4- FINAL FIESTA

3949 Palabras
FINAL FIESTA MAGDA Lo guió hasta llegar a la casa y aún no me suelta, sigo enroscada como una anaconda queriendo comer su presa. Ahora que esta aquí, no lo voy a dejar ir. Abro la cerradura, con una llave que está en el filo de la puerta, esas son las medidas de seguridad de Irasema y entramos, le da una patada a la puerta para cerrar y afloja el cordón de sus pantalones. Veo que va hacer rápido, sucio y duro, así que le quito la camisa de lino blanca que carga, nunca lo había visto tan informal, con ese pantalón de lino blanco y su camisa a juego. Lo he visto con traje de gala, con corbata, en su ropa de deporte y en sus pantalones de chandal, pero su vestimenta perfecta la cual es mi favorita es estando desnudo. Baja sus pantalones y bóxer por debajo de su trasero solo lo suficiente para liberar su grande y pesada polla. Me arremolina el vestido en mi cadera y queda a la vista mi tanga de hilo negra y sin mucho tacto la arranca, siento un latigazo de dolor por la liga; el dolor se mezcla con mi lujurioso deseo, caliente y espeso corriendo por mis venas. Desde que lo vi hecho una furia apuntando a Paulo solo porque bailabamos, mis pezones se erizaron y se fruncieron, mi coño palpito, mi corazón se aceleró y un escalofrío me recorrió la columna. Tal vez no deba sentirme así de eufórica y llena de un deseo irrefrenable, pero es lo que somos. Agarra su polla con una mano mientras nos da la vuelta apoyando mi espalda en la pared, baja mi vestido solo lo necesario y mis tetas quedan libres, se prenda de una mientras pasea su glande por mi entrada y mi c******s ya hinchado y necesitado. —Esto va a ser muy rápido y sucio, nena. Yo solo asiento con la cabeza. Él gruñe por mi caliente humedad que empieza a bañar su polla por acariciarme con ella, suelto un gemido al escucharlo y aprovecha para saquear mi boca como un bárbaro hambriento. Su lengua y la mía se baten a duelo, acariciandose de manera desenfrenada y febril. Nuestros cuerpos sudorosos conectados en los lados más importantes. Mis tetas rozando su pecho, nuestras bocas conectadas en un necesitado beso, mis caderas bailan en un delicioso vaivén con una melodia que solo él y yo escuchamos, nuestros sexos restregandose estimulando mi v****a enviando más humedad sobre su mástil. No me había dado cuenta de lo mucho que lo extrañaba mi mente bloqueo lo ansiosa que me pongo cuando no se de él, en ese momento lo vi necesario, justo ahora lo veo como una pelusa a comparación del tamaño del universo, Marco vale más que mi venganza. No me di cuenta lo mucho que lo necesitaba, hasta que lo vi apuntando a un hombre para que no me tocará. Vuelve a pasearse por mi entrada, pero, en vez de jugar introduce la cabeza de su falo y yo tiemblo en sus brazos, afinco mis talones en su culo para que profundice y vaya que lo hace, de una fuerte estocada se hunde en mi interior, haciendo que gritemos de placer al unísono, el grito rebota en el espacio vacío de la sala enviando otro hilo de humedad a sus bolas. Sus empujes son certeros y lo ayudo acompañándolo con movimientos circulares de mis caderas, llegando más lejos si es eso posible, agarra mi cabello trenzado forzando mi cuello a inclinarse y su boca se estrella contra la mía en un despiadado beso. Sus estocadas se vuelven más frenéticas, hundiéndose en mi rápido y fuerte, sacando de mi gemidos y jadeos que se traga con sus besos. —Vente para mí — me grita imperativo en un gruñido. Agarra mis nalgas las aprieta y las amasa y con ellas se impulsa para darme la profundidad y el movimiento que quiere y necesitamos, mis tetas brincan con cada brioso empuje, me siento deliciosamente usada para su placer, para mi lujuria. Para nuestro lascivio y enfermizo deseo por el otro. Al final de sus fuertes estocadas que da con ímpetu, restriega su pelvis con mi c******s haciéndome ver estrellas. Estoy segura de que puedo tocar el cielo en este instante. —Oh Dios…— grito sin delicadeza alguna —estoy malditamente cerca. Él redobla su esfuerzo, ni siquiera sabía que era capaz de aumentar la velocidad a tal magnitud, al final se escucha el choque de nuestros cuerpos como una melodia, junto