Capítulo 5: Mis culpas.

1682 Palabras
Capítulo 5: Mis culpas. 【Keigo】 —¿Sí?, ¿Tú crees?, yo nada más quiero que me digas si es verdad la preferencia que tiene Dios hacia ti. — Asegura con desprecio hacia mi persona y con celos sobre lo que pudo haber escuchado. No sé de dónde saca esas conclusiones si yo no he dicho nada al respecto de mi conversación con Dios. —¿De dónde sacas esas conjeturas…Eh?. — Inquiero mientras tomo vuelo casi llego a la sala de entrenamientos, toma mi tobillo y me atrae hacia atrás. Perdiendo todo equilibrio caigo al suelo frío y sucio. —Idiota, ¿Qué te pasa?. — Inquiero mientras que me levanto, pongo una mano en mi frente porque me di un buen golpe allí con el piso. Luego me dispongo a limpiar mis ropas del polvo mugriento. —Solo dilo… Dios te elige a ti ante que a nosotros…— le corto para que no suelte más palabras llenas de ira y rencor. —Dios no elige a nadie, los elige a todos por igual además ni siquiera me dijiste de donde o de qué te enteraste para que tomarás esa bendita actitud. — Me estoy saliendo un poco de mis cabales, me cruzo de brazos y arqueo una ceja esperando razones de él. —A caso, ¿No sabes que significa llevarle una rosa blanca a tu protegida?, significa que estás sellando tu destino, destino que tienes que mantenerte a su lado todo el tiempo, cuidándola, velando siempre por su bienestar y veo que ya lo has sellado. — Me mira de arriba abajo, repudiándome abrí un poco los ojos, por dos cosas. Uno, por el significado y el peso de la responsabilidad que acaba de caer en mis hombros. Dos porque no sabía que me seguía como un maniático y que se preocupaba tanto por mí —No sabía y eso no te tiene que importar. — Me volteo y le ignoro corro hacia la sala de entrenamientos y veo que está vacío, solo está el entrenador con una carpeta sentado y pasando lista. —Buenas tarde entrenador, ¿No había clases hoy?. — Inquiero con un tono de voz débil el entrenador tiene un carácter muy fuerte y es muy duro, por lo que si metes la pata, se te viene una bronca, pero de las buenas. —¿No había clases o llegó tarde?. — Me responde con una pregunta capciosa, a lo que abro la boca para responder, sin embargo inmediatamente la cierro pienso dos veces la respuesta. —¿Qué pasó Keigo?, ¿Se te comió la lengua las ratas?. — Suelta con desdén. Tomo postura para mostrarme fuerte y serio, no me gusta que pasen sobre mí tampoco. Él se da cuenta y levanta la vista hacia mí arqueando una ceja. —No señor, o llegue tarde me disculpo por eso. — Me disculpo, él parece más suave de lo que se llega a mostrar todo el tiempo, cierra los ojos asiente. Entendiéndome calmadamente los abre y toma postura a una más recta. —Está bien Keigo, te la dejo pasar porque sé el motivo de tu ausencia, es una valida, pero quiero que cuando caiga el sol ya hayas hecho los entrenamientos que están descritos en el pizarrón. — Se levanta, camina un poco hasta poner su mano en mi hombro, pero no permite que le veo el rostro. —No hagas que me arrepienta de la decisión. — Es lo último que dice en un tono un poco alentador, no obstante, no deja de ser frío. Dejándome solo en la sala, lo primero que hago es voltear para ver hacia los ventanales para ver cuando tiempo me queda. —Aun el cielo brilla así que tengo bastante tiempo. — Me animo a mí mismo, camino hacia el pizarrón, pero, un mal presentimiento me cala en el corazón. Intento olvidarlo como el pasado tantas cosas hoy, solo sea el estrés, tomo primero un espada y la desenvaino. Aquí siempre hay un espíritu que nos ayuda a mejorar nuestra esgrima, se llama Gili, lo único que hay que hacer para convocarla es decirle Gili. En un susurro. —Gili…—Susurro, pero dolor en mi corazón me perturba es como si me lo hubieran pellizcado. Suelto la espada, mis emociones toman el control y empiezo a volar hacia la puerta creo que es una corazonada. Gili toma mi tobillo y otra vez soy lanzado hacia el suelo. —Keigo…Tiempo sin verte, ¡Entrenemos!. — Me advierte en un tono desafiante. Yo lejos de querer entrenar siento como mi corazón se estremece del dolor. Algo requiere de mi atención. «Creo que Aurora me necesita». —Keigo, no te puedes ir hasta que termines el entrenamiento. — Me riñe, ni siquiera le puedo verle a los ojos, levanto y tomo vuelo nuevamente. Alejándome lo más rápido de ella. —Gili mi protegida me necesita. —— Me voy hacia la torre del noreste, hacia “El salto” y no espero que las nubes hagan el cambio doy el salto y allí mismos se ponen grisáceas