lo más rápido posible. —No señor disculpe que lo interrumpa, es que yo tuve que ir a cuidar a mi protegida y…— No me deja terminar de confesarle que fue lo que realmente sucedió. Suspira — Eso no es motivo suficiente como para dejar a Gili triste, además por lo que llegue a escuchar fue el Arcángel Miguel quién salvo a la chiquilla, ¡No cumpliste con tu deber!. — Me grita. —No señor, no cumplí con mi deber porque primero iba a cumplir mi deber como Ángel en entrenamiento hasta que sentí un dolor en el pecho y tuve que irme a ver como estaba mi protegida y cuando llegue ya era muy tarde, ¡Y no sabe el dolor que sentí al enterarme que no estuve como su Ángel Guardián para salvarle del demonio!. — Subo un poco mi tono de voz intentando de no faltarle el respeto al rector. —¿Tú le diste la rosa blanca a ella?, ¿No es así?. — Inquiere con un tono de misterio sin perder la compostura. —Sí… Y eso qué. — Le respondo resentido, no sé cuál fue la gravedad de asunto al yo entregarle la rosa a Aurora. Porque Josh se resintió al igual que el rector. «Dios, ¿Qué me hiciste hacer?». —Pues oficialmente ya eres su Ángel guardián, literalmente al entregarle esa rosa blanca firmaste una conexión con su alma diciendo que tú eres el único que puede protegerla, guiarla y salvarla, exceptuando esos casos como el que le ocurrió que la salvo el Arcángel Miguel. — Me explica con un tono más neutral que el de antes, ahora lo comprendo todo muy bien y en la situación que me ya era destinado a estar. —Antes de que digas otra palabra, los Ángeles que pertenecen al custodio, para graduarse tiene que hacer lo que ya tú hiciste, te saltaste toda la ceremonia y todas las formalidades, pero entre tú y yo sabemos que los demás van a estar algo resentidos así que no se lo cuentes a nada más. — Delimita, acepto sus condiciones, sin embargo algo se me viene a la mente. —Pero, Josh ya lo sabe porque me siguió. — Le refuto en cambio el rector sonríe de medio lado ladeo solo un poco la cabeza. —Yo me encargo de delegar con él, vamos hacer como si nada hubiera pasado, pero sabes que los protegidos requieren mucho de tu tiempo así que cuando tengas que ir o incluso venir, me lo informas que yo te cubriré. — Arranca una pluma de un ala derecha y eso significa que vamos a tener un trato entre Ángeles así que también hago lo mismo aguantando el olor que me genera perder una pluma conscientemente la pongo sobre la de él. Las dos levitan y se unen mezclando sus colores, formando una pluma de color salmón, por eso los demás Ángeles siempre quería hacer tratos o promesas conmigo porque al mezclarlas salían de un color salmón, blanco por ellos, rojo por mí. Aunque sí lo hacían entre ellos les salía de un color más blanquecino que la propia leche o si el trato era basando en falsedad se ponían de un color concreto. No sé de qué color saldría mi trato si miento. Es que nunca lo he hecho. —Ya está completado, no hay vuelta atrás, no obstante es técnicamente graduado no lo exonera de sus responsabilidad de como así estudiante así que vaya a entrenar. — Después que la pluma de color salmón haya caído en su mano en forma de prueba de que tiene un trato conmigo. Me levanto y me dirijo hacia la puerta, donde me consigo a Alan queriendo escuchar, ya que tiene su oreja pegada a la puerta. —¿Escuchaste algo?. — Le interrogo algo nervioso ocultándolo con una expresión seria. —No, esas puertas son mágicas, el sonido no se logra filtrar por allí. — Sonrío porque me relaja escuchar aquello. —Bien, vayamos a entrenar. — Paso mi brazo por sus hombros y caminamos directo hacia la sala de entrenamientos. —¿Cómo el director sabe que no he hecho el entrenamiento?. — Me pregunta asombrado a lo que yo sonrío cómplice. —Él no lo sabe ahora sí. — Nos echamos a reír, entrando en la sala llena de Ángeles perfeccionando sus habilidades.
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