con nuestros gemidos y gruñidos. Parecemos dos animales, dos bestias hambrientas, comiéndose el uno por el otro. —Vamos— dice con los dientes apretados —ahora— exige —vente ¡YA! — habla con dientes apretados. Mi estallido comienza en mi vientre y se expande por todo mi cuerpo, puntos negros invaden mi visión y las paredes de mi coño se aprietan alrededor de su pene ordeñandolo y sacando cada gramo de espeso semen que tenga para mí. Cuando mis paredes internas dejan de palpitar alrededor de su pene, mi visión vuelve poco a poco y mi corazón se calma solo un poco. Noto que su polla sigue tan dura como el acero, aunque su respiración esta más calmada. —No hemos terminado— me mira a los ojos con lujuria, encendiendo mi deseo como una yesca. Cuando culmina su declaración, el deseo se enciende de nuevo en milisegundos, es como si no hubiéramos hecho nada. Mis pezones se ponen más duros en pie de guerra pudiendo cortar cristal, mis areolas se fruncen y se hacen más pequeñas y mi coño vuelve a palpitar alrededor de su virilidad. —Mierda, sí — espetó mordiendo su cuello con fuerza dejando una marca, mientras caminamos al interior de la casa, buscando un cuarto. Me lanza en la cama, se termina de quitar la ropa y me quita el arremolinado vestido de mi vientre, dejándome desnuda, luego me quita los tacones y besa mis pies. Se acuesta en la cama y me llama con un dedo, gateo al otro extremo de la cama donde se encuentra y subo por encima de sus piernas, como una puta gata en celo y me posicionó a horcajadas en sus muslos, me agachó dejando su m*****o a la altura de cara y veo como brinca pidiendo mis atenciones. Pensándolo bien nunca le he dado una mamada buena, el día que Halim entró en la casa fue algo muy rápido él no me dejó continuar por mucho tiempo. Lo detallo un poco más en la oscuridad, con sólo la luz de luna entrando por la pequeña ventana de mi habitación. Esta dos veces más grande su tamaño, se nota que se ha matado en el gimnasio y eso ha duplicado el tamaño de sus músculos, dejándolo más definido, duro como el acero y delicioso para la vista. Marco tiene un sexy y bonito pene, se me hace agua la boca de pensarlo y paso la lengua por mis labios. Es algo que solo he hecho con él, aunque no soy experta. Él solo me observa, nunca me lo ha pedido, así que no se si quiere que lo haga o si tan siquiera le gusta. —Quieres probarme— lee mis deseos correctamente. Afirmó enérgicamente con la cabeza, dejándome llevar por el deseo que corre por mis venas, por la añoranza que es solo mi culpa cuando decidí este viaje, mientras mi mano toma la base de su tronco, esperando su aprobación. —Hazlo— su voz de repente más baja y ronca. Me acerco y le regalo un pequeño beso en su glande y se estremece, la diosa en mi interior celebra que le pueda causar este tipo de reacciones a un hombre como él. Coloca sus manos bajo su cabeza y me observa atentamente, mientras yo pruebo su salinidad de su m*****o, sabe a mí y a él por partes iguales y me vuelvo más osada introduciendo más de él en mi interior, tarareo mi deseo y eso envía vibraciones a su pene y él levanta sus caderas involuntariamente. Veo que le gusta y vuelvo a tararear cuando lo tengo más profundo en mi garganta, haciendo que sus caderas se muevan por sí solas nuevamente haciendo que me ahogue en el proceso. Al meter todo lo que puedo en mi boca veo que no me cabe todo así que me ayudo con mi mano para poder abarcar lo que me falta, vuelvo a meter y sacarlo de mi boca sin dejar de mirarlo, por si hago algo mal y que él me corrija. —Lo hemos hecho una sola vez ¿cierto?— me pregunta. Asiento con la cabeza sacándolo de mi interior caliente y volviendo a sumergir su tronco y chupo con entusiasmo como si fuera un dulce, él voltea los ojos e inclina la cabeza al techo. Sus manos vuelan a mi cabeza agarrando mi cabello, apartando los mechones que entorpecen su vista. —Vas bien negra, cubre más tus dientes con tus labios— me guía apretando los dientes. Hago lo que me dice y sigo masajeandolo, agarro sus bolas con curiosidad. —Juega con ellas si te gusta un poco más, aprietalas solo un poco— lo hago y gime —mierda sí… Así. Una sonrisa triunfal se cuela en mi boca cuando lo sacó de mi interior, me siento poderosa, es indescriptible la sensación de grandeza que llega mientras lo veo desmoronarse y vuelvo a lo que tengo entre manos. Literalmente. —Cuando subas tu mano haz un ocho en el glande, agarra más fuerte sin miedo— lo hago y él sigue dándome instrucciones con respiraciones aceleradas y voz entrecortada— mueve tu mano…, más rápido — lo hago acompañando los movimientos de mi mano con mi boca y vuelve a voltear los ojos. —¿Así?