Capítulo 3: Rosa blanca.

1620 Palabras
Capítulo 3: Rosa blanca. 【Keigo】 Después de acompañar a la chica me tuve que ir, estuve demasiado tiempo allí cómo para ser un Ángel que ni siquiera ha decidido qué camino tomar o que facción elegir. Estoy delante del entrenador que consigo tiene una expresión indescifrable a primera vista, sin embargo, por la energía que emana desde su interior se siente que está enojado y deduzco que son por mis acciones. —Dios quiere hablar contigo. — Demanda con un tono sumamente frío, el cual ya estoy acostumbrado escuchar por los incesantes regaños que me he llevado algunas veces de pequeño. Me permite pasar por la puerta la cual está detrás de él. Con unos pasos trato de visualizar el lugar y está completamente vacío, es decir, es un salón de paredes blancas, piso de mármol claro, con algunas columnas de concreto pulidas y pintada a mano, miro hacia el techo que tiene una abertura circular por donde pasa una luz blanca con destellos dorados. Me coloco debajo de está, no sé qué estoy haciendo y miro hacia donde proviene la luz cegadora, un impulso hace que mis alas carmesí tomen el control y me vaya directo hacia la abertura del techo. Una intuición me guía por las nubes blancas con pinceladas de un rosa claro, por lo que logro ver está totalmente lleno de nubes hasta que unas escaleras se muestran ante mí. La subo, para encontrarme con Dios que está sentado en un jardín lleno de rosas blanca. «Siento que debo acercarme». Digo para mis adentros. Me encamino hasta quedar al lado de Dios el cual no hace falta decir que emana una luz y una paz indescriptiblemente gigantescas, me siento en el piso esperando orden o algún acato de su parte. —Keigo el Ángel con alma tan dulce como la miel. — Es lo primero que dice, ante sus palabras mi corazón da un vuelco y las lágrimas salen de mis ojos sin detenerse. —Dios…— Es lo único que puedo articular ante su presencia, de reojo veo que sonríe y una alegría cala hasta lo más profundo de mi alma. —No hace falta que digas algo, solo demuéstrame mucha atención a lo que te tengo que decir. — Ordena con voz suave, sin ni una pisca en mi ser de rechistar acepto y me quedo en total silencio, suspiro porque aun la lágrimas salen de mis ojos sin que yo mismo pueda detenerlas. —Sé que tienes que esperar a que hagan todas las formalidades para tener la conversación que ahora vamos a tener en fin quería decir que ya encontraste qué facción te vas a unir. — Enuncia con precisión, frunzo mi ceño al no entender lo más mínimo que dijo. «¿Cómo que ya sé que facción me voy a dedicar?». Inquiero buscando una respuesta rápida para seguirle la corriente. Se ríe de una forma muy carismática lo que no hace que me ofenda por no entender. —Lo sé, te he confundido discúlpame por eso, lo que quiero decir es que tú vas a hacer el Ángel Guardián de aquella chica llamada Aurora Dankworth, serás parte del Custodio de Ángeles. — Me dice con cierta alegría, me quedo callado recapitulando todo lo que hice desde que conocí aquella chica. —Ese impulso que sentí de acompañarla cuando estaba triste… La necesidad de asegurarme que esté bien… Todo eso significa que… ¿Ya estaba destinado a ser su Ángel Guardián?. — Inquiero confundido. Dios asiente lentamente con una pequeña sonrisa pintada en su rostro, algo en mi siente que es injusto por no poder decidir esto como los demás. —No hace falta que me digas que te siente traicionado, esto yo lo escogí porque era y es lo mejor para ti y tu alma. — Justifica seriamente, otra vez me quedo callado, me seco las lágrimas con el ceño fruncido y me cruzo de brazos. Hago un puchero. —Tranquilo, ¡Hey!…(Le miro a los ojos)… No te enojes, venga vamos a los rosales, quiero enseñarte algo muy hermoso. — Se levanta tras decir esas palabras y me levanto, le sigo hasta efectivamente unos rosales que guardan las rosas blancas más bellas y delicadas que puede existir en este Universo. Con su dedo índice acaricia suavemente una, le susurra algo a la rosa la cual ahora veo su energía y brilla, su aura es muy brillante, sin decir nada con dos dedos la corta del tallo sin piedad pero aun sin estar unida a la planta que está sembrada a la tierra aun preserva ese brillo que antes tenía. —Keigo así eres tú, brillas sin importar el lugar o la situación eso se debe porque tienes luz y una misión que cumplir, aun así si te arranca de tu alegría aun seguirás brillando porque esa es tu esencia. — Me entrega la rosa entre