Capítulo 4: Dolor en el alma.

1568 Palabras
Capítulo 4: Dolor en el alma. 【Aurora】 He actuado estar bien todo el día pero sé que en el fondo estoy muy dolida. «¿Cómo puede ser que mis padres se quieren separar si yo los he visto por años amándose intensamente?». Reflexiono, estoy regresando del tenis camino hasta toparme con los escalones de la casa los cuales subo con pesadez, no queriendo entrar a mi propia casa. Ni modo, entro y para mi sorpresa no hay nadie, salvo por las personas del servicios a excepción de ellos nadie. Camino más ligeramente hasta llegar las escaleras que dan para el segundo piso, mi nariz detecta un olor muy dulzón, un olor que para mí es distintivo aunque este a mucha distancia. «Algodón de azúcar». Desde niña, cuando estaba triste siempre me compraban Algodón de azúcar para animarme, lo que me trae muy buenos recuerdos, cuando se me atoraba en los dientes y después tenía que ir al dentista para quitarme las caries. Corro sin pensarlo, mis pasos rápidos resuenan en toda la casa, ladeo la cabeza hacia los lados, olfateando el delicioso olor que embriaga mis fosas nasales. Una corazonada me dice que viene desde mi habitación, corro sin lugar a duda abro la puerta y una ráfaga de corriente se siente en el ambiente como si alguien hubiese saltado a alta velocidad. Me desconcierto por unos segundos hasta recobrar totalmente mis sentidos, toso porque algo se me atoro en la garganta, no sé cómo pero si me atragante. Miro la pared del fondo donde tenía unas flores que había recogido está mañana ya que sin razón alguna las flores que pongo en la mañana en la noche ya están marchitas. Una rosa blanca denota pureza e inocencia así como también significa la rosa de la confesión, por eso en los años de los 1700 o quizás en los 1800, el enamorado le daba una rosa blanca a su enamorada para confesar su amor. —¿Pero quién la habrá puesto aquí?. — Inquiero en voz alta, sé que significa eso porque a veces me pierdo horas y horas leyendo libros sobre significados de flores y rosas. Me acerco a la rosa, la huelo y su aroma sin lugar a duda se me hace muy conocido, siento que esto me llena de energía y alegría, tomo la rosa entre mis manos y me tiro a la cama. Siento como si estuviera soltando, una especie de somnoliento entra en mi ser, cierro mis ojos dejándome llevar con el adormecimiento. *** Despierto de golpe siento que algo se me cayó del pecho, por lo que miro hacia abajo y esta la rosa que misteriosamente me conseguí en mi habitación, me duele un poco la cabeza por lo que salgo de la cama. Al apoyar mis pies, siento como si me dolieran, como si hubiese caminado por mucho tiempo, desconozco la razón por la que después de despertar me siento tan devastada. Camino, saliendo de mi habitación, con los pies casi quemándome del dolor, veo las cosas borrosas y froto mis ojos, nada que mejora mi visión, parpadeo, más o menos veo mejor, me encamino hacia las escaleras, tomo el barandal firmemente con una mano. —No me quiero caer y menos si estoy tan deplorable. — Bajo con lentitud los escalones que se me hacen infinitos con el dolor de pies, veo con atención cada escalón y me aseguro de que piso bien. Ya más o menos voy por la mitad de la escalera. Se me va el aire al sentir que dos manos me empujan por la espalda, pierdo el equilibrio y me voy para adelante, cubro mi rostro con mis brazos, siento el impacto que tengo contra la madera, pierdo fuerza en mis brazos al sentirlos tan adoloridos. Me dejo rodar por las escaleras, sintiendo como bajo cada escalón generándome más dolor en mi cuerpo, unas lágrimas bajan por mis mejillas, al final siento que me golpeó la cabeza, pero no tanto como para perder la conciencia, o que hubiera sido mejor para no sentir tanto dolor. Me levanto un poco para ver quién desgraciadamente me empujo, levanto la mirada buscando al culpable, pero no sé si mi visión me juega una mala pasada, ya que no veo a alguien sino como un algo, es una figura humana, pero en vez de ser un humano en sí y tener sombra. Es solo una silueta toda llena de oscuridad, solo una silueta, la cual baja peligrosamente las escaleras, al ver esa escena cala en mi pecho el más profundo terror, con ayuda de mis codos y brazos me arrastro lo más rápido posible. Me doy cuenta que se estaba formando