— preguntó con voz de niña inocente. —Mierda, no me hables así que me voy a correr, Magdalena— me regaña, todo su cuerpo esta en tensión —es increíble ver mi pene perderse dentro de tu boca. Sabía que esa boquita era puro pecado. Sigo por un rato más, haciendo todo lo que me dijo y solo me falta no atragantarme tanto cuando intento llegar más lejos de lo que debería. Cuando siento arcadas retrocedo. —Respira por la nariz nena, con tu lengua juega con el glande— me pide. Lo hago y él toma el control, me agarra la cara con una mano y con la otra mi cabello. —Solo abre la boca lo más que puedas, respira por la nariz nena… Hagamos que estos veintiún centímetros quepan todo en tu hermosa boca. Asiento y hago lo que me pide, pero lo veo imposible. Es decir. Mierda veintiún centímetros, ni siquiera sabía cuanto media. Coloco todo mi cabello sobre mi hombro izquierdo mientras agarro aire y abro mi boca lo más que puedo casi desencajando mi mandíbula, no solo es grande tambien es grueso mi mano no termina de cerrar a la hora de agarrar su base, pero confío en él. Introduce poco a poco toda su carne palpitante en mi boca y lo vuelve a sacar, repite la acción varias veces y cada vez que lo hace introduce un poco más con paciencia, me pide que no me olvide de respirar por la nariz cuando tengo arcadas. Luego de un rato noto que la punta de mi nariz roza su pelvis y no me atraganto, su falo está alojado en lo profundo de mi garganta, entra y sale de mi con facilidad. —Jodidamente— dice —embriagador— en cada empuje —ver como desaparece— balbucea con dientes apretados —toda mi polla en tu boca— respira con dificultad y yo solo lo veo desde mis pestañas mientras me guía. Eso como que es lo que le gusta más que cualquier cosa, que lo vea a los ojos. —Me quiero venir— declara. —Hazlo— le digo, sacando y volviendo a introducir su palpitante carne en mi boca. —Así no. De repente saca su m*****o de mi boca haciendo un sonido de “pop” y me toma por los hombros y me sube. Me gira mientras quedó aturdida por su rápido cambio y quedo con mi cara en el colchón, levanta mis caderas dejando mi culo en pompas y abre las cachas de mis nalgas, de la nada siento un líquido frío y veo como me lava con agua y me limpia, luego siento un lametazo desde mi c******s hasta mi lugar más oscuro. Solo él me a tocado allí, hace círculos en mi agujero fruncido con su lengua y toda yo tiemblo, luego sus dedos se van a mi raja y comienza a meter y sacar sus dedos de mi coño mientras sigue su trabajo con su lengua en mi fruncido agujero. Mis terminaciones nerviosas están alertas y todo se siente dos veces más caliente, dos veces más placentero, dos veces más todo. Luego reemplaza su boca por uno de sus dedos y su boca trabaja en mi entrada y mi c******s. Parece un pulpo, lo puedo sentir en todo mi cuerpo, su única mano desocupada viaja a mi seno derecho y aprieta mi pezon fuerte, eso me da una descarga de deseo que viaja directamente a mi v****a bañando su boca con mi crema, el bebe ansioso por no desperdiciar nada, su dedo sigue trabajando en mi entrada trasera que ya entra y sale en mi con facilidad. —Como no quisiste ir al hotel donde tenía todo preparado, me toca lubricarte bien este pequeño agujero con tus propios jugos, para que mi polla quepa en este pequeño apretado y perfecto culo. Que diga todas esas palabras sucias me pone aun más cachonda y mi v****a palpita de necesidad enviando más humedad a sus dedos. No es mentira lo que dice, agarra mi humedad con sus dedos y lo pasa por mi agujero comienza con un dedo y luego dos, después de un rato tres, se siente una presión nueva en mi culo que nunca había sentido, yo estoy chorreante