mis mano, la cual por algún motivo cuando la tomo por el tallo no tiene espinas. —¿Qué pasa?, ¿Las rosas no suelen tener espinas?. — Inquiero intranquilo, Dios solo sonríe pícaramente, posa su mano en mi hombro viéndome a los ojos. —Almas como la tuya no tienes espinas, aunque si las tuvieran seguirías sido igual de hermoso tanto por dentro como por fuera. — Culmina sonriendo, se aleja de mí. Busco sus ojos los cuales veo que le interesa mirarme el rostro, incomodo ladeo suavemente la cabeza, Dios ríe sin lugar a dudas. —Keigo espero que se te haya quedado claro, ya no necesitas esas formalidades sabes claramente a cual facción perteneces si quieres comunícate con la guía de los Ángeles custodios para recibir indicaciones sobre qué es lo que tienes que hacer exactamente. Sin embargo ya desempañas esa función con excelencia al proteger y cuidar a Aurora, regalalé esa rosa blanca, brillará para ella, todo lo que ella quiera, te lo garantizo le gustará. — Mientras que termina de darme algunas orientaciones posa su mano en mi hombro y caminamos hasta unas rejas doradas la cuales dan fin al Edén de Dios. —Si tienes inconvenientes ya sabes adonde asistir por ayuda. — Con una suave acaricia que deja en mi cabeza, suspiro aliviado de que la conversación con Dios haya salido bien, volteo y ya no está. Preparo mis alas para planear por las nubes blancas con pinceladas de rosa pastel, salto impulsado por la fuerza de mis alas y planeo con el viento chocando contra mi rostro revolviendo mi cabello dorado como el oro macizo, en mi pecho protejo la rosa que me dio Dios para la mujer que ahora tengo que proteger. Sin sentimientos o sensaciones para describir la felicidad que cala hasta lo más profundo de mí ser llego y aterrizo de golpe arrodillado de una sola rodilla, como si fuera un héroe me levanto victorioso. Sé que no era la facción que yo habría elegido pero más mi corazón dice que es mejor que me quede en el Custodio de Ángeles. Es que desde siempre algo no me encajaba siempre olía a algodón de azúcar, esa era una de las características de esa facción. Suspiro porque al final de cuentas siento como un peso se ha ido de mis hombros, camino hasta tomar le pomo de la puerta y la abro donde todos mis compañeros de clases se van de hocico hacia mí e imagino que trataba de escuchar algo de mi conversación con Dios. Lo que lamentablemente nunca lo va a saber porque el viaje de aquí al Edén de Dios es medianamente largo así que si tuvieran un súper poder para escuchar a kilómetros no sabrán nada. —Brother, ¿Para qué te convoco Dios?. — Inquiere el chismoso de Josh, le volteo los ojos fingiendo indignación me hago paso entre los inservibles de mis compañeros. —No te incumbe. —Suelto con desdén. No me inmuto en entender lo reclamos de mis compañeros ni me interesan, camino por los pasillos del monasterio en donde se entrenan los Ángeles primerizos. Llego hasta la parte del monasterio la cual le llamamos “El salto”, que es básicamente una torre del lado noreste en donde eventualmente saltamos para ir o más bien entrar al mundo terrenal llego hasta la ventana, me agarro como siempre del lado izquierdo de la pared para pararme de la orilla de la ventana, veo hacia abajo donde hay nubes blancas convirtiéndose en grisáceas ya que el portal se está completando para hacer el cambio. Me preparo y como si fuera a dar un calvado me abalanzo a la nada, rozando mi piel con las nubes, cierro los ojos una vez que estoy dentro haciendo al cambio. Desde la punta más alta del cielo llego yo volando libremente con mis alas carmesí lo que desde chiquito me ha caracterizado. Vuelo por los cielos de Londres buscando la casa de mi protegida, la cual localizo fácilmente hay algo que antes no me había dado cuenta que puedo detectar sin esfuerzo a mi protegida por su olor. Ella huele a avena junto con miel. Sonrío al detectar su olor y como bala llego incesante hasta su habitación, veo a mi alrededor y no está busco con la vista un lugar donde poner la rosa para que brille para ella. Literalmente no brilla ante los ojos del mortal solo ante nosotros los seres que estamos más cerca de Dios. Por ende podemos ver sencillamente las auras de energía, posiciones de luz y cosas de ese estilo. Consigo un florero de vidrio con flores marchitas las cuales huelen a pudrición lo cual no es buena señal, la elimino de ese lugar y pongo la rosa para iluminar el lugar.
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