Después de un día tranquilo, por fin estoy volando a casa, no puedo evitar sentir mucho temor, me pongo los auriculares y dejo el reproductor sonar en aleatorio, me relajo un poco hasta que me quedo dormida, me despierta alguien para avisarme que ya aterrizamos, bajo del jet y llamo a mi madre para que venga a recogerme, al cabo de unos 30 minutos llega y nos vamos a casa. — ¿Cómo te está yendo allá? — pregunta sin quitar la vista del camino. — Muy bien má, ya compré una motocicleta, tengo un departamento y soy mesera en un café — sé cuál va a ser su reacción pero disfruto mucho molestarla. — ¿Cómo que te compraste una moto?, ¿acaso te volviste loca?, ¿por qué estás trabajando de mesera?, ¿no te dije que lo que necesitaras sólo tenías que decirme? — me va a dejar sorda, — Mamá, cálmate