porque no deja de estimularme, tocarme y acariarme en todas parte mientras estoy abierta y expuesta para él. Luego posiciona su polla en mi entrada trasera y presiona el glande para que entre, la verdad me da un poco de miedo y mi cuerpo se pone tenso. —Respira negra— me habla pausado y tranquilo —te tengo, relajate. Obligó a mi cuerpo a calmarse y el introduce todo su glande despacio y sin apuro, siento el inicio de un pinchazo de dolor y Marco lo nota, empieza acariciar mi espalda y mis senos. Ha dejar un reguero de besos por toda mi espalda, cuando me ve más relajada me toca mis pezones que están como puntas de diamantes y se introduce otro doloroso centímetro. —El mejor culo que he tenido el placer de probar— su voz es irreconocible, mientras suelta una nalgada que pica. Doy un respingo, porque no lo esperaba y luego él acaricia donde golpeó, repite la acción en mi otra nalga y un gemido escapa de mis labios mientras mi coño y ano no dejan de palpitar por sus atenciones. —Tocate para mí, negra— me pide. Siento la presión de su m*****o invadiendo mi entrada trasera y al principio siento otro pinchazo de dolor cuando rompe el tercer anillo con su m*****o. Se queda mortalmente quieto sin dejar de estimular mis senos para distraerme del dolor mis ojos se cristalizan, pero no dejo caer las lágrimas, aprieto las sabanas y mis dientes rechinan. Me da otra nalgada haciendo énfasis en su orden, que por un momento había olvidado. Apoyo mi peso en mi antebrazo mientras la otra mano viaja al sur y tocó mi c******s, estoy tan mojada y necesitada. Comienzo hacer círculos en mi nudo de nervios y un gemido escapa de mí. —Mete dos dedos de golpe en tu hermoso y apretado coño, Magdalena— con voz apremiante y ronca. Luego de un rato jugando y rodeando mi c******s, mientras se sigue introduciéndose en mí centímetro a centímetros, le hago caso y mi reacción no se hace esperar suelto un gemido y mis caderas reaccionan solas empujando mi culo hacia atrás y él termina de entrar en mí en su totalidad. —Esa es mi chica— él suelta un jadeo y su elogio se lo aloja en lo más profundo de mi corazón —mierda, estas tan malditamente apretada— luego me pregunta —te gusta que este culo sea mío ¿verdad? Yo no respondo, pero me contraigo a su alrededor, creo que no podría responder, solo estoy concentrada en todas las sensaciones que me hace sentir Marco. —¡Responde!— PLAM, suena una pesada nalgada que resuena en todo el lugar que me deja el culo en llamas. —S…, sí— mi voz sale temblorosa. Comienza a moverse de manera pausada, luego de estar quieto para tratar de acostumbrarme a su tamaño, alternando sus empujes con nalgadas. —Eres mía, Magdalena— dice con los dientes apretados —DILO— de improvisto suenan. PLAM, PLAM, PLAM. Me da tres azotes seguidos y luego me acaricia. —Soy tuya, Marco— con voz entrecortada— Dios, siii. Solo tuya. —Tu coño esta tan humedo por mí nena… Solo por mí. —Si, amor— afirmó lo evidente en balbuceos. Puedo ver hombres hermosos pero ninguno es Marco, no me prenden, ni me provocan como él, no siento nada de lo que remotamente siento cerca de él. —¿Me vas a dejar de nuevo Magdalena? —N… No, no— grito mientras comienza a moverse más y más de prisa de manera errática. Agarra mis trenzas casi desechas por nuestro primer encuentro y se las enreda en su mano haciéndose una rienda y me jala, inclina mi cabeza al techo haciendo de mi espalda un arco empalandome cada vez más fuerte y más seguro ahora que no me duele tanto, da fuertes embestidas suelta mi pelo y toma mis manos enterrando mi cara en las sabanas. —¿De quién es este coñito dulce? — pregunta soltando una de mis manos para tocar mi carne resbaladiza y palpitante, rozando mi c******s con sus dedos. —Mierda… Tuyo amor— afirmó en un grito extasiado— estoy tan cerca otra vez. —¿De quién es este culo perfecto y apretado?