El aire de la mansión estaba más liviano esa mañana, como si algo dentro de mí hubiera decidido calmarse por fin. Era un alivio, aunque no podía negar que una parte de mí seguía enredada en pensamientos y preguntas sobre Vincent, Chicouke, y todo lo demás que había estado sucediendo. Pero había una razón por la cual mi día comenzó con una sonrisa amplia: Archie volvía hoy. Llevaba días fuera por cuestiones de trabajo, y aunque me había acostumbrado a sus viajes de negocios, esta vez lo había extrañado más de lo habitual. Quizás porque las cosas entre nosotros se sentían algo inciertas, o tal vez era porque, a pesar de todo, Archie seguía siendo esa constante en mi vida, el hombre que amaba, incluso cuando las circunstancias parecían volverse más complicadas. El reloj marcaba las cinco de

