Decidí ir a terapia. Supongo que todos tenemos un límite, y el mío llegó cuando no pude salir a la tienda sin sentir que todo el mundo me estaba observando. Cada mirada en la calle, cada murmullo detrás de mí, parecía una acusación silenciosa. Los chismes no paraban y se habían intensificado tanto que sentía que no podía respirar. Después de todo lo que había pasado con Chicouke, con Alexander, con mi propia madre y, por supuesto, con Archie, mi vida estaba fuera de control. Cada vez que abría el teléfono, una nueva historia sobre mí circulaba en r************* . Fotos mías y de Chicouke en aquel maldito beso estaban en todas partes, y aunque intentaba ignorarlo, no podía. El peso de la fama y el escrutinio público se había vuelto aplastante. Así que aquí estoy, sentada en una sala peque