— pregunta de nuevo metiendo sus dedos en mi coño. —¡Aaah! Tuyo Marco, toda yo, soy tuya amor, en cuerpo y alma— grito, sin importarme un carajo quien puede oírme. Él parece satisfecho con mis respuestas, entra y sale y de vuelta al inicio a un ritmo enloquecedor. Vuelve a tomar mi cabello y me termina de erguir sin dejar de entrar en mí y vuelve a penetrar mi v****a con sus dedos y su polla taladrando mi culo. —¡Te Casaras conmigo Magdalena! —¡Oh Dios…! Sí, sí, sí — grito mi clímax. No se exactamente que desencadena mi orgasmo, si su exigencia a casarnos inusual o sus dedos y su polla entrando al mismo tiempo en mis agujeros. Tal vez sea todo eso. Pero lo hago, mi clímax llega como un tren golpeando todo mi ser. Marco no deja de frotar mi c******s dándome otro orgasmo seguido de un líquido que corre por mis muslos y su polla. Ni siquiera sabía que era multiorgasmica, tengo puntos negros en mi visión. Tengo una sobrecarga de sensaciones en mi cuerpo que por un momento me desconecto de todo y me desplomó en la cama, mi orgasmo desencadena el de él que luego de tres estocadas certeras acaba en lo más profundo de mi culo. Cuando volví en si, sentí sus caricias en mi cabello y mi espalda y era como si adorara mi cuerpo. Nos desplomamos en la cama y él se derrumba de lado arrastrandome con él y quedamos de cucharita. —Era en serio— murmura cuando nuestras respiraciones intentan llegar a lo normal —lo que te dije. —No preguntaste si quiero casarme— dije manera suave. —No te daré la oportunidad a que me rechaces. Te casaras conmigo y punto. —En ese caso, era en serio— respondo, algo más calmada acariciando su mano, su torso y su rostro —lo que te conteste. Esa madrugada lo hicimos dos veces más, cuando ya estuvimos exhaustos, me aprieta más fuerte contra su pecho y nuestros cuerpos sudados se complementan como un rompecabezas. Hablamos un rato y entre esa conversación salió el tema del sexo y me explico sobre mi squirting de hace unas horas atrás o como lo llamo él, eyaculación femenina. Y así me quedo dormida, sintiendo su respiración en mi cabeza y escuchando su corazón en mi oído. A la mañana siguiente es una llamada la que me despierta, el sol está en un punto alto entrando por la pequeña ventana, me levanto frenética buscándo el estúpido aparato del infierno y lo consigo en la sala, tirado en el piso junto con mi bolso y nuestra ropa por todo el lugar. Lo agarro y veo las llamadas perdidas de Hamza, de Topo y de Gerald, son muchas y es extraño, ellos saben que si no puedo contestar esperan a que los llame. Le devuelvo la llamada a Hamza que fue una de las últimas llamadas y contesta casi de inmediato. —Buenos dias— se nota algo alterado —¿estas en el jet privado? —Buenos días para ti también. No, no estoy en el jet ¿porqué? —Entonces sigues en Brasil— dice pensativo —tenemos varios problemas, empezando porque no se a que hora Marco se escapó y no se desde cuando, nos dimos cuenta hoy en la mañana en el cambio de guardia. »Luego esta que vas tarde al viaje, son casi las tres de la tarde y no contestabas así que me preocupe por… Ustedes. —Estoy bien, me quede dormida, ayer me hicieron una fiesta de despedida y me acosté tarde— miento como una bellaca, cuando nos dormimos ya era las seis de la mañana. —Buscaré a Topo para que ubique a Marco. No entiendo porque no vio algo raro en las cámaras. —No hace falta, Marco llego en la madrugada, esta conmigo— digo tranquila. —OK algo resuelto. ¿Te lo llevaras a Japón?— pregunta curioso. —No debí dejarlo en España para empezar, así que sí. Será de mucha ayuda. —Buen viaje— es todo lo que dice y cuelga. Me quedo viendo el aparato un buen rato, hasta que aparece Marco solo con unos boxer puestos, lo veo agazapada en el suelo, cel en mano y todavía desnuda. —Nos vamos— murmuro levantándome. —¿A dónde?— observa mi aun desnudo cuerpo a la luz del día admirando mi tatuaje más grande. —Japón. —La Yakusa espera ¿no? —Sí, tengo cita con Akiro el jefe actual. Eso no puede esperar. —Yo espere seis meses, vamos— y me carga como un saco de papa a la habitación dejando mis ojos a la altura de su redondo y muy duro culo cubierto por sus bóxer. Magnífica vista si me preguntan, así estés de cabeza. La Yakuza tendrá que esperar una o dos horas más. Total ya voy tarde. Eso puede esperar, mi prometido quiere seguir la celebración de nuestro reencuentro y de nuestro compromiso. ¿Quién soy yo para decir que no? Aún más deseándole.
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