un charco de mi sangre en el suelo, sin darle mucha importancia sigo, sollozando veo como las luces parpadean, cada movimiento que hago me deja con menos y menos fuerza. —¡Ayuda!, ¡Ayúdenme!. — Pido auxilio, pongo de manera firme una mano frente a mí cuando siento que mis pies se congelan, los toman con mucha fuerza casi quitándome la circulación. Un poco más debajo de mi nuca siento como si me estuvieran abriendo una herida, algo por donde entrar, allí mismo siento que se me doblan los ojos hacia atrás. —Entrégate, entrégate, todo estará mejor si te entregas…— Me susurran esos susurros son como gritos en mi mente, en mis oídos, me están sangrando, siento mucho dolor. «Me tengo que entregar». Llego a pensar, siento que toman mi cabello levantando un poco mi cabeza para después ser soltada, me doy otro golpe, cierro mis ojos, pero algo deslumbrante hace que los abra, con mi máximo esfuerzo, me volteo y esa luz me ciega por completo. Me acuesto boca arriba, cierro fuertemente mis ojos, todo lo que sentía, el dolor, la angustia, el miedo que se arraigaban en mí, se van yendo por mis pies, me dejo llevar por esta sensación relajante y tranquilizadora, que ha callado las voces en mi mente, me hace sentir que todo va a estar bien. —¡Aurora!, ¡Aurora!. — Escucho que gritan con un tono de desesperación, pero en este momento no me importa porque tengo a la luz que me llena de está pura energía. Que conforme a los gritos va disminuyendo hasta no estar más allí. —¡Ah!… ¡Aurora!, ¡Llamen al 911!. —Esa voz que me robo a la luz hermosa, abro los ojos para ver quién ahora tiene sus manos sosteniendo mi rostro. «Mamá». Al verla bien, las lágrimas salen de mis ojos sin orden alguno, me enfoco ahora en sus ojos, que también derraman lágrimas. 【Keigo】 -1 Hora antes- Acabo de dejar la rosa blanca en la habitación de Aurora, mientras que me acuerdo que voy tarde para un entrenamiento. Así que apresuro mis alas hasta que nuevamente llego a lo más alto del cielo, espero que las nubes cambien a ese tono grisáceo que me indica que ya estás listas para hacer el cambio. Para volver se requiere más esfuerzo, por eso nada más me gusta es venir al plano terrenal, más me da flojera volver, pero si paso mucho tiempo aquí y como no he madurado mucho nos podemos corromper. O al menos eso es lo que dice el entrenador, más a mí. Dice que me tengo que cuidar más que a nadie porque soy diferente, desde chiquito me dice que soy más puro que los otros Ángeles. A veces puede llegar a ser contradictorio mandarnos solos a cazar demonios. Con último y más fuerte impulso, me lanzo hacia el portal, cierro los ojos hasta que siento que soy expulsado y estoy en flotando como si estuviera en gravedad cero. Tomo control sobre mis propias carnes, vuelo hasta estar en la entrada del monasterio una fuerte e imponente puerta de madera del roble más antiguo y el metal más duradero del universo. Pero, es solo una ilusión porque solo los Ángeles y Arcángeles, exceptuando a Dios podemos cruzar sin mover la puerta, los demás seres de luz tienen que demostrar de ser dignos de entrar abriendo la puerta, solo así entraran. Si la puerta se les he fácil de abrir son dignos y sí no la pueden abrir simplemente no pasa y si viene a hacer cualquier cosas o algún mandado. Disponen de dos opciones o lo hace afuera o vuelven hasta que estén puros. Los casos de que he podido abrir la puerta son extremadamente extraños, por eso no sé cómo resolverían eso de una manera más satisfactoria. —Ya me enteré bastardo, a ti sí porque eres diferente y a nosotros no porque la mayoría da igual, porque no sobre salimos como tú…¿Eh?. — Alegan Josh sabiendo quién sabe quién, me empuja los hombros, echó para atrás sabiendo que sol es un busca pleitos. Camino hacia el enfrente chocando nuestros hombros, ignorándole. No sé merece que le dé algo de mi tiempo. Uso mis alas y vuelo, sin embargo veo que el idiota me choca con su cuerpo. Haciendo que me estrelle contra la pared. —¿Qué te traes Josh?, estas más idiota que la última vez que te vi. — Suelto con sarcasmo con los pies apoyados en la pared me impulso para ir hacia la sala de entrenamiento. Más este idiota me sigue sin importa que no me importa lo que quiere llegarme a decir.
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