y hago el cambio de plano. Desde lo más alto del cielo llego como una bala, con la ruta trazada en mi mente, vuelo lo más rápido posible para llegar lo más pronto a la casa de Aurora. Cada vez que estoy más cerca mi corazón se siente más débil. Con lágrimas saliendo de mis ojos llego a la casa. Traspaso para entrar a su habitación, me doy cuenta que no está, la busco por la casa hasta que una luz brillante que caracteriza a los Arcángeles, me deslumbra. Vuelo para llegar las escaleras y el Arcángel Miguel está haciendo lo que debería estar haciendo yo. Cuidando a mi protegida. Le miro y me devuelve la mirada serio. —Muchacho, ¿Así resguardas a tu protegida?, casi la posee un demonio de alta categoría, solo Dios sabe lo que le hubiera sucedido si yo no estuviera pasando por aquí. — Vuelve a dirigir la mirada al montón de polvo que antes era un demonio de alta categoría. No le digo nada porque es cierto. —Te recomiendo que no la dejes sola hasta que se recupere, la intentaba poseer porque estaba débil, en la energía de su cuerpo se puede ver claramente, está débil más fácil de poseer, voy a informar sobre lo sucedido a los superiores. — Me declara, asiento y me acerco hacia donde está Aurora siendo llevada en una camilla para la ambulancia. No me importa si mi olor a algodón de azúcar me delata, quiero que se sienta cómoda, veo todas sus heridas tanto físicas como energéticas. La que más me llama la atención es la “Puerta al cuerpo”, así se llama la herida que tiene un poco más debajo de la nuca los demonios lo abren con sus uñas escalofriantes para poder poseer un cuerpo, no necesariamente allí también por la planta de los pies. Si la persona está conectada a la tierra y está pasando un demonio o en un lugar cercano practican algún ritual espiritista que tenga que ver algún demonio se le puede meter. A lo que me lleva. «¿Dónde practican espiritismo cerca del hábitat de Aurora». Vuelo cerca de la ambulancia no la pierdo de vista, me aseguro de que mi luz cubra toda la ambulancia. No puedo permitir que la vuelva a tocar o desempeñaré mal mi misión, mi propósito de vida, el objetivo de que fui creado, proteger con todo mí ser, luz, alma, energía y con todas mis plumas color carmesí. Una lágrima de culpabilidad sale por el rabino de mi ojo, no debí haberme quedado en su casa sin volver al monasterio, me siento tan mal, era mi misión, entonces, ¿Volverá a confiar en mí?, podrá poner otra vez su vida en mis manos, eso no lo sé, me asusta no volver a su lado. Me da mucho miedo, que me digan que no soy lo suficientemente competente para proteger a alguien, exhalo dejando salir todos los pensamientos negativos, acepto que estén allí más no me voy a dejar dominar por ellos. Tengo que mantenerme firme no esta situación y no dejarme flaquear, no puedo darme el lujo de verme débil frente a cualquier enemigo, tengo que mantenerme estable para poder resguardar a mi protegida. —j***r, ya la están llevando adentro del hospital. —Me doy cuenta de que he estado muy sumido en mis pensamientos, me dirijo como un halcón hacia su nido, me adentro al hospital. Aquí puedo ver muchas almas en pena, esperando ser llevadas al purgatorio o solo necesitan ir hacia la luz, no me gusta mirar hacia los lados en la sala de emergencias porque puedo ver las energías agonizantes de varias personas en peligro juntos a sus Ángeles de la Guarda o sus ancestros que los protegen y velan por su bienestar. —Bien, enfócate al frente en las personas que van a salvar a Aurora. — Veo que la meten en la sala de rayos X, no me acerco mucho a ese lugar porque absorbe mucha energía, más de la mía. Observo que los doctores discuten y se encaminan a decirle algunas cosas a la madre de Aurora, ella asiente con lágrimas en los ojos, entonces las enfermeras preparan a Aurora la desnudan, la limpian y la cambian. La llevan hacia la sala de operaciones. Esta vez, en vez de mirar de lejos, me acerco a ella, le dejo un beso en su frente, le transmito mi energía sanadora o al menos el poder que podemos llegar a tener los Ángeles que estamos entrenando para convertirnos en mejores Ángeles para las fracciones. —Todo va a salir bien, te lo juro. — Tomo su mano de manera energética y la beso dejando todo mi amor en ella. No sé si son mis ojos pero, veo que sonríe nada más un poco. Puedo decir que hemos pasado por mucho hoy, no sería raro imaginar cosas. «Pero, me gustan las cosas que imagino».
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